Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)
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domingo, 7 de octubre de 2012

De vuelta a Morissette y House M.D.

Dormí la tarde entera hasta cerca de la medianoche. Soy hombre libre en la casi totalidad de los aspectos de la vida humana. Mientras avance mi escritura o su lectura podrá ir saliendo algún par de ideas acaso conexas; no hay mucho de qué desahogarse por tanto cabe la chance de temer por el futuro de esta entrada.

Pues bien, luces apagadas y oscuridad encendida. Dadas mis últimos sucesos me he vuelta a acercar a la música de Alanis Morissette para pintar con arte y música la vida y comprender que esto que siento yo alguien lo ha sentido antes. No soy el primero y tal vez no el último en tener una mezcla de sensaciones que ya ni siquiera se trata de no poder contar, ya no me dan ganas incluso de sentarme a pensar. Reproduzco Hand in my pocket y es posible vivir con un mar de antítesis qué quizá no lo sean tanto, mas bien responden a la clásica diferencia entre actitud y conducta; lo que pasa por dentro y lo que se muestra hacia afuera. Durante los puntos más álgidos de la semana, de todos los versos de la canción el que más me acomodó fue I'm tired but I'm working (Estoy cansado/a pero trabajando/funcionando) para rematar la estrofa con Is that I haven't got figured all out just yet? (¿Es que no me he dado cuenta de todo aún?). Miré el vídeo por internet y de sugerencia encontré otra canción que es acaso la más triste de la autora: Not as we (No como nosotros), con una letra profunda, aguda y distinta (como siempre) a lo que escribe o le escriben a las exponentes del pop anglosajón; en honor a la verdad el disco entero del que forma parte Not as we  -Flavors of Entanglement (Los sabores del enredo)- tiene un sello de ruptura y canto por la herida y dados mis rasgos obsesivos busqué la crítica y ciertos datos de esta canción desgarradora. Como todo está conectado en este mundo y uno tiene la capacidad de simbolizar, Not as we fue adelantada por mi serie favorita House M.D. en el capítulo 97 Seconds (capítulo tercero de la cuarta temporada) el cual no pude evitar volver a ver luego de apagar las luces y encender la oscuridad. Reconcerté una cita con el equipo de House.

En 97 Seconds se entra en la discusión de si hay algo más allá después de la muerte puesto que uno de los pacientes relata que luego de sufrir un ataque estuvo muerto por 97 segundos, en tanto a otro paciente se le diagnostica cáncer a la piel por parte del oncólogo Dr. Wilson quien le entrega esperanza de tener una muerte con una mejor calidad de vida, pero el paciente se rehúsa aludiendo a que prefiere otra vida antes de seguir adolorido y postrado en la cama de un hospital. House le responde ofuscado y con habitual poco tacto que esto es todo que no hay nada más allá, pero sus palabras no cobran sentido para el paciente. Fuera de la habitación Wilson lo enfrenta y regaña pidiéndole que respete las creencias de los otros por absurdas que sean ya que por último cada uno es dueño de aferrarse a lo que quiera en sus últimas horas. En esa misma escena en que fui cautivado por la prestancia y siempre buen tino del apuesto James Wilson comenzó el piano a introducir Not as we cuya esencia no se relacionaba muy bien con el capítulo pero de todas maneras hizo catarsis. Excelente capítulo del cual sólo he destacado el aspecto del trasfondo cuya trama y nudo merecen mayor atención. Gregory House es un empirista y buscará convencerse ante las dudas. James Wilson guarda una belleza original, mi mención honrosa para él. 

martes, 10 de julio de 2012

Dr. Wilson, siempre pensaré que fue un mal diagnóstico



Evoco con fácil nostalgia esta imagen. Sin duda marcó el final de un proceso de ocho temporadas. Si bien cada temporada tuvo un sello distintivo, al final de cada capítulo de la octava sentía una angustia y pesar ante la incertidumbre en la salud de mi doctor predilecto, más aún luego de Body and soul (capítulo 18) en que confesó a House su diagnóstico de cáncer.

Creo que luego de ese capítulo quise negarme a la veracidad de esa declaración a pesar de las evidencias venideras. Hasta hoy confío en que existen las coincidencias y en que hasta un oncólogo perito pueda errar su mismo diagnóstico, debió ser una mala broma de House, porque si eso fuera real, cabría pensar en que Wilson está viviendo sus últimas horas de vida o bien puede que ya haya muerto en quién sabe qué lugar, acompañado quién sabe de cuáles gentes. House debió haber sido descubierto por la justicia en su búsqueda irrestricta de vicodina. Pero no, alejémonos de los malos pensamientos que tan poco ayudan. Debió haber habido un error en el diagnóstico y el cáncer era perfectamente reversible. Está mejor, en tratamiento porque la justicia existe y la muerte se merece. Un hombre noble no merece morir. La magia de la televisión todo lo puede, como pudo reunir a la mayoría de los personajes en un último capítulo, qué podrá costar que Wilson muera como un hombre viejo y realizado. Claramente mis deseos contradicen la esencia entera de la serie cuyo mensaje siempre fue la existencia de la injusticia tan inexorable como la muerte, pero mis deseos siempre se basan en imposibles.

El punto, pues, es que cada uno puede cerrar como le dicte su imaginación este final semi abierto. Para mí Wilson no debe morir y en estos momentos está haciendo su tratamiento para superar el mal paso. Y así como predije en su mayoría el desenlace del drama médico, podría asegurar que de haber un bonus track esta sería más o menos la estructura a seguir.

Este apartado no representa un homenaje a la serie que colmó tantos de mis momentos de soledad. Más bien, es el ejercicio casi escolar de cambiar el final y hacer prevalecer la tan añorada justicia a los procesos humanos, es reafirmar la fe en Dios y vencer las veces que uno quiera a la muerte. No existe Robert Sean Leonard, él incluso puede morirse mañana, pero el doctor Wilson representa un imaginario superior, un valor de vida que no morirá jamás.

martes, 21 de febrero de 2012

Un amigo como James Wilson


Es oficial. Dentro de poco se cumplirán dos semanas de la crónica de nuestra muerte anunciada en que FOX comunicara por fin su decisión de poner fin a la serie que mataba el ocio de tantas y tantos a lo largo de 8 temporadas. Nuestras sospechas, housers, tomaron asidero en la realidad. El fin llegará el 21 de Mayo y no de Diciembre como dijeron los mayas. Y es en total medida injusto e irrespetuoso que no rindamos, cuando es debido, un homenaje a los personajes que nos inspiraron. 
Mi elegido es el doctor James Wilson, oncólogo del Princeton Plainsboro. A lo largo de la serie este ser de buenos sentimientos ha funcionado como el ángel hegeliano de la serie, en que se comporta como la voz de la conciencia de House y, no obstante, cede a las tentaciones e invitaciones de su amigo, no conoce de rencor al menos no en plazos muy largos, perdona, busca la armonía, lo vimos llorar a lágrima viva a su novia Amber, medió entre House y Cuddy, etc. En estos momentos de poca verborrea sólo puedo decir buenas palabras al describir la características de este personaje, uno de los más pulcros y de sentimientos transparentes, con menos toxicidad. Si leyó la entrada anterior debería sospechar que de ser guionista, de una forma u otra le hubiera juntado con la doctora Cameron: la pareja perfecta, ética, responsable, pero de escaso conflicto que es justamente lo que está evitando una serie que ha tropezado con el abismo de la baja audiencia. 
Me aventuraría a asegurar que la serie dará un fin típico según  ha sido la tendencia: fidelidad a base de balas a su mejor amigo, incluso cuando le destruya la vida o lo deje sin licencia de practicar la medicina. Podría osar a decir que Wilson formará parte de la escena final. Sea como sea siempre ha estado allí y no será la ocasión para que así no suceda. Recreo la escena en mi mente: House y Wilson saliendo del hospital luego de que el primero dijera Everybody lies y el otro asintiera. Suena clisé, pero no deja de ser un clásico para indicar cierres de etapas con los protagonistas saliendo de un lugar y la cámara con tomas desde atrás y en lo alto. 
Chase y Foreman han sido fieles pero no guardan en sus características la nobleza que envuelve las conductas de Wilson ni la sanidad de sus sentimientos. ¡Gran actor Robert Sean Leonard: gracias inmensas para ti! De algún modo u otro volveremos a la realidad se llore cuanto se llore. 








miércoles, 8 de febrero de 2012

La extrañamos doctora Cameron



Estaba en la cocina y ya pensaba ciertas formas de comenzar esta nueva entrada al blog Sol de Mediodía / Midday sun. Siempre que hago eso creo frases geniales, pero al sentarme a escribir descubro que las he olvidado. Al menos el título se me ocurrió en la mañana y se quedó en mi cabeza. Creo que iba a empezar con algo como... 
Al fin llegué a la octava temporada de House M.D. y nunca sentí tanto la ausencia de un personaje como el de la doctora Allison Cameron luego de su salida en la sexta temporada de la serie. Y lo digo pues siento que al ver los primeros capítulos de la temporada ocho en que no hallo por lado alguno a Taub, Chase, Hadley o a Cuddy el espacio que dejó Cameron aún no se puede llenar; hasta su ex marido anda de cama en cama sin encontrar alguien con quien complementar su existencia. De no ser por Foreman ya nadie pondría al nunca bien ponderado Gregory en su lugar, a pesar de que siempre se sale con las suyas. 
Sé que Cuddy no volverá, en la séptima temporada le tomé cariño a esta directora del hospital Princeton-Plainsboro reflejo del paradigma de la mujer libre del siglo XXI, no obstante, la salida de la serie de Lisa Edelstein fue tan anunciada como su irrevocable postura de no volver por más dinero. La audiencia se resignó de antes. No volvió y se la extraña; Foreman es algo débil como director (sólo he visto hasta Charity Case) y sigue siendo hasta el momento un discípulo de las maestrías houssianas. Todos y todas esperábamos que Cuddy saldara cuentas con House, que le diera un tiro en su pierna defectuosa o que lo llevase a juicio, pero son cosas en que la realidad pesó más que la ficción. Se fue y no volverá. En contraste, la salida de mi favorita doctora Cameron fue algo difusa, blurry, no hubo claridad de si sus apariciones sería en episodios específicos o si continuaba en la siguiente temporada. Ni la prensa hollywoodense sabía cuáles serían las jugadas de Fox hasta que en la séptima temporada ya no se vio más el nombre de Jennifer Morrison en los créditos. Era el fin de uno de los personajes que más enriquecían la serie según mi punto de vista, o más bien, era el personaje que entregaba lo que yo espero de una buena serie. Se iba la doctora que cuestionaba las decisiones técnicas y maquiavelianas de su jefe con argumentos morales, la que lloraba la muerte de sus pacientes, la que no presumió jamás de su calidad médica, la elegida por Cuddy para reemplazarla, casada-viuda-casada-divorciada, tan distinta de Hadley y Cuddy (para qué decir de Amber), la que perdonó al áspero Foreman luego de que le robara su artículo y lo trató de amigo a pesar de las malas respuestas del actual director de Princeton-Plainsboro, etcétera (ella sí era un largo etcétera).
No creo -es más, me niego- a que hubiese cumplido el fin de su ciclo en la serie. Yo, abiertamente, la extraño y aún espero que vuelva y que vuelva a dirigir el hospital (ni más ni menos). Si es que se cumple la profecía del fin de House M.D. espero un final con Cameron incluida. Incluso con la resurrección de Kutner y Amber.




Nota: de los hombres mi personaje favorito es Wilson. En otra ocasión escribiré de los aspectos de su bondad y amistad de hierro. A estos temas debería dedicarse la prensa farandulera de Chile, a éstos.