Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

miércoles, 17 de octubre de 2012

Nadie sabe para quién trabaja

Cada vez que oigo en los medios de comunicación o en los pocos círculos en que me muevo opiniones de ciudadanos chilenos respecto de la demanda en la Corte Internacional de La Haya que ha interpuesto Perú, me preocupo. Me preocupa la animosidad mutua de dos ciudadanías hermanas que han recibido a lo largo de la educación en las salas de clases y en sus familias un relato de la historia a base de prejuicios -entendidos como la ultrageneralización de un fenómeno ante la mínima experiencia- que defienden a sus Fuerzas Armadas y la sangre derramada como elementos sagrados de la vida nacional. 

En la madrugada de ayer en el programa radial El Trasnoche de Bio Bio se abrió la discusión del tema y se emitieron llamados al aire, la mayoría de ellos con palabras despectivas al referirse a la población peruana y boliviana. Me dolió sentir que muchos de mis compatriotas estarían dispuestos a asesinar a un vecino latinoamericano para defender a una patria tan mal correspondida como dijera Violeta Parra en Yo canto a la diferencia, "si quieren guerra la van a tener" fue lo más suave que oí, todo por la disputa del mar. En una aproximación mejor intencionada del panorama diría que el mar es de todos o que bien no pertenece a nadie. Sin embargo, las ciudadanías están asumiendo posiciones que en mi opinión no les corresponden ya que más allá del nulo ánimo de guerra que tienen ambos estados, quienes han llevado a Chile y Perú a sacar las garras por el mar son los grupos de poder económico instalados en los gobiernos. Son éstos quienes se están disputando a costa de la diplomacia latinoamericana y de la cooperación a nivel gubernamental y ciudadano, la explotación de un extenso espacio marino. No es que al Estado chileno y peruano les importe en demasía quién cobrará el mísero impuesto a la industria marítima, lo que está ocurriendo es que las élites apoderadas del poder institucional están usando la plataforma del Estado para defender intereses privados, aprovechándose de las rivalidades históricas e infundadas que se han levantado entre dos pueblos que deberían sentirse hermanos y por Dios que lo están logrando. En Perú han generado la legitimidad de su demanda y en Chile la legitimidad y sensación de justicia de que se debe defender con sangre un mar que fue obtenido con sangre, por mantener el honor de las Fuerzas Armadas y un montón de bravuconadas conjugables con la palabra gloria (a decir verdad las Fuerzas Armadas han mancillado por sí solas su mismo honor), incluso hablan de soberanía, a mi parecer una mera formalidad.

¡Cómo ha crecido el odio entre peruanos y chilenos! Basta ver un partido de fútbol entre ambos países y empaparse de chauvinismo y apuestas tan tontas como a quién le corresponderá el mar según los resultados del juego. El mar es de quien se baña en él y sólo en ese espacio, hacia adentro el sector privado ha delimitado las fronteras y más con la inminente Ley de Pesca en Chile o Ley Longeira: ni siquiera los pescadores artesanales tendrán lo que se han ganado por tradición. Debo reconocer que he hecho un análisis sin pruebas y también suponiendo que las fuerzas privadas que se disputan el mar son nacionales, pero habría que averiguar quién es el dueño último detrás de la disputa. Las transnacionales deben entrar al análisis. ¿Quién es el dueño mayoritario del capital entonces y en qué medida?

Sin duda, se llega a un panorama en que nadie sabe bien para quién trabaja. Al menos la ciudadanía está suponiendo mal y no es que yo esté reproduciendo un ideal bolivariano de la América unida, simplemente creo importante la necesidad de aclarar cuáles son las reales capacidades e intenciones del Estado con una soberanía tan pobre y corroída por la globalización. El Estado chileno y peruano ya no están representando los intereses de sus habitantes, sino el de una oligarquía o quizá de empresas transnacionales que tienen muy  poco de latinoamericanas . Dentro de todo y bajo la premisa fundamental de que podría ser peor, así las cosas, si los Estados respecto de sus relaciones exteriores representaran a su ciudadanía lo más probable es que una guerra sin fundamentos ya se hubiese generado. No obstante, las oligarquías requieren un escenario de paz para realizar sus transacciones económicas por lo que jamás habrían impulsado un enfrentamiento bélico con costos tan tremendos para el consumo y la producción. La paz es un aspecto clave de la economía liberal. 

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