Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

jueves, 19 de julio de 2012

Se ha caído el muro

Me armé de valor para decir lo que sigue. Hoy tomé la decisión de escribir el fin a la utopía, al anquilosamiento de mi misión imposible. Habría costado menos si mi papá no se hubiera bebido la última lata de cerveza que quedaba en el refrigerador o me hubiera ofrecido un cigarro, pero es mejor así: la sonajera de tripas me lo prohíbe; prefiero perder este amor que mi intestino, al fin y al cabo este es el punto más crítico de todos porque me quiero tanto y más de lo que había creído. Se debe tener coraje para concluir con la frente en alto esta idea de melodrama inventado. Se va Matías, si lo quisieron o lo odiaron, laméntenlo o celébrenlo por vez última; mi deseo legítimo y superior de bienestar permeó las largas ganas de concreción. Por más que quise, la vida no es justa y uno no siempre tiene lo que cree merecer. 

Ya no habrá más de sus maneras irresistibles ni de su cortesía intachable. Sólo va a quedar una experiencia rica en conocimiento de cómo no se hacen las cosas y de las cosas que un tipo impaciente no debería hacer. Tampoco seguiré forzando mi imaginación para aumentar o crear cualidades que Matías no tiene ni tendría, en que modelaba tiernos escenarios y finales inconclusos pero con el comienzo del próximo episodio totalmente maquinado. Él seguirá siendo un hombre feliz y pleno como la ha sido hasta ahora en la vida real, su idea y realidad dentro de este blog se morirán y sin embargo yo lo seguiré queriendo y extrañando igualmente, dentro de lo posible y límites autoestablecidos, de manera decreciente. Seguramente albergaré el mismo sentimiento de impotencia mientras por algunos meses Matías siga alojando en mis sueños, porque de eso sé bien y no podré hacer mucho, pero se nos va y debemos aceptarlo tanto como al amor inmenso que no sabía tenía por mí, un egocentrismo profundo. 

Tengo miedo a terminar como El niño que enloqueció de amor y a ese sentimiento de ser foco de lástima. Es verdad que nadie me provocó, que yo empecé todo queriendo ser un envalentonado y jugar a la ficción, pero como en todo juego tenía el cincuenta por ciento de las probabilidades de fracasar y perdí, ahora quedan las canciones, los poemas y las cartas que jamás me habría atrevido a enviar. 

Es por eso, Matías, que si alguna vez accedes a estos trozos de divagación y te das cuenta de esta realidad, que no alcanzó a serte siquiera paralela, sabe que te quise con un cariño diáfano y con las mejores intenciones, pero quizá el arroz con leche no era suficiente, las diferencias eran más grandes que mis expectativas, un beso no hizo el verano que quise, el amor propio primó o quizá el miedo a ser derrotado por una invención, nuestros nombres no eran compatibles o bien nuestros cumpleaños. Hay tantas hipótesis y ninguna con relevante significancia. Ha sido un honor, pero más que todo un temor. Nadie merece vivir así.

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