Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

sábado, 25 de agosto de 2012

De paseo en Freirina y el Valle del Huasco

Dedicado a los Rojas Alarcón por su inmensa hospitalidad y cariño.


Incluso soñé con que Ignacio me llamaba por celular para decirme que iría a almorzar a mi casa y que debíamos encontrarnos en la Biblioteca Pública de Copiapó a las 12 del día tal como lo previmos con anterioridad. Tanto fue mi sueño y cansancio que al abrir un ojo y antes de que fuera demasiado tarde lo llamé para avisarle que no iría a leer y que prefería que llegara directo a mi casa. Él me respondió que no me preocupara porque también tenía sueño y aún no se levantaba, que no olvidara que ese día o el siguiente nos íbamos de viaje a Freirina, su tierra. ¡Verdad! Me había invitado a conocer su casa y familia. Luego de almorzar nos dispusimos a ir al centro a comprar los pasajes. Viernes ocho de la noche y camino a Vallenar por dos horas para abordar el auto con que su hermano nos esperaba para ir a Freirina junto a su pareja Fernanda. 

Alrededor de las once de la noche nos dirigíamos de la ciudad de Vallenar hacia Freirina y en el camino Ignacio y Raúl, su hermano, me indicaban los lugares en que hubo barricadas y se quemó uno de los vehículos de la policía por los manifestantes que protestaban en contra de le fetidez que emanaba de las plantas de cerdos de la empresa Agrosúper. Hasta ese momento, para mí todo lo que me contaban se reducía a lo que oí en la radio o a las imágenes de la televisión, era de noche y no podía hacer mucho. Ni abrir las ventanas quisieron para evitar el desagradable hedor a chancho. Ya en casa conocí a los padres de mi anfitrión, aunque ya conocía a la tía Charo, había pasado años desde que no nos veíamos así que fue la segunda vez. Don Raúl me saludó con un abrazo: los quise de forma inmediata. Luego llegó Benjamín, el sobrino de Ignacio que rápido me preguntó: ¿Cómo se llama usted tío? ¿Usted sabe que el tío Nacho se va a casar con la tía Yako? Cuando volví a Copiapó ya tenía un sobrino y un lugar donde quedarme si es que volvía a esas tierras donde se junta el frío y el calor de Chile. Después de comer y tomar té supimos que Fernanda y Raúl irían a una reunión con sus amigos y amistosamente nos invitaron y amistosamente aceptamos ir, pese al sueño y cansancio. Al salir sentí el olor a chancho, pero conocí su real intensidad a los dos días venideros cuando dimensioné todos los kilómetros que debe viajar por el aire para llegar a las casas de manera penetrante. Afortunadamente no soy asquiento como para correr a vomitar, pero hay personas que sí lo son y que se afectan por este problema no sólo del ámbito de la dignidad, sino también de la salud. Entre otras cosas lo pasé muy bien con los amigos de Raúl y Fernanda, noche de karaokes, cueca y saya. 

Debido a la hora en que nos dormimos, alrededor de las seis de la mañana, despertamos a la hora de almuerzo. Me avergoncé de haber mostrado la hilacha tan rápido, pero qué se le iba a hacer, los Rojas Alarcón son pura comprensión. No recuerdo bien si fue en la noche en que llegué o a la hora del almuerzo en que conocí a mi nuevo tío, mi tío Papo, un caballero muy respetable y culto, agradable de quien jamás olvidaré cómo se tomó de un puro trago un pequeño vaso de pisco sin chistar y destilado. Eran los días de los Juegos Olímpicos en Londres y él sabía de todos los deportes, sus nombres y récords como quién se sabe cuántos días tiene cada mes. Luego de almorzar nos encaminamos al auto y partimos a conocer el Puerto de Huasco pasando por Huasco Bajo, hasta llegar a las inmediaciones de CAP y de la Termoeléctrica Guacolda que hace años viene contaminando el valle y a la población que no dista demasiado de allí. Ahí mismo un barco de Japón exportaba o importaba algo cuyo nombre ya no recuerdo.

En las imágenes de la izquierda se refleja parte del último párrafo en relato. Eso es lo que vive la población huasquina de forma diaria y la fauna marina yo puedo imaginarla muerta o casi inexistente debido al cambio de temperatura constante de las aguas cuando son devueltas al mar a altas temperaturas. De aprobarse el proyecto de Termoeléctrica Castilla este será el panorama para los habitantes del Valle de Copiapó que dicho sea de paso ya está desertificado y sin río.
Posterior a tan desalentador panorama cogimos rumbo hacia la caleta donde nos servimos una empanda de mariscos y otra de queso. Mucho frío y humedad a las seis de la tarde pero no fue suficiente para evitar las ganas de subir al faro y mirar el mar desde una altura vertiginosa; ya arriba me imaginaba y pensaba hacia donde caería el faro en caso de terremoto o fin de mundo, al cemento o al mar. De vuelta a casa la tía Charo nos esperaba con más empanadas de queso y fue de visita el niño Cocó y la niña Bárbara, amigos de Fernanda y Raúl con quienes compartí la noche anterior. En la mesa no entrampamos con fábulas, mitos, leyendas y penaduras entre las cuales oí una nueva versión de La Llorona y me enteré de la existencia de El Duende de la Campanilla que todos, a excepción mía, aseguraban haber visto. De mi parte hablé de La Llorona versión Copiapó y de las carretas, del burro que se alarga, del Alicanto y de experiencias paranormales propias e impropias. Qué día agradable aquél. Benjamín jugaba por mientras con su amigo Cristián. No estoy seguro pero creo haberme dormido temprano ese día en que el olor a cerdo se me hizo secundario.

Al siguiente día tomamos desayuno mientras nos  se cocinaban unas ricas lentejas a la hora de almuerzo. Don Raúl tenía la tarde libre, pero por mientras con mi sobrino Benjamín nos dedicamos a leer cuentos y enciclopedias, y por eso espero haber sembrado en él las ganas de aprender a leer. Hasta que estuvo listo el almuerzo de la tía Charo y no pude creer que Ignacio fuera tan mañoso para comer legumbres. Cuando va a mi casa de Copiapó come de lo que haya, todo y siempre dice que está rico. Mi mamá lo quiere, en realidad toda mi familia, incluso me retan cuando cocino comidas inventadas y le convido a Ignacio, pero él dice que está todo rico e incluso me pide la receta. Debe ser porque siempre le dije que en mi casa mi mamá se enojaba si rechazaban la comida, lo que es mentira, porque el que se enoja en esas ocasiones soy sólo yo. No es enojo en realidad, es otra cosa parecida a la reprobación. Finalizado este espacio de mi peor defecto, el egocentrismo, nos preparamos para ir a conocer más del Valle del Huasco y partimos con don Raúl, la tía Charo e Ignacio a conocer el centro de Freirina para después adentrarnos en los parajes que embellece el fenómeno del Desierto Florido atacameño con sus añañucas y cactus inmensos. Una vez atravesado el Río Huasco llegamos a la casa de la señora Mila, que vivía de sus animales y seguramente del aporte de algunos de sus hijos, era una casa rosada a la que no habíamos atinado a bajar, pero la curiosidad fue más fuerte. La fuimos a saludar a ella y su hija, una mujer de casi cuarenta años. Lo que más me sorprendió fueron sus numerosas y enormes gallinas; cuando vimos a la señora Mila, ella estaba preparándoles la comida e incluso me confundió con Raúl, qué grande está me dijo. De pronto llegó a nuestro lado un gato y creo que es el más hermoso que he visto alguna vez, un pelaje gatopardo que daba la impresión de ser un fondo plateado y rayas negras. No recuerdo su nombre, pero a veces la gente no les da nombre a sus animales, ¿para qué? si basta con decirles cuchito chuchito o hacerles sonar la comida de pellets y llegan. Terminada la visita donde la señora Mila nos dirigimos a conocer el sector en que la empresa Agrosúper instaló las plantas de producción y alimento de chanchos.Por el camino no había olor y todo era muy rural y conmovedor para alguien que se acostumbra a vivir en el cemento: caballos, vacas, riachuelos, canales, burros, etc. Nos detuvimos y bajamos en el Río Huasco a tomar fotografías mientras don Raúl bajaba a la ribera para cortar algunos berros y comerlos en la ensalada. Cuando nos adentramos camino a las plantas comenzó a emanar el olor a cerdo, pestilente y penetrante y a medida que nos acercábamos por el camino público nos seguían de más cerca una camioneta con guardias y vigilantes en su interior pensando que éramos periodistas. Cuando hablamos con funcionarios de manera amable, ellos se dirigieron a contarnos de lo decepcionado que estaban de la empresa que había prometido empleo local pero cada día llegaba un santiaguino más al sector. En noticias de hoy, oí por Radio Bío Bío que Agrosúper será quién pague y encargue un estudio para evaluar los avances en materia medioambiental y si se ha disminuido el impacto negativo del traslado de los chanchos a la zona, ¿pero qué estudio puede ser serio y gozar de validez si se da la figura de juez y parte? Creo que ninguno. El ministro de salud Jaime Mañalich ordenó a la firma llevarse los cerdos de la zona en seis meses y los habitantes ya están perdiendo la paciencia. Al retirarnos del lugar nos fuimos al área de Hacienda Atacama a visitar al Paisano, hermano de la tía Charo porque tenían que dejarle unos medicamentos para el tratamiento de su pierna. En la pieza del Paisano había otro gato: el Lulo. El sector debe caracterizarse por tener gatos bellos. El Lulo tenía un pelaje que era claro en la punta de cola y se iba oscureciendo hasta llegar a ser café oscuro en la punta de la nariz, un espectáculo de felino que además no era lobo ni arisco. Pero lo entretenido de Lulo es la historia de su nombre porque cuando llegó donde el Paisano creyó que era hembra y la llamó Lulú hasta el día que se encontró con la sorpresa de estar travistiendo al animal inconscientemente. Nos despedimos del Paisano y llegamos a la casa de la señora Eva. Estábamos todos ya un poco cansados, pero adivinen: ella también tenía gatos bellos y decidí que ese era un presagio de día de suerte. Cuando entramos ella nos saludó y corrió a poner la tetera a hervir para que tomáramos té junto a su esposo, conocido por su afición a criar caballos. Pero nos debíamos ir rápido por alguna razón. Debió ser que el chofer Ignacio ya estaba cansado de tanta vuelta y además hacía frío. Nos marchamos con la sensación de tener hambre. De vuelta en casa, don Raúl y la tía Charo prepararon los huevos frescos que nos había dado la señora Mila y tomamos té felices y contentos. Al otro día debía volver a Copiapó y la noche se me fue cantando y conversando con mi amigo Ignacio, los pasajes eran para las once de la mañana y a las nueve ya debía estar en pie. Nos dormimos cerca de las dos de la mañana. Ya en Vallenar dimos un breve paseo en auto hasta llegar al terminal en donde nos abordaron unas gitanas, el bus demoró en llegar y por mientras Ignacio se puso a conversar con ellas cuando un chofer de buses la instó a lavarle la cara a su niño -que a decir verdad estaba en pésimas condiciones higiénicas- en los baños lo cual fue contestado con un 'nos cortaron el agua paisa'. Llegó el bus y con él se terminaba mi estadía en el Valle del Huasco, un bello paraje que merece respeto y cuidado. No quería despedirme de mi amigo, pero era hora de emprender un nuevo viaje.


Vista al mar desde el faro
Gallinas de la señora Mila
Postal del faro de Huasco
Municipio de Freirina

Traslado de cerdos
Río Huasco
Antiguo estanque



Burros a medio camino

Caballos y atardecer
Ignacio Rojas





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