Es una
recurrente pregunta de las pruebas de literatura en los colegios que busca evaluar
la comprensión de un texto más allá de su relato: ¿Por qué cree usted que el
título de la obra es Variaciones Enigma?
Sin ánimo
de fomentar la haraganería de ningún escolar (esto no es un resumen, sino una
opinión, una crítica no especializada), partiría por decir que en la teoría
musical y según Wikipedia, una variación “Es una composición caracterizada por
contener un tema que se imita en otros subtemas o variaciones, los cuales
guardan el mismo patrón armónico del tema original, y cada parte se asocia
una con la otra. Difieren entre ellas los patrones melódicos y el tempo de
cada variación”. Esto, para continuar diciendo que las Variaciones Enigma
como obra musical existen y fueron compuestas por Edward Elgar en 1899
Pues bien,
esta es la historia de Paul (el tema musical) narrada en primera persona y dada
la intimidad del relato, diría primerísima, personalísima. El tema central de
la novela es el autoconocimiento sexual y emocional, y la forma en que
este muchacho italiano va viviendo sus relaciones interpersonales a medida que
se transita por los cuatro capítulos de la historia, que van desde los furtivos
e intempestivos primeros amores preadolescentes hasta aquellos en que la
soledad agudiza la inseguridad personal conforme pasan los años de la vida
adulta.
Se dice de las Variaciones Enigma de Elgar que a su historia le subyacía un
tema oculto, implícito a lo largo de la obra que nunca era abordado de manera
directa, lo que constituía el enigma. Por ello vengo en proponer
un desafío: pensemos que las Variaciones Enigma de Edward Elgar no existen o no
sabemos de ellas, o al leer el texto se nos pasaron porque en realidad en
historia del arte musical somos más bien ignorantes y contestemos la pregunta
del primer párrafo. Al menos yo comenzaría diciendo que la palabra Enigma,
a mi juicio, radica en su significado de "oculto",
"arcano", "desconocido" y en lo que la duda y la
incertidumbre de éstos producen al protagonista frente a la diversidad de
personalidades de las que se enamora, todas distintas, sin rasgos similares
entre sí.
Referir al "muchacho italiano" no está demás, si bien no es rebuscado
recurso de redacción ni tampoco un prejuicio, al leer la historia es posible
advertir el ímpetu apasionado de nuestro protagonista (que podríamos asociar a
la conjunción de la adolescencia, la testosterona y la identidad italiana)
quien al pasar los años y mudarse a Estados Unidos se permea de la cultura
anglosajona -esto sí puede ser un prejuicio- y comienza a adquirir una dualidad
disfrazada de "educación y buenos modales" donde no se dice todo lo
que se piensa, por cuanto queda para Paul un sinfín de interpretaciones que van
moldeándose a sus estados de ánimo. He aquí mi primera crítica. No sé si esta
característica pertenezca a la corriente literaria del autor, si es
intencionada o si la historia pierde rumbo y rellena páginas con las
inseguridades del protagonista, cuyas elucubraciones sobre las miradas, los
gestos, las palabras, las omisiones y hasta el tono de las palabras pueden
significar algo más de lo que son. Es esta una recurrida "técnica" de
alargue y de cumplir con las páginas exigidas por las editoriales, un exceso de
información que ni siquiera las psicologías de los personajes perdonan.
Otro espacio común de este título radica en el clisé de las cenas. Es de noche,
en cualquier capital del mundo, con música en vivo y en restaurantes de lujo o
en la casa de los amigos. Si esto no es un clisé, entonces no entiendo qué
fijación existe en reivindicar espacios de comida como hitos en la vida de los
personajes; es realmente necesario y vital declararse el amor o el desamor en
una cena, para qué llenar de tragos, comidas y café una escena en que no ocurre
nada más que la conversación de cinco frases de dos personajes cuyo único fin
es dar rienda suelta a la imaginación y psicología del protagonista si ello
puede reemplazarse por otros espacios más creativos. Que no olvide el autor que
leer produce hambre.
Justamente, y en contradicción con el punto anterior, felicito la idea de
autorizar a un club de tenis a ser algo más allá que un espacio meramente
funcional. En esta historia, la cancha de tenis y su camarín se construyen como
un lugar donde ocurren historias, allí los sentimientos, las pasiones y el
erotismo se desatan; espejos, duchas, redes, sets, pelotas, vapor y raquetas
son la escenografía de uno de los amores más intensos del protagonista; ese
amor que asemeja a la pelota de tenis cuando dependiendo del saque y la
respuesta del adversario puede ser un triunfo o una derrota.
Las locaciones donde ocurren los capítulos de Variaciones Enigma son Italia y
Estados Unidos. No logro imaginar por qué esas localidades mediterráneas donde
comienza la vida del protagonista y que entregan frescura al relato, de pronto
son cambiadas por la humedad, el frío y las ciudades-montgomeries de Estados
Unidos. Por gusto propio, hubiera preferido continuar con el relato en Italia o
más bien, que el autor hubiese desarrollado más los motivos de por qué Paul
migra a Estados Unidos, ya que a mi juicio, ése tránsito habría dotado a la
historia de nuevos personajes, relaciones y paisajes, salvando al lector
responsable de la nunca bien ponderada tarea de soportar relleno. Hay una
cantidad importante de años entre los doce y los que tiene cuando de pronto está
casado con Maud.
Destaco una construcción eficaz de los personajes, que aunque pocos, se
constituyen desde y para su relación con el protagonista. Qué importan los
primeros años de Manfred, los primeros amores de Maud o el devenir de Chloe si
ellos no son determinantes para conocer al protagonista o los acontecimientos
que dibujan, pintan y sellan Variaciones Enigma. De hecho, Paul es un hombre
inseguro y esa falta de confianza está bien contada, es creíble y las
acciones/omisiones de éste son consecuencia de ello; las personas inseguras
existen.
Hay sentimientos prístinos cuya redacción y tono permean las páginas y llegan
al corazón del lector. Asimismo, cabe notar la pluralidad en la narración
conforme al contexto que suponen las relaciones bisexuales del protagonista. Si
bien la novela es narrada por un hombre, cumple con el criterio de balance (que
por cierto inventé yo) respecto a que no sea un relato del todo masculino
o femenino, se lee un equilibrio en los puntos de vista, en las reacciones y en
las características de los personajes. Claramente hay tantas mujeres como
hombres en la historia cuyas presencias han de ser -a mi juicio- proporcionales
si los hechos se suceden en países con tanta diversidad como Estados Unidos e
Italia.
Dejando de lado esta mirada crítica de Variaciones Enigma, esta obra me gustó y
siento que la elegí guiado por una fuerza divina. Llegó a mis manos en un
momento muy preciso en que purgaba por perder mi sensibilidad y evitar
cualquier cosa que se pareciera a la humana sensación de amor. Aunque sigo
siendo alguien duro y más bien pragmático, reconocer mis inseguridades en las
del protagonista permitió que me dejase caer y rebotar en una superficie más
acolchada que del todo sólida y dura.