Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

sábado, 22 de abril de 2017

Recreo en el 2007

Nunca había escrito ni hablado mucho sobre uno de mis diversos amores de adolescencia. Este amor adolescente era como un recreo dentro de tanto desastre liceano, y como recreo que fue, duró poco y terminó con el despegue de un avión hacia foráneo destino.

Él cantaba y sus ritmos preferidos claramente que no eran los míos, pero cuando lo veía en performance notaba cómo sus ojos y sentimientos se volcaban en mí, parecido a que fuera yo una fuente inagotable de su inspiración y pasión. En el liceo no nos juntábamos (nunca tuvimos ni siquiera una amistad) y con escasas oportunidades nos hablamos para saludarnos o emitir palabras con torpeza y tartamudeo.

Fue en ese aniversario de tercero medio cuando abrí mis ojos y empecé a notarlo con mayor interés porque su mirada me seguía, me buscaba… y como también buscaba yo alguien con quien hacer conexión, no tardé en descubrir que frente al micrófono y encima del escenario hasta debajo del agua se podían adivinar sus reales intenciones.

En una de las celebraciones por el triunfo que tuvimos los terceros medios en el aniversario del liceo, y bajo el contexto de mis intentos fallidos por integrarme al mundo de los chicos carreteros y adinerados, asistí a tomar algunas cervezas en las dunas de Copiapó y como protagonista de la celebración estaba él derrochando espíritu de ganador, de amigo y borracho. Quién sabe en qué momento me acerqué a él porque mediaba entre lo que iba a buscar (ni idea) y yo, hasta que en un santiamén me vi feliz encerrado dentro de la fuerza de sus brazos y el olor a cigarro de su chaqueta para el invierno. Hubiera dado hasta la última de mis esperanzas por que él no estuviera ebrio y su instinto de amor hubiera sido por completo sincero y valiente.

Natural e inevitable, el tiempo pasó desde que ya no supe nada más de él y año tras año, su imagen comenzó a esfumarse por lo que cuando me acordaba de él al mirar mi cédula de identidad, lo miraba en sus fotos de perfil de Facebook. Al menos se ve bien, saludable y contento, no como uno que se alimenta de recuerdos, de cuando éramos comparados por los profesores, odiosamente, de cuando iba caminando detrás de él al llegar al liceo escuchando en un MP3 “Como un lobo” de Miguel y Bimba Bosé y cantaba…”y como un lobo voy detrás de ti, paso a paso tu huella he de seguir…”.


Admito que se ve bien y que Dios ha tenido con él más preferencia que conmigo, porque pese a su alcoholismo y drogadicción sigue siendo apuesto y seductor como siempre, con las neuronas que queden, pero me gana en actitud, en pose, en plantearse. Y uno acá debajo de una calvicie imposible, en una oficina oscura y con la falda abrigada por la ternura de mi gato. 

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