Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

lunes, 17 de julio de 2017

Adiós poesía

Cuando miro los años que han pasado y me encuentro con los amores de la juventud, puedo saber perfectamente si por esa causa escribí un poema, una expresión de desesperación y angustia. Cada verso era tan pensado y armado de forma tal que pudiera entregar la menor información posible y seguir viviendo en la comodidad de mi guarida, donde me refugié junto a los dolores, vergüenzas y frustraciones dada mi calidad de feo y desprovisto de todo sex appeal.

Amé y odié movido por la tiranía de mi inocencia y hormonas, rodeado de soledad y miedo. Y por ello, la poesía fue mi salida, desde que la escribí en un cuaderno que quemé hasta en mi querido blog. Antes de buscar a algún amigo o de enfrentar a los objetos de mi amor, preferí el encierro antes que el rechazo, un verso antes que la vergüenza.

Y no me arrepiento de haberlo hecho así, porque admitir mi derrota va contra mi propia esencia. Jugué y gané lo que no esperaba ganar. Suena mejor. Lo cierto, es que mi época de poeta refleja los momentos de dolores que me costaron mucho superar, porque nunca hubo terapia suficiente más que el tiempo; fueron los años en que experimenté con el amor, cuyos resultados fueron realmente decepcionantes. De pronto, empecé a escribir sin versos, en prosa, y palabra tras palabra me di cuenta de que ese sentimiento de esperanza ciega y corta que me inspiraba a crear rimas, no salió más. Se extinguió mi fe en la felicidad producto del amor de pareja, me di por vencido y me convencí de que “unos nacen pa queridos y otros para padecer”.

Me gusta la poesía, en todo caso, porque libera y explica, porque endulza lo atroz del amor en la melodía de una rima, pero perseverar en escribir de lo doloroso sólo aporta a esta noble rama literaria memorias que no merecen seguir viviendo, por dignidad y amor propio. En todo caso, no las borraré y las releeré para tomarlas de parámetro cuando crea que me volví a enamorar.

Adiós poesía, renuncio a ti y a la esperanza de ser amado con tal intensidad y lealtad como la que  merezco. Pero es mejor así, ni yo te contamino con mis sentimientos ordinarios, ni tú me torturas con el ahogo que me produce ser un derrotado. Hasta entiendo que nadie me ame ni se atreva a hacerlo porque ninguna esperanza vive más de veinticuatro horas en mi corazón autómata, por eso que ya no sufro, porque para mí, el amor dejó de valer la pena. 

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