Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

miércoles, 8 de febrero de 2012

La extrañamos doctora Cameron



Estaba en la cocina y ya pensaba ciertas formas de comenzar esta nueva entrada al blog Sol de Mediodía / Midday sun. Siempre que hago eso creo frases geniales, pero al sentarme a escribir descubro que las he olvidado. Al menos el título se me ocurrió en la mañana y se quedó en mi cabeza. Creo que iba a empezar con algo como... 
Al fin llegué a la octava temporada de House M.D. y nunca sentí tanto la ausencia de un personaje como el de la doctora Allison Cameron luego de su salida en la sexta temporada de la serie. Y lo digo pues siento que al ver los primeros capítulos de la temporada ocho en que no hallo por lado alguno a Taub, Chase, Hadley o a Cuddy el espacio que dejó Cameron aún no se puede llenar; hasta su ex marido anda de cama en cama sin encontrar alguien con quien complementar su existencia. De no ser por Foreman ya nadie pondría al nunca bien ponderado Gregory en su lugar, a pesar de que siempre se sale con las suyas. 
Sé que Cuddy no volverá, en la séptima temporada le tomé cariño a esta directora del hospital Princeton-Plainsboro reflejo del paradigma de la mujer libre del siglo XXI, no obstante, la salida de la serie de Lisa Edelstein fue tan anunciada como su irrevocable postura de no volver por más dinero. La audiencia se resignó de antes. No volvió y se la extraña; Foreman es algo débil como director (sólo he visto hasta Charity Case) y sigue siendo hasta el momento un discípulo de las maestrías houssianas. Todos y todas esperábamos que Cuddy saldara cuentas con House, que le diera un tiro en su pierna defectuosa o que lo llevase a juicio, pero son cosas en que la realidad pesó más que la ficción. Se fue y no volverá. En contraste, la salida de mi favorita doctora Cameron fue algo difusa, blurry, no hubo claridad de si sus apariciones sería en episodios específicos o si continuaba en la siguiente temporada. Ni la prensa hollywoodense sabía cuáles serían las jugadas de Fox hasta que en la séptima temporada ya no se vio más el nombre de Jennifer Morrison en los créditos. Era el fin de uno de los personajes que más enriquecían la serie según mi punto de vista, o más bien, era el personaje que entregaba lo que yo espero de una buena serie. Se iba la doctora que cuestionaba las decisiones técnicas y maquiavelianas de su jefe con argumentos morales, la que lloraba la muerte de sus pacientes, la que no presumió jamás de su calidad médica, la elegida por Cuddy para reemplazarla, casada-viuda-casada-divorciada, tan distinta de Hadley y Cuddy (para qué decir de Amber), la que perdonó al áspero Foreman luego de que le robara su artículo y lo trató de amigo a pesar de las malas respuestas del actual director de Princeton-Plainsboro, etcétera (ella sí era un largo etcétera).
No creo -es más, me niego- a que hubiese cumplido el fin de su ciclo en la serie. Yo, abiertamente, la extraño y aún espero que vuelva y que vuelva a dirigir el hospital (ni más ni menos). Si es que se cumple la profecía del fin de House M.D. espero un final con Cameron incluida. Incluso con la resurrección de Kutner y Amber.




Nota: de los hombres mi personaje favorito es Wilson. En otra ocasión escribiré de los aspectos de su bondad y amistad de hierro. A estos temas debería dedicarse la prensa farandulera de Chile, a éstos.

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