Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

lunes, 14 de septiembre de 2015

Querido Leandro

Querido Leandro:

La semana que comienza estaré de vacaciones de Fiestas Patrias y con ello podré hacer cosas cuyo tiempo el trabajo me priva. Debo comenzar a estudiar los estatutos de Revolución Democrática, salir al supermercado a comprar mercadería, ir  a la feria, descansar, verte si estás en la casa de Santa Elvira y sólo si estás de buen humor, jugar contigo.

Antes de todo aquello, quiero hacer algo que no he hecho desde hace mucho tiempo: escribir en mi blog. Te dedico esta entrada con el único propósito de que la puedas leer apenas sepas hacerlo. Por ahora sólo tienes dos años y tres meses. El objetivo es que no dudes jamás de mi cariño hacia ti, que es único y genuino. Yo no soy padre y no me imagino cómo es serlo, pero tú eres una aproximación a ello que me llena de instinto y de amor. Probablemente, nunca me transforme en tu padrino que es algo que deseo tanto, acercarte a Dios, a la Virgen de la Candelaria, enseñarte a rezar… acompañarte siempre. Siento que me pierdo en la estructura de este escrito porque todas las cosas que quisiera contarte se cruzan y no terminan nunca de ser del todo procesadas por mi cerebro.
Como es difícil que vayamos por partes, iré por puntos.
  • Estoy escuchando un concierto de Justin Timberlake, mi artista favorito de la semana. Todo lo genuino, lo original tiene un sello que a mí me llama. En cambio, el arte robado y forzado dura el momento que uno lo experimenta. Ojalá en tu juventud puedas escucharlo, aprender inglés para que conversemos en otro idioma, o bien italiano puesto que ya he comenzado algunas clases desde mi calidad de autodidacta.
  • Hay algo que me conflictúa permanentemente, y es que a veces, por tu instinto de niño de dos años me llamas “papá” o me identificas como tal, a lo cual no le encuentro pecado ni problema alguno y sé que a Carlos, tu padre, mucho menos. Pero me siento culpable de lo que ello pudiera generar en otras personas como Sylvia o Gabriela, a quienes no les causa gracia. En realidad, ellas quieren que no te confundas, pero qué le vamos a hacer, eres un niño al que adoro y mi deber como padrino clandestino es protegerte y mimarte, sin importar si me quieres llamar Diego, padrino, tío o como quieras, porque sé que cuando seas un poco más grande tendrás claro quién es tu padre. Madre y padre hay uno solo.
  • En mi casa preguntan por qué te quiero y consiento tanto. Yo no lo sé. Trataré de buscar ahora alguna explicación. Creo que lo que nosotros tenemos es apego, me reconoces como un ser protector ante la amenaza, confías en mí, yo te enseño muchas cosas como por ejemplo a contar cuando te pido que me eches endulzante al té contando quince gotitas o cuando contamos los días del calendario. También te enseñé a distinguir chico de grande, abajo y arriba (cuando señalabas arriba, subías tus brazos y dejabas tus axilas descubiertas, a las que hacía cosquillas). Te enseñé a decir tu nombre, pero con el tiempo lo olvidaste porque nadie te reforzó. Te enseñé la onomatopeya del lobo y de las palomas, a decir pez y las señas de la tortuga. En el primer pipí y en la primera caquita estuve presente. Fui testigo de tus primeros pasos. Sufrí cuando te enfermaste y recé para que te mejoraras. Cantamos juntos tantas veces, vimos los vídeos del Pollito Pío Pío hasta dormirnos, te mudé y te hice dormir en mis brazos, lo cual es la mejor experiencia de amor y ternura. Un día me puse a bailar delante de ti y comenzaste a imitarme, aprendiste a bailar. Cada vez que tuve que volver a Santiago a estudiar me dolía el estómago pensando en todo el tiempo que pasaría sin vernos. Tantos episodios que si pudiera escribirlos y mencionarlos, probablemente no terminaría. Son muchas las enseñanzas y conocimientos que quiero transmitirte, pero más me importa que aprendas de ternura, de compasión, que nazca de ti el deseo de tomar un niño o niña en brazos para mecerlo y quererlo como yo he hecho contigo.
  • Estoy momentáneamente molesto con tu mamá. Te compré una camisa preciosa, bella con motivos marineros. Te quedaba grande, es verdad, pero había que esperar a que crecieras para ponértela. Ella decidió cambiarla por una polera manga larga horrorosa. ¡Cómo! ¡Qué insulto más grande al buen gusto, al estilo, a estar in! (Así soy yo… exagero mis posturas muy a menudo).
  • También soy muy celoso, no lo demuestro, pero no soy envidioso. Ojo. No confundir.
  • No soporto la envidia, me alejo de la gente envidiosa porque pueden ser muy dañinas. Ojalá sigas este consejo.
  • Nunca sientas que nadie te quiere. Yo te amo con el alma. Cuando te sientas triste, recurre a esta carta del pasado y siente los abrazos y besos de tu padrino desde donde sea que esté. 
  • Las puertas de mi casa siempre estarán abiertas para recibirte.
  • No dejes nunca de quererme, de visitarme o recordarme.
  • Nos quedan millones de cosas por vivir, tus primeras veces que ya han comenzado.
  • Te amo con virtudes y defectos, más allá de la sangre, los apellidos y del tiempo.

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