Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

sábado, 14 de noviembre de 2015

Adiós al nido

Días atrás decidí poner fin a mi participación como Asesor Laboral del Programa Abriendo Caminos ejecutado por la Universidad de Atacama, luego de mucho pensarlo y poner en la balanza cientos de elementos que me tenían con el alma en un hilo. Por una parte, mi interés ha estado últimamente en dar a mi carrera de administrador público un cariz social y proyectarme en esa área, por otra, quisiera probar trabajar en un área algo más técnica y a veces desenvolverme más en el sector político o politológico.

Lo cierto es que uno de los tantos concursos a los que postulé, resultó, en el Servicio de Impuestos Internos para ser fiscalizador tributario. Cuando postulé lo hice para trabajar en Copiapó, pero cuando me llamaron para comunicarme acerca de mi selección me ofrecieron solamente Vallenar previa estadía de tres meses en Santiago en una capacitación. Ha sido una decisión demasiado difícil de tomar y desapegos demasiado fuertes que practicar en menos de dos semanas. Aún no logro despojarme de toda la pena  que me provoca decir adiós a uno de mis sueños profesionales que más quiero: trabajar en Copiapó para Copiapó.

La oferta es muy seductora, a mi breve experiencia profesional, inferior a un año, rechazar lo que se me pone en la mesa sería demasiado irresponsable. Me dará la oportunidad de explorar nuevas áreas de mi profesión, realizar sueños materiales, tener la estabilidad que un convenio de honorarios no puede ofrecer y aceptar un desafío que me hará crecer como administrador público.  Aunque lo anterior contempla una oportunidad caída del cielo, debo aclarar que esto tiene para mí un precio emocional demasiado alto, el cual he decidido pagar.


Me voy, dejo Copiapó por un buen tiempo, renuncio a mi sueño de ver crecer mi ciudad, de ver a la familia y al barrio todos los días. Lo que más me duele es dejar nuevamente a Leandro por tanto tiempo, nada hay como su cariño, sus abrazos, su sonrisa y el amor que siento por él. Creo que la vida me pone una prueba demasiado grande y que la pena me embarga cuando me imagino diciendo adiós arriba de un bus. Dios, dame la fuerza, dame el perdón que necesito al fallar a mi promesa de no dejar de lado jamás a Leandro, por no cumplir ni estar a la altura. Pero yo quiero también crecer, formar mi nido, solitario pero mío, para que un día Leandro pueda sentir orgullo de mí, mi coraje y esfuerzo. Recibo esta oportunidad con mucha gratitud, más gratitud que pena y quiero partir del nido, rezando, orando y pidiendo al universo que se alinee y así pueda recibir una llamada con la noticia de que en Copiapó hay un cupo para mí, que ya no es necesario irse a Vallenar. 

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