Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

miércoles, 15 de enero de 2014

Profecía por Rafael de León

Me lo dijeron ayer
las lenguas de doble filo
que te casaste hace un mes...
Y me quedé tan tranquilo.
Otro cualquiera, en mi caso,
se hubiera echado a llorar;
yo, cruzándome de brazos,
dije que me daba igual.
Nada de pegarme un tiro,
ni enredarme a maldiciones,
ni apedrear con suspiros
los vidrios de tus balcones.
¿Que te has casao? ¡Buena suerte!
Vive cien años contenta
y a la hora de tu muerte
Dios no te lo tenga en cuenta.
Que si al pie de los altares
mi nombre se te borró,
por la gloria de mi madre
que no te guardo rencor,
porque sin ser tu marido
ni tu novio, ni tu amante,
yo soy quien más te ha querido:
¡con eso tienes bastante!

-¿Qué tiene el niño, Malena?
Anda como trastornao;
le encuentro cara de pena
y el colorcillo quebrao.
Y ya no juega a la tropa,
ni tira piedras al río,
ni se destroza la ropa
subiéndose a coger nidos.
¿No te parece a ti extraño?
¿No es una cosa muy rara
que un chaval de doce años
lleve tan triste la cara?
Mira que soy perro viejo,
y estás demasiado tranquila.
¿Quieres que te dé un consejo?
Vigila, mujer, vigila...
Y fueron dos centinelas
los ojillos de mi madre.
-Cuando sale de la escuela
se va pa los olivares.
-¿Y qué busca allí?
-Una niña:
tendrá el mismo tiempo que él.
José Miguel, no le riñas,
que está empezando a querer.
Mi padre encendió un pitillo,
se enteró bien de tu nombre,
y te compró unos zarcillos,
y a mí, un pantalón de hombre.
Yo no te dije "te adoro",
pero amarré a tu balcón
mi lazo de seda y oro
de mi primera comunión.
Y tú, fina y orgullosa,
me ofreciste en recompensa
dos cintas de color de rosa
que engalanaba  tus trenzas.
-Voy a misa con mis primos.
-Bueno; te veré en la ermita..
¡Y que serios nos pusimos
al darnos agua bendita!
Mas, luego, en el campanario,
cuando rompimos a hablar:
dice mi tía Rosario
que la cigüeña es sagrá...
Y el colorín y la fuente,
y las flores, y el roció,
y aquel torito valiente
que está bebiendo en el río.
Y el  bronce de esta campana,
y el romero de los montes,
y aquella raya lejana
que le llaman horizonte.
¡Todo es sagrao! Tierra y cielo,
porque too lo hizo Dios.
-¿Qué te gusta más?
-Tu pelo.
¡Qué bonito te salió!
Pues, y tu boca, y tus brazos,
y tus manos redonditas,
y tus pies, fingiendo el paso
de las palomas zuritas.
Con la blancura de un copo
de nieve te compraré.
Te revestí de piropos
de la cabeza a los pies.
A la vuelta te hice un ramo
de pitiminí precioso,
y luego nos retratamos
en el agüita del pozo.
Y hablando de estas pamplinas
que inventan las criaturas,
llegamos hasta tu esquina
cogidos de la cintura.
Yo te pregunté;
¿En qué piensas?
Tú dijiste:
-En darte un beso.
Y yo sentí una vergüenza
que me caló hasta los huesos.
De noche, muertos de luna,
nos vimos en la ventana.
-Mi hermanito está en la cuna;
le estoy cantando la nana.
"Quítate de la esquina,
chiquillo loco,
que mi padre no te quiere
ni yo tampoco".
Y mientras que tú cantabas,
yo inocente, me pensé
que la nana nos casaba
como a marido mujer.
¡Pamplinas, figuraciones
que se inventan los chavales!
Después la vida se impone:
tanto tienes, tanto vales...
Por eso yo, al enterarme 
que estabas un mes casá,
no dije que iba a matarme
si no... ¡que me daba iguá!
Mas, como es rico tu dueño,
te brindo esta profecía:
tú, cada noche, entre sueños,
soñarás que me querías,
y recordarás la tarde
que tu boca me besó,
y te llamarás ¡cobarde!
como te lo llamo yo.
Y verás, sueña que sueña,
que me morí siendo chico
y se llevó una cigüeña 
mi corazón en el pico...
Pensarás: No es cierto nada;
yo sé lo que estoy soñando.
Pero allá en la madrugada
te despertarás soñando.
Pero allá en la madrugada
te despertarás llorando
por el que no es tu marío
ni tu novio, ni tu amante,
sino... ¡el que más te ha querío!
¡con eso tienes bastante!

La casada infiel por Federico García Lorca

Y que yo me la llevé al río 
creyendo que era mozuela, 
pero tenía marido. 

Fue la noche de Santiago 
y casi por compromiso. 
Se apagaron los faroles 
y se encendieron los grillos. 
En las últimas esquinas 
toqué sus pechos dormidos, 
y se me abrieron de pronto 
como ramos de jacintos. 
El almidón de su enagua 
me sonaba en el oído, 
como una pieza de seda 
rasgada por diez cuchillos. 
Sin luz de plata en sus copas 
los árboles han crecido, 
y un horizonte de perros 
ladra muy lejos del río. 


Pasadas las zarzamoras, 
los juncos y los espinos, 
bajo su mata de pelo 
hice un hoyo sobre el limo. 
Yo me quité la corbata. 
Ella se quitó el vestido. 
Yo el cinturón con revólver. 
Ella sus cuatro corpiños. 
Ni nardos ni caracolas 
tienen el cutis tan fino, 
ni los cristales con luna 
relumbran con ese brillo. 
Sus muslos se me escapaban 
como peces sorprendidos, 
la mitad llenos de lumbre, 
la mitad llenos de frío. 
Aquella noche corrí 
el mejor de los caminos, 
montado en potra de nácar 
sin bridas y sin estribos. 
No quiero decir, por hombre, 
las cosas que ella me dijo. 
La luz del entendimiento 
me hace ser muy comedido. 
Sucia de besos y arena 
yo me la llevé del río. 
Con el aire se batían 
las espadas de los lirios. 

Me porté como quien soy. 
Como un gitano legítimo. 
Le regalé un costurero 
grande de raso pajizo, 
y no quise enamorarme 
porque teniendo marido 
me dijo que era mozuela 
cuando la llevaba al río.

Déjame que te quiera por María Cristina Menares

Déjame que te quiera
así, calladamente,
sin ansias, sin palabras,
sin inquietud,
como humo que muere
en el azul. 
Como una melodía
que se olvida.
Sin risas estridentes
de alegría,
sin llanto quejumbroso
en el dolor.
Quieta, ahogadamente,
sin voz.
Que sea mi ternura 
como el eco
de dos alas que vuelan
a lo lejos.
Como sombra perdida
en el confín.
Déjame que te quiera 
silenciosamente.
Sin ansias, sin palabras, 
¡así!

Adolescencia por Juan Ramón Jiménez

Aquella tarde, al decirle
yo que me iba del pueblo,
me miró triste -¡qué dulce!-,
vagamente sonriendo.
Me dijo: -¿Por qué te vas?
Le dije: -Porque el silencio 
de estos valles me amortaja
como si estuviera muerto.
-¿Por qué te vas? -He sentido
que quiere gritar mi pecho,
y en estos valles callados
quiero gritar y no puedo. 
Y me dijo: -¿A dónde vas?
Y le dije: -Adonde el cielo
esté más alto y no brillen
sobre mí tantos luceros.
Hundió su mirada negra
allá en los valles desiertos,
y se quedó muda y triste,
vagamente sonriendo.

Súplica por Félix Armando Núñez

¡Déjame que te quiera!
Estoy solo y volvió la primavera.
¡Déjame que te quiera!
Mi amor no es la dulzura esperanzada
del huerto en primavera.
Mi amor no espera nada.
¡Déjame que te quiera!
Yo tengo la dulzura fatigada
del árbol que en otoño sólo espera
entregar su cosecha perfumada 
para morir soñando ¡Déjame que te quiera!
No podrías amarme. Eres retoño
de nuevas primaveras,
y mi vida es un lánguido otoño;
¡déjame que te quiera como quieras!

Lied por Rafael Alberto Arrieta

Éramos tres hermanas. Dijo una:
"Vendrá el amor con la primera estrella..."
Vino la muerte y nos dejó sin ella.
Éramos dos hermanas. Me decía:
"Vendrá la muerte y quedarás tú sola..."
Pero el amor llevola.
Yo clamaba, yo clamo: "¡Amor o muerte!
¡Amor o muerte quiero!"
Y todavía espero...

Canción por Juan Guzmán Cruchaga

Alma, no me digas nada,
que para tu voz dormida
ya está mi puerta cerrada.
Una lámpara encendida
esperó toda la vida 
tu llegada. 
Hoy la hallarás extinguida.
Los fríos de la otoñada
penetraron por la herida
de la ventana entornada.
Mi lámpara, estremecida,
dio una inmensa llamarada.
Hoy la hallarás extinguida.
Alma no me digas nada,
que para tu voz dormida
ya está mi puerta cerrada.

jueves, 2 de enero de 2014

El albertío por Violeta Parra

Yo no sé por qué mi Dios 
le regala con largueza 
sombrero con tanta cinta 
a quien no tiene cabeza. 

Adónde va el buey que no are, 
responde con prontitud, 
si no tenís la contesta 
prepárate el ataúd. 

Vale más en este mundo 
ser limpio de sentimientos, 
muchos van de ropas blancas 
y Dios me libre por dentro. 

Yo te di mi corazón, 
devuélvemelo enseguida, 
a tiempo me he dado cuenta 
que vos no lo merecías. 

Hay que medir el silencio, 
hay que medir las palabras, 
sin quedarse ni pasarse 
medio a medio de la raya. 

Yo suspiro por un Pedro, 
cómo no he de suspirar, 
si me ha entregado la llave 
de todo lo celestial. 

Y vos me diste el secreto 
de chapa sin cerradura, 
como quien dice la llave 
del tarro de la basura. 

Déjate de corcoveos, 
que no nací pa' jinetes, 
me sobran los Valentinos, 
los Gardeles y Negretes. 

Al pasito por las piedras 
cuidado con los juanetes, 
que aquí no ha nacido nadie 
con una estrella en la frente. 

Discreto, fino y sencillo 
son joyas resplandecientes 
con las que el hombre que es hombre 
se luce decentemente. 

Alberto dijo me llamo, 
contesto lindo sonido, 
mas para llamarse Alberto 
hay que ser bien "albertío".

Resumen noticioso

Si fuera otra persona no volvería a entrar a este blog. Toda agenda personal es cíclica: esta soledad me tiene hablando las mismas cosas cada cierto tiempo con los mismos amores, los mismos miedos y el mismo odio de siempre contra el mundo, contra la héteronorma y la homofobia. ¿Qué culpa tendrá ella de querer a quien yo quería con cariño sincero? Pero me molesta igual, me invaden los celos y una ira de digno despechado. 

Y esta cabeza calva, cada día más calva no me deja en paz, me atormenta, me persigue. Mi fealdad me angustia e inquieta porque es eterna y aunque la olvidara cien saldrían y salen a mi camino a recordarla. Después me preguntan que qué me pasa, qué porque tengo esa cara... además me juzgan por ser feo. Lo aceptaría si me lo mereciera pero no tengo velas en este entierro de la injusticia, de la gente fea.

Porque no soy rubio ni tengo los ojos azules, porque mi atributo es la ternura y el esfuerzo, porque ni siquiera egreso y ya todos se hacen planes con mi sueldo y una carrera que todavía no tengo, porque siempre tengo que escuchar "sorry no eres mi tipo", porque me dicen Dieguito, porque piensan que siempre tengo que decir que sí, porque creen que mi paciencia es eterna como la muerte, porque no saben que le tengo miedo a morir y quiero vivir para siempre y no sentir la inclemencia del tiempo perdido, porque ya va a llegar la mujer ¡la mujer!, todo a su tiempo y porque creo que todas ese montón de frase armada vale callampa (con todo el respeto que le tengo a las callampas que le echo a los fideos con salsa).

Tengo rabia de que todos se anden fijando en los pasos que doy porque les causó curiosidad de que nunca le hayamos visto una polola pues Dieguito, a su edad. Y porque si no me prestan atención igual me molesto y me da más rabia. En esta noche me siento tonto y carente de estrategia y frialdad, me pasó por andar leyendo horóscopos y ver bondad en los ojos de los demás, me pasó por confiar, por dejar todo a la suerte, cosa que claramente no tengo. Suerte tienen otros, sus amigos, aquellos que trabajan con ella, haciendo apuestas, jugando a la lotería y la imploran y la llaman, pero yo siempre he sido enseñado a que la suerte no existe, que existe el éxito y depende del esfuerzo, de la perseverancia... que basura de discurso, que frustrante la brecha de lo ideal y lo real. 

Hablando al Padre por Gabriela Mistral

Padre: has de oír
este decir
que se me abre en los labios como flor...
Te llamaré
Padre, porque
la palabra me sabe a más amor.

Tuya me sé
pues que miré
en mi carne prendido tu fulgor.
Me has de ayudar
a caminar,
sin deshojar mi rosa de esplendor.

Me has de ayudar 
a alimentar
como una llama azul mi juventud,
sin material
basto y carnal:
¡con olorosos leños de virtud!

Por cuanto soy
gracias te doy:
porque me abren los cielos su joyel,
me canta el mar
y echa el pomar
para mis labios en sus pomas miel. 

Porque me das, 
Padre, en la faz
la gracia de la nieve recibir
y por el ver
la tarde arder:
¡por el encantamiento de existir!

Por el tener 
más que otro ser
capacidad de amor y de emoción
y el anhelar
y el alcanzar, 
ir poniendo en la vida perfección.

Padre, para ir 
por el vivir,
dame tu mano suave y tu amistad,
pues, te diré,
sola no sé
ir rectamente hacia tu claridad.

Dame el saber 
de cada ser
a la huerta llamar con suavidad,
llevarle el don,
mi corazón,
¡y nevarle de lirios su heredad!

Dame el pensar
en Ti al rodar
herida en medio del camino. Así
no llamaré,
recordaré
el vendador sutil que alienta en Ti.

Tras el vivir,
dame el dormir
con los que aquí anudaste a mi querer.
Dé tu arrullar
hondo el soñar.
¡Hogar dentro de Ti nos has de hacer!

domingo, 8 de diciembre de 2013

Soneto LXVI por Pablo Neruda

No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.

Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego. 

Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero, 
robándome la llave del sosiego.

En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.

sábado, 23 de noviembre de 2013

El padre

Nació su hija, pequeña, bendita, ojalá que haya sacado sus ojos y la alegría con que subía a recorrer los cerros de Copiapó. Hace tanto tiempo que no me acordaba de este amor viejo, escondido y olvidado por el smog de Santiago, por los años y el cemento. 

Los años han pasado y no en vano, él ya es padre, yo no. Nos perdonamos, nos sinceramos al punto de que podemos saludarnos sin problemas en la calle. De todas formas en un par de veces nos hemos evitado. ¡Ay!, no me hace bien recordar porque soy mal perdedor.

Tengo una alegría por él, por su alegría misma pero a la vez siento melancolía al nivel de De la ausencia y de ti. 



Ahora sólo me queda buscarme de amante la respiración
no mirar a los mapas, seguir en mí mismo, no andar ciertas calles,
olvidar que fue mío una vez cierto libro o hacer la canción
y decirte que todo está igual, la ciudad, los amigos, el mar,
esperando por ti, esperando por ti. 

Sigo yendo a Teté semana por semana, ¿te acuerdas de allá?
Hoy hablo de fusiles despidiendo muertos.
Yo sé que ella me ama, es por eso tal vez que te siento en su sala
aunque ahora no estás. Y se siente en la conversación
o será que tengo la impresión de la ausencia y de ti, 
de la ausencia y de ti.

No quisiera un fracaso en el sabio delito que es recordar,
ni en el inevitable defecto que es la nostalgia de cosas
pequeñas y tontas como en el tumulto pisarte los pies
y reír y reír y reír madrugadas sin ir a dormir, 
sí, es distinto sin ti, muy distinto sin ti.

Las ideas son balas hoy día 
y no puedo usar balas por ti.
hoy quisiera ser viejo y muy sabio 
y poderte decir lo que aquí no he podido decirte
hablar como un árbol con mi sombra hacia ti,
 como un libro salvado del mar,
como un muerto que aprende a besar, 
para ti, para ti. 
Para ti, para ti.

viernes, 22 de noviembre de 2013

En agenda, hablemos de Horvath y otros

Creo que no existe amante de la politología, opinología política, ensayismo y columnismo que sea capaz de abstenerse de emitir posturas en un ambiente sobrepermeado de elecciones concurrentes. Al menos yo no puedo, incluso sin ser nada más que un ciudadano de a pie. 

Antes de argüir palabra alguna, permitan salirme de padres, hermanas, hermanos, madres, perros y gatas: ya no me está agradando el tono de ciertos compañeros de carrera (amigos, ¿por qué no?) que se espantan de que no quiera beber cerveza en la universidad. Varios de los que me conocen saben que repruebo esa conducta con el alma, ir a beber y emborracharse a nuestra Escuela de Gobierno y Gestión Pública es repudiable insulto a la generación de conocimiento y su difusión a las juveniles almas que desean aprender indistintamente de si es viernes, sábado en la noche o lunes en la mañana. 

Me tildan de serio, de amargado porque leo los diarios que hay disponibles en biblioteca, porque prefiero beber una taza de té antes que gastar dinero en una lata de cerveza. Creerán seguramente que son dueños de mi boca, de mis actos y que me dejaré intimidar e influenciar por sus arengas de "jóvenes", de "machos", de "winners" y tanto auto-halago. He observado también como a otros, un poco menos fuertes de carácter, prácticamente le empipan los centímetros cúbicos de cebada etílica. Lamentable. No importa que me digan abuelo porque me tomo una taza de té verde, yo decido cuando beber alcohol y cuando no, hacerlo en la universidad no está en mis planes. Imaginen cómo atacan cuando me opongo al consumo de marihuana.

Catarsis hecha. Hoy nos enfrentamos a un clima electoral cual año de la serpiente, cambiante, sinuoso. Los que hasta el 16 de noviembre renegaban de la Nueva Mayoría, la criticaban y decían que no había por donde acercarse, llegan de alguna manera u otra a sumarse a una de las dos candidaturas que lograron acceder a la segunda vuelta -repudio al término balotaje-, Michelle Bachelet o Evelyn Matthei. Pero en honor a la verdad todos se acercan a la ganadora y se alejan de Matthei. 

El primero de la lista es Franco Parisi, quien en el momento que reconoce su derrota hace el primero y más grande gesto de todos al calificar a Michelle Bachelet de dama y a Matthei de mala. Días después entrará en escena su jefe programático y Senador por Renovación Nacional, Antonio Horvath, díscolo evidentemente, que sin mayores problemas llegará a tener una reunión con la misma Michelle Bachelet a su comando, demorará cerca de una hora en la conversación y saldrá pronto a hablar con la prensa para comunicar que ve muchas convergencias con el programa de la Nueva Mayoría. Voltereta uno. Terremoto en la Alianza por Chile, salen personeros a comunicar reuniones de partido y mencionan al Tribunal de Disciplina y un etcétera grande seguido de Karla Rubilar anunciando que mañana Horvath se reúne con Matthei. El punto en discusión es qué hace un senador de RN negociando su apoyo con su misma coalición. Se podrá decir que lo obvio era que en la segunda vuelta volviera como hijo pródigo, pero en la política las lógicas van más allá de la mera disciplina partidaria. Por una parte, todos sabemos que la UDI y RN vienen con los flancos abiertos desde que existen y que sus diferencias se han agudizado ahora que son gobierno y también sabemos que Evelyn Matthei no llama para nada a la unidad, desune, produce anticuerpos, con ella no hay términos medios. 

El Senador Horvath está jugando con armas de doble filo, se deja querer por mientras por la Nueva Mayoría que necesita votos para cumplir con sus tres ejes programáticos, pero cuando pase su minuto de gloria quedará en medio de la nada y la Alianza le hará saber que no siempre es buena la indisciplina. Hoy hubo reunión con el comando de Evelyn Matthei pero no duró ni doce minutos. No hay convergencias, palabra de la agenda pública. 

Marco Enríquez Ominami ha asumido una postura de bajo perfil, como buen político no se cierra a brindar apoyos y tampoco los brindará a cambio de nada. La táctica del ganador minoritario (y de lo que debería aprender Franco Parisi). De todas maneras, indirectamente el apoyo ya está dado al no decir que no, se deja siempre abierta la posibilidad. Claro, como en el amor. 

Roxana Miranda y Marcel Claude ya negaron todo apoyo ¿habrán pensado que alguien se los iba a ir a pedir/rogar? De todas formas, con o sin pronunciamiento sus votantes no irán a votar el 15 de diciembre. 

Los porcentajes que importan son los de Parisi y Enríquez Ominami, ambos por arriba del 10%. De ellos dos se espera que vuelvan a presentar como candidatos a la Presidencia de la República en 2017, y sin duda, que dar o no el apoyo a Bachelet va a pesar en el discurso que sostengan en cuatro años más. Claro, porque el apoyo que arrastran no es por arte de magia ni por desmedido carisma sino más bien por una estrategia discursiva que reniega y rechaza la forma tradicional de hacer política, de la que fue parte por varios años Marco Enríquez Ominami y de la misma a la que Franco Parisi comenzó a reclamar justo para estas elecciones, ¿habrá nacido el año pasado?

martes, 19 de noviembre de 2013

Gobernabilidad democrática

La gobernabilidad puede ser entendida como el poder de un gobernante para realizar de la manera más óptima posible su programa de gobierno, como la cantidad de variables que controla un presidente para tal efecto, en comparación con la cantidad de variables que no controla (Matus, 1997), en otras palabras, se refiere a cuán gobernable es un país considerando una serie de elementos contextuales e históricos en la medida que se van implementando las reformas contenidas en un programa de gobierno. 

El programa de gobierno es la ruta de navegación de un Presidente y su objetivo es intercambiar las magnitudes de los problemas de la población, es decir, crear las condiciones para un intercambio de problemas puesto que los beneficios orientados hacia un sector de la población significan la creación de nuevos costos para otros, lo que deja al descubierto la calidad subóptima de la implementación de políticas. Según lo anterior, la gobernabilidad no se entiende sin un programa de gobierno que permita implantar en la legislación las normas que según el partido de gobierno sean las más adecuadas para lograr su ideario de sociedad. No obstante, así como hay problemas que el gobierno selecciona para solucionar, también hay problemas que seleccionan al gobierno: las coyunturas, entendidas como hitos o sucesos en la vida nacional que obligan al gobierno a desviarse de la hoja de navegación para dar solución a problemas que reclaman una urgencia mucho más imperativa. Las coyunturas pueden significar no sólo un desvío, sino también un replanteamiento de las estrategias y la asignación de los recursos que dispone un Presidente.

Entonces, la gobernabilidad de un país depende de factores coyunturales, de lo realista del programa de gobierno, de la calidad institucional, de las capacidades técnicas y humanas de la administración pública que implementará el programa. Hasta allí y como lo plantea el venezolano Carlos Matus, la gobernabilidad es totalmente aplicable a gobiernos democráticos pero también a los de facto. Por esta razón es necesario distinguir la mera gobernabilidad en sentido amplio de una gobernabilidad democrática en donde además de la necesidad de controlar y asegurar los factores descritos, el Ejecutivo requiere de los apoyos del Poder Legislativo y de su voto para hacer efectivas las medidas del programa de gobierno. Mark Payne define la gobernabilidad democrática como “la capacidad de tomar y llevar a la práctica decisiones que respondan de manera adecuada a los problemas económicos y sociales que aquejan a un país. Sin embargo, la definición también involucra la toma de decisiones mediante procesos legítimos, democráticos y sostenibles” (Payne, 2006: 90).

La gobernabilidad en una república democrática presidencialista, de poderes del Estado separados e independientes, corresponde en primera instancia al Presidente. En los presidencialismos la gobernabilidad se ve favorecida por cuanto las facultades del Presidente son meridianamente mayores que las del Legislativo, contando con atribuciones constitucionales como la del uso de poderes unilaterales de emisión de decretos con carácter de ley y uso del veto, además de poderes integrativos como la aplicación de urgencias a las discusiones de leyes (Cox & Morgenstern, 2001). También infiere en el grado de gobernabilidad las facultades del Poder Legislativo frente a los actos de gobierno puesto que las constituciones les confieren a los congresos atribuciones como el control de los actos de gobierno –comisiones investigadores, fiscalización, interpelación y acusación constitucional– y también la posibilidad de hacer peso a los vetos presidenciales a través de las insistencias (Alcántara & Sánchez, 2001).

En el ejercicio del gobierno, el Presidente buscará apoyos en el Poder Legislativo, comprendido como un órgano colegiado cuyos miembros son electos por la ciudadanía para diseñar, aprobar o rechazar las leyes que permitan llevar a cabo las reformas del programa de gobierno (a diferencia del Poder Judicial cuya composición está normada y no depende de la voluntad popular directamente puesto que aplica la justicia y para ello requiere de imparcialidad y apego estricto a la norma). El Poder Legislativo al estar conformado por legisladores electos democráticamente también está dominado por partidos políticos que acceden a escaños por medio del voto, lo que hace que la gobernabilidad democrática dependa también de un sistema electoral, sistema de partidos y el tipo de legislatura a la que se enfrente el presidente. 

El sistema electoral es definido como “el conjunto de normas que determinan las formalidades y procedimientos con que los electores seleccionan a los candidatos y partidos políticos de su preferencia y la manera en que su voto determina la asignación de escaños y cargos gubernamentales entre las distintas fuerzas políticas participantes” (Nohlen, 1998a en Payne, 2006: 41) y va a influir en la gobernabilidad en la medida que su diseño propenda a formar mayorías parlamentarias en el Congreso o a generar un Congreso con alta fragmentación partidaria que obstruyan o catalicen las reformas comprendidas en los programas de gobierno. Incluso, “el sistema electoral influye en la gobernabilidad por su impacto en la estructura y el funcionamiento del sistema de partidos políticos” (Payne, 2006: 41), que pueden definirse en función de si son ideológicos o programáticos, basados en clivajes históricos, por su tamaño o bien por la cantidad de partidos que existen pudiendo haber partido único en totalitarismos (gobernabilidad total), ningún partido dada la prohibición de éstos en las dictaduras autoritarias (gobernabilidad total), bipartidismo como en Estados Unidos e Inglaterra, partidos hegemónicos como el PRI de México y varios partidos pequeños a su alrededor o bien un sistema multipartidista centrípeto como el chileno donde se busca en centro o un multipartidista centrífugo tendiente a la polarización como en Chile pre 1973. 

Otra variable de la gobernabilidad de un Presidente que busca realizar su programa de gobierno son los tipos de legislaturas a las que se enfrenta en su mandato por cuanto en el lenguaje de Cox y Morgenstern, un Presidente que se enfrenta a congresos recalcitrantes tenderá a tener una baja gobernabilidad ya que su programa de gobierno no hará eco en el Legislativo lo que podría llevarlo a transformarse en un Presidente Imperial que a base de medidas constitucionales unilaterales logra imponerse pero de todas maneras arriesga y roe la calidad de la democracia acercándose cada vez más a sus límites con el autoritarismo. En el otro extremo, está la situación de una legislatura subordinada y reactiva cuya principal actividad es tramitar las leyes que envía el Presidente en donde la gobernabilidad alcanzará su máximo (Cox y Morgenstern, 2001), no obstante también ello funciona como un incentivo perverso porque en la medida que el Poder Legislativo no represente para el Presidente un contrapeso fuerte, es probable que éste envíe medidas que le permitan ampliar lo favorecido de su posición, abusar del poder o perpetuarse en él a través de la reelección formando dictaduras democráticas (Payne & Allamand, 2006). Lo anterior fue la estrategia de Roosevelt para lidiar con los coletazos de la Gran Depresión de 1929, pero también la de Perú y Venezuela donde "los presidentes Fujimori y Chávez apelaron a su mandato popular para cerrar unos congresos poco cooperativos y, posteriormente, volver a redactar sus Constituciones para reforzar ampliamente los poderes del presidente" (Robinson y Acemoglu, 2012: 385).

Por último, es preciso mencionar a las instituciones informales como otra variable más de la gobernabilidad democrática por cuanto permiten compensar, acomodar o complementar reglas formales rígidas en especial en el caso chileno en donde el Presidente amplia su espectro de estrategias políticas y puede obtener más apoyo de los partidos incluso de la oposición (Siavelis, 2006), lo que también es un punto a favor para lograr cumplir con su programa de gobierno y aumentar el número de variables que controla. Por ejemplo, está la institución informal de la proporcionalidad o cuoteo ministerial en donde existe una relaciones proporcional entre el número de escaños de un partido y su presencia en las carteras de las secretarías de Estado. Por lo general, ministros y subsecretarios pertenecen a partidos distintos para mantener el equilibrio de poder en los ministerios.[1]

La gobernabilidad cobra importancia en los sistemas políticos democráticos porque en la medida que un Presidente se desplaza hacia la ingobernabilidad pone en tensión a todo el sistema político comprendido como un conjunto de conductas relacionadas a partir de las que se asignan valores con autoridad en un sistema social (Zelasnik, 2003 en Pinto). La importancia del sistema político y su dependencia de los niveles de gobernabilidad es explicada por David Easton que afirma que los sistemas políticos deben asignar valores sociales y hacer que sus miembros las acepten como obligatorias, lo que distingue al sistema político de los otros ya que obligan a la vida política, “sin ellas no se diría que una sociedad tiene vida política. Y podríamos dar por sentado que ninguna sociedad podría existir sin alguna clase de sistema político” (Easton, 1993: 225). Sin un Presidente que logre mantener los puntos de equilibrios sanamente se pone en riesgo el sistema político entero que se compone de autoridades, un régimen político por el que se toma decisiones y se aplican según las reglas del juego que reflejan a través de sus instituciones las ideologías, las creencias y valores democráticos, y también se arriesga la sana convivencia de la comunidad política según el esquema de sistema político que aporta Zelasnik (2003, en Pinto).

Respecto de la gobernabilidad como objeto de estudio comparado, es necesario aclarar que para efectos de comparación se requiere que los sujetos de estudio contengan elementos en común básicos, por tanto, estudiar comparativamente a un país latinoamericano con Estados Unidos o con otro europeo no tiene sentido porque las estructuras institucionales de régimen político difieren por lo que no hay puntos de comparación. Sí se puede comparar gobernabilidades entre países latinoamericanos que tienen presidencialismos más uniformes y son repúblicas guardando las salvedades de descentralización del poder. Si bien Estados Unidos es una república también, no se puede comparar con América Latina ya que esta tiene presidencialismos con facultades al ejecutivo mucho más exageradas que en Norteamérica en donde recientemente y dado el equilibrio de poder, la administración pública sufrió un paro legal de actividades por falta de presupuesto ya que el Congreso dominado por las fuerzas republicanas no aprobó el presupuesto como medida de presión a la reforma de salud del Presidente Obama que no contaba con las atribuciones constitucionales necesarias para forzar al Congreso como sí habría pasado en América Latina[2], por tanto, es recomendable realizar comparación en el mismo Estados Unidos con ejes temporales o gobiernos diferentes. En cambio, en Europa –a excepción de Francia- es posible realizar comparaciones entre distintos países y con mayor éxito que en América Latina por cuanto la vida en democracia de los países latinoamericanos es diametralmente menor que las de Europa. 

La destitución del Exministro de Educación Harald Bayer ha sido una de las muestras más evidentes de la crisis de gobernabilidad[3] del Presidente Piñera que relaciona los conceptos revisados por cuanto no logró generar los incentivos propios para revertir la situación adversa en la votación. La destitución en sí misma fue un tropiezo fuerte para la derecha que terminó por confirmar que el Presidente Piñera ya no tenía el control de todas las aristas políticas para cumplir con su programa de gobierno a lo que se le suma la derrota frente a la delincuencia, una de sus promesas de campaña más ambiciosas que terminó por sumir al gobierno en múltiples intentos de culpar al Poder Judicial de su fracaso y descontrol de la seguridad pública[4]. Si bien estos hechos son los que evidencian el escaso nivel de gobernabilidad del presidente, el descontrol comenzó con las protestas estudiantiles en donde el gobierno no logró detener un paro estudiantil que duró más de seis meses y desde el cual no ha logrado repuntar en las encuestas de aprobación.

A la luz del contexto político chileno, el Presidente Piñera cuenta con un escaso margen de gobernabilidad. Por una parte, la encuesta Adimark entre febrero y junio de 2013 dio una aprobación al Presidente que no superó el 40% de aprobación promedio, mientras que su desaprobación desde febrero a junio promedió el 52,4% dando cuenta de una opinión pública inelástica a los logros pero sensible a los errores, lo que muestra a un gobierno incapaz de proyectar triunfos. En el Congreso, la Alianza cuenta con 56 diputados y 16 senadores frente a 57 diputados y 16 senadores de la oposición además de 7 diputados y 2 senadores fuera de pactos partidarios. Con estas cifras, el escenario se muestra con poco margen de maniobra política para aumentar la gobernabilidad. De todas maneras, el número de parlamentarios oficialistas es suficiente para frenar cualquier intento de reforma política opositor que requiera de quórum calificado. Independiente de estos resultados, el ejecutivo ha gobernado dentro de los límites de la democracia pero perdido capital político y el control de ciertas variables decisivas, siendo otras derrotas políticas importantes el triunfo mayoritario de la oposición en las elecciones municipales y primarias y las cuatro candidaturas presidenciales distintas del oficialismo[5]

Bibliografía

Acemoglu, D. & Robinson, J. (2012), Por qué fracasan los países. Los orígenes del poder, la prosperidad y pobreza. Ediciones Deusto: Barcelona. 
Alcántara & Sánchez (2001), Veto, insistencia y control político en América Latina: una aproximación institucional. Perfiles latinoamericanos(19), 153-179. 
Cox & Morgenstern (2001). Legislaturas reactivas y presidentes proactivos en América Latina. Desarrollo Económico, 41(163), 373-393. 
Easton, D. (1992), Categorías para el análisis sistémico de la política en Diez textos básicos de Ciencia Política. Barcelona: Ariel. 
Matus, C. (1997), Los tres cinturones del gobierno. Caracas: Fundación Altadir. 
Payne, M. (2006). El equilibrio de poder entre el Ejecutivo y el Legislativo: papel de la Constitución y los partidos políticos. En M. Payne, La política importa: democracia y desarrollo en América Latina (págs. 91-125). Washington DC: IDB Bookstore. 
Payne & Allamand (2006). El equilibrio de poder entre el Ejecutivo y el Legislativo: papel de la Constitución y los partidos políticos. En M. Payne, La política importa: democracia y desarrollo en América Latina (págs. 19-39). Washington DC: IDB Bookstore. 
Siavelis, P. (2006), “Accommodating Informal Instutions and Chilean Democracy” en Helmke, G. y Levitsky, S. eds. Informal Institutions and Democracy. Lessons from Latin America. Baltimore, M.D. The Johns Hopkins University Press. 
Zelasnik, J. (2003), El Gobierno. En Pinto (comp). Introducción a la Ciencia Política. Buenos Aires: Eudeba. 


[1] Otras instituciones informales son el Seguro del subcampeón, el partido transversal y la política de los acuerdos. 

[2] Véase en “Sin acuerdo en EE.UU. a menos de 24 horas de la suspensión de pagos”, disponible en http://internacional.elpais.com/internacional/2013/10/16/actualidad/1381876316_314697.html; extraído el día viernes 15 de noviembre. 

[3] Véase en “Expresidente Lagos: problemas de gobernabilidad de la derecha podrían continuar con Matthei”, disponible en http://www.biobiochile.cl/2013/11/11/ex-presidente-lagos-defiende-la-validez-de-marcar-asamblea-constituyente.shtml; extraído el día viernes 15 de noviembre.

[4] Véase en Directo de Adimark: “La delincuencia se esta transformando en el talón de Aquiles del Gobierno”, disponible en http://www.biobiochile.cl/2013/09/05/director-de-adimark-la-delincuencia-se-esta-transformando-en-el-talon-de-aquiles-del-gobierno.shtml; extraído el día viernes 15 de noviembre.

[5] Faltaban sólo cuatro meses para las elecciones presidenciales y el oficialismo había reconocido como candidatos a Laurence Golborne, Andrés Allamand, Pablo Longueira y Evelyn Matthei. También a causa de estas imprecisiones, el ejecutivo perdió siete ministros políticos (los cuatro anteriores más Joaquín Lavín, Luciano Cruz Coke y Catalina Parot).

sábado, 9 de noviembre de 2013

Intrarreflexión

Tengo un alto impune de loza sin lavar en la cocina sería la mejor metáfora para representar la ausencia que he tenido en mi querido blog. No he hilado, en todo caso, una historia con una clara columna vertebral, sólo intentos que raudos abortan misión. 

Siempre hay algo que hacer, como ahora que debo ir a dormir para levantarme temprano mañana y hacer el Sábado de las Profesiones de los Trabajos Voluntarios Nueva Guanaco. Es probable que me llame Claudio para que vaya a cuidar su casa pero yo no iré, querré dormir, evitar el calor y además él no quiso ir a la actividad de los profesionales por ello es que tomo esta venganza infantil. De todas formas, volver a encontrarme con su exesposa no me hace ninguna gracia, qué  mujer más pesada. Bueno, Claudio tampoco es una panal de abejas, raro que tengan un hijo tan simpático.

Hay que leer para la minuta del seminario, casi doscientas hojas. Prometo hacerlo mañana. Prometo hacerlo mañana y acordarme del joven Ignacio que me lo encuentro hasta en la sopa. También recordaré a Nicolás aunque ahora con menor cariño, con menor gusto porque seguramente veré en las redes sociales a algún vegano que deba tener como himno Resistiré. Y no iré a la fiesta de disfraces a que me convidaron ni a ningún evento de desclase más que a votar por Michelle Bachelet. 

Lo siento joven Ignacio, joven Nicolás, joven Isidro y juventudes revolucionarias apuestas: mi corazón lo tiene Verónica, la madre de Chile desde hace mucho tiempo. 

Ah y antes de despedirme y ya que estoy en el espacio de los descargos diré descargo uno dos puntos esa muchacha que se pinta el pelo realmente le tomó el olfato a la situación, quiere ser como yo porque quieren que la quieran como me quiere a mí su actual pinche (les recuerdo que me gusta usar términos de los senectos), tuiteo de noticias, interés en la política, mis mismas canciones favoritas, ¡ah! si falta que le gusten los gatos, que use los dos signos de exclamación y que tenga un blog melancólico y soñador como el mío. Pobre de ella que empiece a tuitearle a mi @JuanaRivers. Ahí sí que no. Pero bueno, ellos se prefirieron y eso lo respeto yo como a la democracia. Es una relación tan traumante, transmisión de salivas intra amigos mediante. Toco madera, un, dos, tres. 

Descargo dos dos puntos sólo porque soy respetuoso no diré su nombre aunque creo que todos deben compartir mi juicio, incluso, esta muchacha que a la distancia me saca de quicios. Es que da la impresión de que ya ni ella se soporta, que no soporta más sus llantos de cocodrilos manipuladores, ¡sí señor! manipuladores... Despertar y tiene pena, comer y tiene pena, hablar y tiene pena, leer y tiene pena... ¡qué insoportable! Pero esa es una estrategia, claro que sí, la victimización para dar tanta pena que nadie más quiera hacer algo que quiere hacer por miedo a dañarla. Y bueno, a qué llegamos acá: a la definición más básica de poder, a la de Dahl (por fín di contenido a este mamotrejo quejumbroso). Manipulo para controlar a la distancia, para mantener mi posición de poder en todos lados, mientras todos creen que yo sufro en realidad gozo de mi poder de tener al mundo a mis pies con dos o tres palabras. Conozco esa patraña, mija o mi hija. Si hasta ahí hay política chata, no te me vengas a hacer acá. A otro perro con ese hueso. Yo debiera de ser más bellaco y abrir los ojos a este amigo atolondrado pero la gente enamorada no es capaz de ver debajo del agua. No, no. Si me pagaran millones por irme fuera iría feliz a hacer y deshacer, a amar y ser amado aunque hubiera que pagar, pero no me iría a llorar porque me angustia perder el control. 

Me retiro. Creo que escribí mucho como para estar en Mercurio retrógrado pero me desahogué. Así como este blog mereció también volver a ser sacudido de su polvo y abandono, la loza merece ser lavada de su moho y lavazas de detergente barato. 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Las mascotas

Dos noches atrás tuve la oportunidad de ver Por siempre a tu lado protagonizada por Richard Gere. Esta película que tiene asidero en la vida real trata de un perro que acompaña a su amo a la estación de trenes y también lo pasa a recoger. Una vez que el amo muere, Hachi continúa en su espera, imperturbable hasta la muerte. Me dio pena, me llegó porque no soporto oír a niños llorar (ni de pena ni de pataleta) ni ver animales tristes o desamparados. Necesariamente recordé mis mascotas y creo que llegó el impajaritable momento en que dedique mis palabras a quienes me han acompañado en distintas etapas de la vida.

Era un niño y mis recuerdos recién comenzaban a crearse, el típico uso de razón daba sus primeros pasos. Siempre me fijaba en que el Pato de la vuelta tenía al Chocolate, donde mi abuelo tenían al Tebo y donde el Marcelo tenían al Rambo. Yo había tenido dos conejos, a los dos me los regalaron en diferentes ocasiones y no recuerdo haberlos recibido con especial entusiasmo, al nivel de no ponerles nombre. No nacía en mí todavía aquel instinto protector y paternal, aunque me levantaba curiosidad alimentarlos, darles zanahoria pero como eran tan esquivos y siempre tan lobos, el no poder asirlos jamás, terminó por hacer mi distancia con ellos irreculable. Ya no recuerdo si me dio pena cuando el primero falleció por haber comido algo indebido que se coló en su merienda, parece que fue perejil… qué iba a saber yo de la muerte, que Dios lo guarde. El primer intento de mi padre por inculcar en mí el amor a los animales fallaba, pero él no se dio por vencido: al tiempo llegó con otro conejito pero tampoco formamos el vínculo deseable entre amo y mascota, que también Dios lo guarde, lo deseo de todo corazón y segundo: sí… tengo el ADN judeocristiano.

Con mis amigos dedicábamos nuestras tardes a buscar los envases de helados de un litro y medio, robar tierra de hoja de los jardines de los vecinos algo más acomodados ya que en esos tiempos dejaban las rejas abiertas mientras se iban a trabajar y entonces sigilosamente dábamos pie a la creación de nuestros insectarios con arañas, chanchitos, hormigas, lombrices y lagartijas, mi papá lo aprobaba con orgullo. A pie de página agrego, mi papá era tan genial que tuvo una culebra de mascota, hashtag de emoción y orgullo. Después le sacábamos arena de ripio a algún vecino que estaba construyendo y armábamos una especie de selva con nuestros animales de juguetes y dado el inconsciente colectivo le agregábamos unos soldados. Así pasaban las tardes nuestras, de niños copiapinos de los años noventa que debatíamos nuestro tiempo entre ver Cebollitas, los Power Rangers o salir a cazar lagartijas al cerro, a veces armábamos nuestros carros a base de rodamientos y nos íbamos cuesta abajo por calle Choshuenco. Un día, en el antijardín de mi vecina conocí a la Minina, mi primera gata que por lo grande que era, dudo haber sido su primer ser humano. La vecina me preguntó si era mía y le respondí que no hasta que vi que perversamente le iba a tirar agua para espantarla, me paré y sin permiso abrí la puerta de la reja de su casa, la tomé y la llevé a la mía. Ahí la solté de mis brazos pero ella se sentó cerca encima de sus patas hasta que la tuve sentada en mis piernas, nos aceptamos y se quedó pese a la negación de mi mamá. Era bonito tener a la Minina porque era como mi amiga o hija, no sé bien pero andábamos para todos lados juntos y a la primera laucha que conocí, la conocí de su hocico, despertó mi instinto paternal, yo la quería mucho; llegaba de la escuela sólo a jugar con ella y una vez quise llevarla a la bendición del día de San Francisco de Asís pero no estaba a las siete de la mañana en casa. De todas formas la bauticé a mi modo porque no quería que fuera mora ni que me la molestaran los duendes. La Minina quedó preñada dos veces, la primera camada fue de tres gatos, lamentablemente uno se escapó y fue asesinado por el gallo de un vecino de patio (al menos es lo que me contaron pero con el tiempo me di cuenta de que siempre me mentían al respecto porque por lo general los regalaban a mis espaldas) y quedaron los otros dos a quienes nunca me di el tiempo de darles nombres, aunque igual los quería y los disfrutaba porque claro, yo era el abuelo chocho. Después de esa primera camada la Minina se preñó nuevamente y mi mamá no lo veía con buenos ojos aunque de todas maneras era la más contenta con mis animales porque la acompañaban en el almuerzo cuando todos nos íbamos a la escuela y mi papá al trabajo. Una tarde en que veía el Pase lo que Pase la otra vecina llamó a la puerta de la casa y mi hermano atendió: Pablito, hijo sabes que parece que está tu gatita muerta en mi patio. Él fue a ver y a confirmar y como no tenía tino de adulto fue y me lo dijo sin más ni más y yo me quise morir, cuando me acuerdo de tan doloroso momento recuerdo esa sensación de niño frente a la muerte, mis lágrimas salían a presión y yo le preguntaba a Dios que por qué a mí, por qué a ella si más encima estaba preñada para ir a caerse en el angosto entremuro de los vecinos para morir asfixiada, Dios te guarde Minina, te amo mucho hasta que se borre tu recuerdo de mi memoria. Claro, desde niño tenía esas dudas existenciales y cuestionaba el amor de Dios, si me había privado de conocer a mis abuelas –cosa que realmente me apenaba porque el Pedro me hablaba todos los días de la Chaly- para qué ahora terminaba de amargarme el pepinillo despojándome de mi amiga fiel.  Pie de página: con el Pedro creamos un cementerio de animales para dar cristiana sepultura a la Minina y a los otros animales que encontrábamos al acecho de los jotes.

Por la distancia de aquellos tiempos no sé de cuánto tiempo la lloré, de cuánto la extrañé aunque ahora se me vuelven a llenar de lágrimas los ojos y se me escapan los suspiros.

Pasado el tiempo, la Gianella Bassi, una excompañera de colegio y actual compañera hija de Bello, me ofreció un gatito destinado a no vivir, su madre lo había parido y abandonado a su suerte y en el curso todos estaban enterados de mi reciente pérdida. Ella me ofreció aquel gatito y me dijo que ni siquiera tenía dientes, estaba ciego por sus pocos días de neonato pero yo acepté y le di todo lo que tenía a mi alcance por verlo crecer pero el angelito de Dios no resistió y se fue al Cielo en mis brazos. Lo guardé en una cajita y con mi papá lo fuimos a enterrar, simbólica ceremonia fúnebre mediante (rasgo tan típico que ya me asomaba en esos días).

Sería uno o dos años los que pasaron hasta que en un verano llegó mi tía Cecilia ofreciendo a tres gatitos productos de la última parición de su mascota, tenían cerca de tres meses. Yo adoro a mi tía Cecilia pero pinta de querer a los animales no tiene. Ojalá erre en mi juicio. Venía manejando mi tío Tito la camioneta roja en cuya cabina venían a plena luz del sol tres cachorros cuyo género desconocíamos pero que según mi tía eran machos, machos que ella venía a ofrecerme de mascota. Quedaban tres y yo quise aceptar lo que fue fácil luego de que mi tía convenciera a mi mamá de dicha autorización, la Clara Andrea también quiso uno y el Pedro igual. La Clara Andrea vivía en mi casa en esos tiempos así que su gato se quedaba en la casa junto al mío. Cuando mi tía se fue producto de su exitosa transacción nos dimos cuenta de que eran hembras y qué le íbamos a hacer si ya eran de la familia: las alimentamos, le dimos abrigo y techo pero mi mamá nunca estuvo contenta aunque cuando tuvimos gatos nunca se tuvo que quejar de los ratones en casa. 

La que elegí yo se llamó Celeste porque sus ojos eran de ese color, la Clara Andrea le puso a su gata Agualuna que era el nombre del perfume que vendía Elena Vergara en Aquelarre (si eso fue en 1999, yo tenía entre ocho o nueve años) y el Pedro no sabía que nombre ponerle y mi mamá, mujer adicta a las teleseries latinoamericanas le aconsejó el nombre de Paquita en honor a la teleserie Yo amo a Paquita Gallego y así se llamó Paquita. Sin embargo, el Pedro aceptó previo tibio permiso de su mamá que en un histérico “si esa gata se caga adentro la devuelves hoy mismo” definió el futuro de la Paquita que al final no aguantó la vibra enferma de esa casa y sola se venía a dormir con sus hermanas.

A la Celeste también quise llevarla a la bendición de las mascotas que hacían en mi colegio y estaba todo listo pero no tenía en dónde llevarla porque siempre andaba en transporte público y lo más probable era que en el camino la perdiera atropellada o perdida. Mi mamá me dijo que no importaba porque Dios igual la bendecía y que por último, que fuera a la capilla de Los Loros a buscar agua bendita en una botella y en la casa le dábamos la bendición y de paso le convidábamos a la vecina que tenía duendes en la casa. Terminé siendo el encargado de las tres gatas, en ocasiones las recordaba cuando en el cielo buscaba a Las Tres Marías. La Celeste era blanca con ojos del mismo color, la Agualuna era blanca también pero tenía los ojitos verdes y la Paquita era rubia. No recuerdo muchos episodios particulares con cada una de ellas pero sí evoco con facilidad que con el Pedro nos juntábamos a jugar al veterinario y cuando escaseaba el alimento de las niñas teníamos que hacer de tripas corazón e ir al cerro a cazar lagartijas para que comieran algo, ellas felices pensábamos con mi amigo. Mi tía Mirta tenía ratones en su casa y me pidió a la Paquita por dos meses, acepté a duras penas porque tenía el recelo de que le iba a dar muerte; cuando tenía conejos siempre me hacía bromas con ellos, los escondía y cuando los iba a ver a la jaula y no los encontraba, ella tomaba una olla con carne y me decía acá están ¿quieres? hasta que me hacía llorar y me decía que era mentira, yo amo a mi tía y esos eran hechos aislados, pero sin duda no son bromas para niños. Hashtag de crueldad, el SENAME la habría recriminado. Cuando la Paquita terminó por comerse/espantar a todos los ratones de la casa de Rosario mi tía la devolvió cumpliendo con su palabra. Evidentemente, desconoció a sus hermanas pero al final se quisieron igual y se aceptaron pensando que eran amigas o hermanastras.

Un día trece de julio fue el segundo más triste de mi vida, la Celeste se murió. Me había levantado para ir a la convivencia de las vacaciones de invierno, tercero o cuarto básico, y la Celeste andaba en la calle con la Paquita y eso era algo muy terrible porque andaba un gato que las pisaba. Para mi mentalidad de niño-padre eso era una aberración, la violación a lo más ingenuo que había: mis gatas y cuando lo sorprendía en aquellos actos que me indignaban, me deshacía en todos los garabatos que guardaba dentro de mí porque mi mamá me prohibía decir groserías. El odio hacia aquel degenerado aumentaba cuando la señora Teresa decía que en las noches siempre veía a aquel gato abusando a las gatas, que dicho sea de paso eran hermanas. Mi mentalidad televisiva-cristiano-novelesca no podía más con esa situación: una debacle valórica histórica. La verdad era que las gatas estaban en su primer celo y por más que yo las cuidara buscarían escaparse con aquel gato seductor que era de la calle de arriba más encima, la calle en que vivían mis enemigos: el Hugo, el Sebastián y un tal Osvaldo creo, al menos tenía cara de.

La mañana del trece de julio fue especial porque logré prevenir de los ataques de perversión a la Celeste y la dejé encerrada en mi pieza junto a una caja de arena para que hiciera sus necesidades hasta que volviera del colegio, ella estaba enojada y cuando pudo me buscó, me mordió y me rasguño el dedo pulgar de mi mano derecha pero no me pude enojar. Luego de almuerzo me fui a jugar a la cancha de tierra que teníamos en el barranco, por esos días nos gustaba jugar béisbol y corría de una base a otra cuando el Camilo me fue a avisar que habían atropellado a la Celeste y corrí ya no a la base para asegurar otra vida, corrí a mi casa a comprobar que era mentira lo que me decía el Camilo. ¿Por qué es tan fea la muerte? Ahí estaba mi chata, sin vida, la miré inerte y de reojo para pasar a la casa, al sillón, a abrazar a alguien para que me diera consuelo, otra vez ese dolor hondo, llorar era lo único que cabía hacer a mi alma de niño ingenuo y puro, llorar hasta que llegara mi mamá, cuánto necesitaba su olor y su “ya hijo, no llore más si la Celeste ya está en el Cielo descansando”. La Celeste tenía una campana en su cuellito con el que yo sabía que venía a comer cuando la llamaba a través del sonido de la bolsa de Whiskas. Linda mi chata, también la amo y mi dolor persiste toda vez que la recuerdo y no entiendo su partida. La Agualuna y la Paquita siguieron con nosotros por algún tiempo y tuvieron bebés del mismo padre. Era el día de la Madre Cristiana al parecer en mi colegio y mi mamá asistió al acto que le preparamos a las madres en el curso, una vez que terminó ella volvió a la casa y yo seguí en el colegio. Según sus palabras, cuando ella fue a tomar el colectivo la Paquita la siguió hasta que ella se embarcó y cuando volvió la niña la esperaba en el mismo lugar para darse vuelta y mostrarle a mi mamá su sangramiento, era un acto de género aquel, así como por lo general las niñas le cuentas a sus madres de su menarquía, la Paquita sólo confió en mi mamá el momento de su alumbramiento primero. En casa mi mamá le acomodó un lugar en el patio para que tuviera a sus hijos, era un momento maravilloso para nuestra familia. Llegué de la escuela y me enteré del bello acontecimiento, son tan lindos los gatos y la Paquita tuvo cinco… mi mamá me advirtió que no me hiciera ilusiones: la Agualuna también estaba preñada (y del mismo hombre).

Fue una tarde difícil aquella en que parió la Agualuna porque con mi mamá llegábamos recién del centro y ella me dijo que estaba preocupada porque no la veía desde la mañana, la llamé, fui al patio, le pregunté a los vecinos y nada, cuando me calmé pensando en que vendría a la hora de la teleserie subí a ver televisión y la encontré en la cama de mi hermano pariendo a sus cachorros sobre el cubrecamas ensangrentado y lleno de pelos, la llevamos al patio para que terminara de parir y le armamos un lecho pero ella insistía en subir con las crías a las piezas, era tozuda la chata. Se llenó la casa de gatos, había más felinos que personas y además la gente iba a abandonar sus propios gatos a nuestra dirección. Se prendieron las alarmas, eran muchos a los que había que alimentar pero eso yo no lo entendía: quería quedarme con todos. De a poco mis papás iban regalando a los cachorros o venía gente que se los robaba según contaban mis padres y de eso no tengo pruebas para afirmar o desengañar porque en las mañanas iba al colegio y de vuelta sólo llamaba a los gatos a comer pero nunca me percataba de la ausencia de tal o cual porque ni siquiera les había puesto nombres. Mientras ocurría ese proceso de pérdida de gatos yo aún iba en quinto básico y cuando llegaba del colegio siempre me dirigía primero a ver a los gatos y a jugar con ellos o a hacerles cariño, había una lana con la que los entretenía o bien los hacía escalar en los muros. En una de las tantas vueltas a casa mi papá tenía vacaciones y cuando me vio bajando de la micro se apresuró y me hizo entrar rápidamente al comedor para almorzar y yo no entendí por qué pero se me olvidó completamente ir a ver a los gatos. Hasta que ya no dio más la situación, era insalvable. Beto, ya pues, dile tú que tienes más psicología decía mi mamá. Diego, tenemos que hablar contigo porque hoy en la mañana pasó un auto y atropelló a la Agualuna, los gatitos le están mamando lo que le queda de leche. Deshecho en llanto pregunté por la Paquita. También se murió hoy, el Pablo en la mañana entró a bañarse y cuando cerró la ventana la vio tirada en el patio de la vecina así que hay que ir a buscarla. No lo podía creer, ¡cómo! Las dos habían muerto en el mismo día, doble golpe, doble dolor… hasta hoy entiendo por qué, qué karma es este. Yo nunca he podido superar esas penas, fue demasiado fuerte ver a la Paquita muerta en el patio de la vecina y a la Agualuna en el antejardín de mi casa con sus gatitos aún succionándole lo poco y nada que le quedaba de leche. Creo que las envenenaron y que fue un vecino que probablemente pasará una jornada eterna en el infierno por malo. Ahora ellas están descansando y yo siempre las echo de menos pese a que la casa está muy cambiada, los espacios en que ellas transitaron ya casi no existen, están remodelados que ya ni yo me acuerdo bien, pero tengo sus muertes clavadas en la memoria. Me consuela el reencuentro después de la muerte.

Los días pasaron y los gatitos desaparecieron hasta que mi enojo fue evidente y se lo hice saber a mis papás, entré en la pubertad y me puse insoportable, no quería estudiar, quería dejar de ir a la escuela, era muy irritante. Se aprovecharon de mi vulnerabilidad y regalaron a cada uno de los gatos que quedaban de herencia de aquellos dos angelitos. Ellos continúan firmes con la tesis de los robos y de que los gatos se habían ido solos. Qué será de los querubes.

Hay lecciones importantes detrás de la historia de las mascotas: nunca le regalen a alguien un animal como mascota si es que no se los pide, menos si son niños. Como me ocurrió con los dos conejos anteriores, nunca los quise, no los busqué y cuidarlos no era algo que me importara mucho, el peso se lo llevaba mi mamá quien con razón después se opuso a que tuviera más mascotas. Mi tío Carlos me regaló un perro que se veía bonito y se lo acepté pero nunca nos llevamos bien y en realidad nunca me han gustado mucho los perros porque mi lealtad es con el gremio felino. Pero lo acepté y con ello acepté una pésima experiencia, no era lo mismo porque yo llegaba del colegio y el perro se desesperaba, se me tiraba encima, me ensuciaba y eso me molestaba de sobremanera, no me daba cuenta de que le estaba haciendo daño al pobre que quedó relegado en un patio a pleno sol, mi mamá me regañaba con justa razón y yo me escudaba en que no quería al perro, que no lo había pedido pero el chato se estaba deprimiendo y yo no lo dimensionaba, ahora me pesa un montón. El síntoma de la desconexión era tan evidente: nunca le puse nombre y mi papá terminó por llamarlo Peludo. Un día la situación no dio para más y mi mamá le dijo a mi papá que se lo llevara a la sociedad protectora de animales y no me opuse, era lo mejor porque Peludo no sabía andar en la calle y no me cabía en la cabeza por más obvio que fuera que Peludo no era un gato. Un día llegué del colegio y Peludo ya no estaba en casa, la decisión de mi madre se había hecho efectiva. Si usted lee esto, por favor: no regale animales a quien no se lo ha pedido, no genere sufrimientos innecesarios.

Pasaron varios años para que volviera a tener una mascota y para convencer a mi mamá al respecto porque sé que mi papá –como todo Libra- jamás iba a tomar la decisión sin antes decir “pregúntele a su mamá”. No sé cómo la convencí pero lo hice y fui donde mi tía Mirta a buscar al Lautaro, quise tanto a ese chato, nos conocimos el uno al otro, sabía cuando acercarse y cuando no aunque se transformó en el bebé de la casa, un regalón hasta de Pablo, el más opositor de todas mis ideas, jugaba con la Sofía y el Bastián, se metía solo debajo de las tapas de la cama para abrigar a mi mamá, de hecho fue el primero de todas mis mascotas que se ganó el cariño de mi mami, los niños lo sacaban a pasear al cerro y le amarraban una cuerda al cuello, a mis espaldas claro, el Pablo se estiraba en el piso para hacer ejercicios y el Lautaro se subía encima de él para hacerle cariño con su cabeza, su dulzura producía diabetes. El chato un día llegó malherido a la casa y no quería comer, nos tenía asustado y el fantasma de las muertes anteriores acechaba al veinticinco cero dos nuevamente pero mi padre que es muy sabio atinó a conseguir hojas de matico, hizo una mezcla con algo más (nota al pie de página, preguntarle qué era eso) y se lo aplicó en la herida, lo increíble de todo era que el chato se había dejado pese al dolor y luego de haber rechazado las curaciones de todo el clan familiar, sólo con mi papá se dejó, sanó y volvió a comer. 

Recuerdo que era el año 2007, el año de la gira a la que no fui. Cuando mis compañeros estaban en Brasil yo empezaba otra vez a vivir un nuevo proceso de pérdida, el Lautaro estaba enfermo y nadie sabía de qué, se orinaba por todas partes y fétidamente, uno lo tomaba para examinarlo y se volvía a orinar, las horas de angustia me acechaban. Al otro día lo llevé al veterinario porque el chato estaba agónico cerca de la puerta del patio. Es muy complicado escribir esto porque despierta inmensos momentos dolorosos que tengo por superados la mayor parte del tiempo, veo sus ojos mirándome y perdiéndose en el dolor, su respiración forzosa y rápida, lo llevaba en una caja en el colectivo hacia el veterinario y el chofer me preguntaba pero mi voz sólo atinaba a quebrarse y responder no sé qué es, no sé que tiene déjeme en la esquina por favor. Entré a la consulta y el médico veterinario perdía su tiempo en la manicure de una perra y yo llamaba a mi papá con la voz llorosa… Papá ven por favor, ayúdame estoy en el veterinario de Los Pimientos, apúrate… resiste Lautarito, hijo no te vayas, no te duermas si ya viene el doctor y cuando pasó lo miró y me dijo: ese gatito tiene ganas de morirse. Estallé en llanto, como ahora que lo recuerdo mientras mi gato se aferraba a la vida y apretaba sus garras en mis manos. Entramos a la sala y lo pusieron en la camilla para los exámenes de rutina y llorando le expliqué al doctor su sintomatología cuando llega mi papá a abrazarme y yo con una mano en Lautaro para que supiera que estaba ahí con él. Tenía una enfermedad que se la había transmitido la madre lo que le provocaba que una bolsa de líquido le presionara los pulmones progresivamente hasta asfixiarlo por completo, iba a morir de todas maneras y el veterinario me ofreció la eutanasia. Acepté. Me despedí llorando de él porque no quise verlo morir y tuve que salir mientras mi papá se quedaba a ver cómo Lautaro se iba durmiendo para siempre. En ese último adiós el Lautaro apretaba sus garras en mis manos pero yo no quería que siguiera sufriendo, prefería que descansara a tenerlo vivo a punta de medicamentos y sufriendo a causa de mi egoísmo. Me fui a llorar al parque que estaba afuera de la consulta porque la vida era injusta, yo no merecía eso y las imágenes del Lautaro agonizando seguían vivas en mi retina. Cuando volví a casa lloramos todos en familia y les tuve que contar el episodio, mi mamá me esperaba con el gato vivo y tenía unas velas prendidas pidiéndole a sus santos, pero nada sirvió, estábamos devastados sin nuestro bebé. Se acercaba la Navidad del 2007.

Mi hermana estuvo de cumpleaños el once de diciembre, iba a cumplir siete años pero la celebramos con sus amigos el día dieciocho, una de las invitadas, la Sabany, nos llevó otro gato, igual a Lautaro pero más orejón, el animalito rápidamente se dio con nosotros y mi mamá pensó en la reencarnación del Lautaro. Yo me niego a creer en eso porque creo en la vida eterna y en la eternidad he de encontrarme con mis mascotas en el Cielo. Mi hermana lo quiso y a mi mamá le simpatizó bastante pero yo tenía resquemores porque nuestro Lautaro se había ido hace tan poco que preferí mantener la distancia, le pusimos Salvador y a decir verdad mi relación con el animal fue más bien poca porque luego de esa Navidad me fui a la casa de mis tíos en la playa por dos meses de manera que al volver el Salvador ya estaba inmenso, ni parecido al cachorro que yo conocí cuando la Sabany lo fue a dejar. En realidad, el gato se la habían regalado a ella, pero como no lo quiso lo fue a dejar nuestra casa. Hashtag de repudio. Mi mamá lo amaba a ese chato, nunca la había visto querer tanto a un animalito, es que alucinaba con su Salva que la acompañaba, le hacía cariño y le abrigaba la cama, el único punto en contra fue que ronroneaba fuerte y mi mami se asustaba. Equis de. Nunca me afiancé mucho con Salvador porque no lo había visto crecer y él no me reconocía como amo pero tenerlo en casa me ponía contento, siempre sentir que hay un gato bajando la escalera es motivo de alegría y dicha.

No me gusta que mi mamá llore, pero aquella mañana lo tuvo que hacer porque le nació de adentro, llanto de la guata. El Pablo debía irse a la universidad y se levantó primero a prender el calefont que estaba en el patio y bajo el que yacía el cuerpo sin vida de nuestro Salvador, mami ven, baja, se murió el Salvador gritó mi hermano que nunca, pero nunca lloró la muerte de un gato. En un soplo mi madre bajó a comprobar la atroz noticia y mientras me tocaba entrar a la ducha, corría por mi cuerpo el agua y por las mejillas de mi mami sus lágrimas que luego caían al cuerpo inerte del Salvador. No me salió el llanto, no quise llorar y me fui rápido al colegio, no quise mirar al angelito yaciente. Esto ya era maldad porque claramente fue el mismo vecino de antes el que nos envenenó al gato. El Salvador está descansando en el patio de mi casa. Te amamos, hijo.

Con Cuba finaliza esta triste saga, la Kirara era la gata de mi tía Sylvia que diera a luz a cinco crías un veinticuatro de noviembre de 2008 y yo le pedí un gatito para llevarlo a casa pero no me lo llevé hasta un día de verano. Mi tía me engañó y me hizo creer que la camada entera era de machos cuando en realidad la camada entera era de hembras. Nombré a mi última mascota como Magno. Como yo vacacionaba con ellos los gatos se mantenían juntos pero un día me tuve que devolver antes para hacer los trámites de mi ingreso a la universidad. Ya en casa me enteré de que era una gata y tuve que cambiarle el nombre: Cuba. En esos días estaba fuertemente influido por las enseñanzas marxistas de mi tío Luis y de mi tío Segundo, de todas maneras era un nombre original. Cuba se dio en mi casa y comenzó a conocer a mi familia y tuvo excelente adaptación. Yo no quería que le pasara nada grave ni que la envenenaran así que tomé una caja le eché tierra y la dejé en mi pieza para que Cuba hiciera sus necesidades cuando correspondiera. No iba a dejar que saliera innecesariamente en la noche porque eso de que la curiosidad mató al gato es una verdad universal. Nos hicimos tan amigos con Cuba que pronto ya era una dama, linda, inteligente, me conocía y me reconocía.

Un día, tuve que entrar a la universidad y viajar a vivir a Santiago dejando atrás y hasta el día de hoy a toda la familia, los pocos amigos que tenía y a Cuba. No fue fácil pero era mi obligación dar un paso adelante. Después de dos meses de dura adaptación a la capital tuve la oportunidad de volver a Copiapó por algunos días y vi a Cuba nuevamente, me reconoció la voz de inmediato y rápido se incorporó en un saludo y ronroneo. Yo quería llevármela pero era imposible. Después de aquel feriado de veintiuno de mayo volví a Santiago a continuar con el primer semestre de carrera y Cuba quedaba en Copiapó. Todas las veces que llamaba preguntaba por ella y mi mamá decía que por ahí andaba, en el patio de la vecina jugando. Pronto cumpliría seis meses y había que operarla para que no tuviera hijos, casi envié el dinero. El diecisiete de junio nació Martina, la hija de la Clara Andrea. Recuerdo que ese día yo preguntaba por Martina, para saber cómo era, cómo estaba, cuánto medía o pesaba y que cómo está la Clara Andrea y mi tía Mirta que era abuela por primera vez, yo no tenía gas y había llamado para que me trajeran un balón… pregunté como siempre por Cuba y todos me decía que estaba bien. 

Para las vacaciones de invierno volví a mi casa de Copiapó y mi mamá me fue a esperar al colectivo, una vez en la casa pregunté por mis plantas y por la Cuba, dónde está la Cuba… hijo, tranquilo pero la Cuba se murió el lunes, la envenenaron. No recuerdo haber llorado en el instante, sólo quería saber qué había pasado y por qué no me habían contado el lunes, ya estaba tan molesto, ofuscado de que ocultaran esa información. Cuando fui a Rosario a conocer a la Martina conversé con mis tías, andaba mi tía Sonia y ella me contó la verdad, no sé cómo llegamos al tema pero me dijo ¡cómo, si la Cuba se murió hace tiempo, el día que nació la Martina!, seguramente tu mami no te quiso contar pero la gatita no se murió el lunes. Las muecas de mi hermana y de la Carla dirigidas a mi tía Sonia confirmaron la verdad, o sea, la mentira. Me invadió la pena y la guardé hasta la noche en que exploté en una crisis de recriminación en contra de mis padres. Me hicieron creer que estaba viva por más de un mes, pobre Cubita que murió envenenada por el asesino de siempre, se habría salvado pero mis hermanos no atinaron a llamar a nadie ni a llevarla al veterinario según me cuentan mientras todos se echan la culpa, cómo me habría gustado salvarte, chata. Han pasado cuatro años desde ese diecisiete de junio y tantos más desde que se me fueran mis gatos a descansar. Lo cierto es que ninguno se fue al debido tiempo, la muerte en esos casos siempre me ha mostrado su cara más injusta y como mortal no me queda más que aceptar.

Hace más de cuatro años que en casa no nos atrevemos a tener otra mascota, nos conformamos con las plantas porque tenemos pavor de pasar por lo mismo otra vez. Primaveras atrás llegó un perro callejero a habitar las afueras de mi casa, el Felipe Camiroaga que nos ama, nos sigue a todas partes y nos defiende de los otros perros; cada vez que podemos le damos comida y cariño sin atrevemos a traspasar la línea, hemos sufrido bastante. Yo prefiero cortar algunas migas de pan y dejarlas al alcance de las diucas de la mañana para que se las coman, de alguna u otra forma mis mascotas difuntas también viven en el vuelo de aquellas aves.