Siempre que vuelvo de lejos y de varios días me encuentro con tu mirada, que no se resiste a buscarme. Ella me escudriña en los ojos no sé qué información, querrá saber si soy el mismo, si aún te pertenezco, si se apagó la luz que me solía encender el saber que estabas por ahí cerquita de mí.
¡Ay, qué mala manera de comunicarnos! Porque te lo diría todo con tal de dejarte tranquilo y decirte que en las noches aún me es posible imaginarte al lado. Pero yo no quiero que me hablen tus ojos, no me interesan porque ellos no tienen voz para pronunciar mi nombre ni labios para besar los míos.