Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)
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miércoles, 15 de enero de 2014

Lied por Rafael Alberto Arrieta

Éramos tres hermanas. Dijo una:
"Vendrá el amor con la primera estrella..."
Vino la muerte y nos dejó sin ella.
Éramos dos hermanas. Me decía:
"Vendrá la muerte y quedarás tú sola..."
Pero el amor llevola.
Yo clamaba, yo clamo: "¡Amor o muerte!
¡Amor o muerte quiero!"
Y todavía espero...

miércoles, 2 de mayo de 2012

Argentina: el llamado a la reivindicación latinoamericana

Esta entrada la quería escribir desde hace un tiempo, desde que al son de la noticia me surgió la inquietud acerca de si un nuevo hito internacional estaba naciendo y marcando un necesario -a mí parecer- punto de inflexión en América Latina. Debido a la vejez relativa de la información temo que esta opinión se interprete anacrónica, pero no fuera de contexto. No la he cambiado en ninguno de sus aspectos.

En menos de seis meses el gobierno argentino se enfrentó cara a cara con dos naciones europeas. Por una parte, reivindicó como legítimas las pretensiones de su estado para con la recuperación de las Islas Malvinas. En su estilo peronista suscitó la atención de los medios argentinos e internacionales, el tono de voz en las cadenas televisivas y radiales de la presidenta Fernández que mostraba un arrojo de imitar y una decisión a recuperar las islas en el corto plazo (en este periodo presidencial). De a poco y no consiguiendo muchas respuestas de David Cameron se le fue bajando el tono al conflicto. 

Pero el gobierno argentino no se quedó con eso, fue por más y concretamente. Hace casi un mes anunció la expropiación y postrera nacionalización de la petrolera YPF cuya gerencia y propiedad pertenecía, entonces, a una empresa española. Fernández consiguió el apoyo unánime del Congreso argentino y la nacionalización del 50,01% del petróleo ya es casi un hecho.

Más allá de las repercusiones de estos anuncios y las enérgicas respuestas del gobierno español (más amenazas que otra cosa), la reflexión que me cabe hacer es que visualizo a una Argentina dando el paso que nadie en la región ha querido dar. El paso que marca el fin de tanta obediencia al Consenso de Washington y que busca reposicionar a América Latina como un continente de países autónomos y descolonizados. Al menos, se puede entrever que Argentina esta vez no tomó una decisión con un análisis somero, sino que al contrario, tanteó el terreno del adversario y lo halló frágil, dominable, blando. En todo caso, el mundo entero lo pudo ver; la crisis de crisis económicas que azota a Europa no deja a alguno de sus países en pie de dar una batalla por dos frentes y con una balcanización tal que hay más recelo que confianza, más que temer que aliados. Ni Estados Unidos respaldó a España más de un día. Y cabe hacer la señalización pertinente de por qué este conflicto entre un Estado y una empresa extranjera se lleva a niveles de conflictos entre Estados. Esto puesto que el Estado de España tomó a título "personal" este, para ellos, desafío que Argentina vino a plantearles. Si ya los españoles estaban recortando el gasto público para reducir el déficit fiscal, dejar de recibir ingresos por impuestos a Repsol en YPF les resulta un ataque cada vez más cerca del Talón de Aquiles, un golpe a su estrategia cuyo planificador no tuvo la capacidad de avistar. Sin embargo, Argentina no dará pie atrás en sus actos y esto es algo que podría decir hasta científicamente en términos predictivos. 

Culturalmente, los argentinos se creen el cuento y aman a sus líderes peronistas (basta con leer los tweets de la presidenta Cristina). Puede que administrando estos nuevos recursos no lo hagan con la misma eficiencia ni gerencialismo que una empresa privada, pero ya el paso dado demuestra que están dispuestos a  asumir los costos y sacar su nación adelante con trabajo argentino, con su propia creación de valor. El pie que estaba pisando a Argentina perdió fuerza, comenzó a cojear y ésta se estabilizó, creció para ponerse de pie y ver frente a frente a su antiguo dominador y colonizador, quizá desde más arriba. 

Lamentablemente, el gobierno que me administra decidió dar la espalda a su vecino en momentos que necesita apoyo efectivo. El gobierno chileno no encontró decisión mejor que seguir con una política egoísta prefiriendo conflicto por sobre cooperación; pero como he manifestado antes, es un gobierno de derecha democráticamente electo y no podemos pedirle que actúe como de izquierda. El presidente colombiano por su país aseguró que en Colombia ningún gobierno iba a expropiar a las empresas, que fueran a invertir en paz, que siguen conformes con ingresos por impuesto que ingresos por utilidades de empresas públicas. Ciertamente en estos dos gobiernos no han advertido el mensaje que Argentina está transmitiendo a la región o no se están defendiendo los recursos nacionales para los nacionales.  No es el caso de Bolivia que el día de ayer anunciara la expropiación a una empresa española (otra vez) de electricidad para luego nacionalizar el bien. 

Quiero ser claro en mi opinión. Si existen Estados que no se han parado del piso en que los dejó el colonizador puede ser por dos motivos incluyentes: o les gusta estar en el piso, o bien les gusta mirar  de frente a su colonizador.

sábado, 26 de noviembre de 2011

El día en que Silvio no vino


Tocó en Argentina. No llegó a Chile como tantos y tantas quisieron.  Qué se la va a hacer, acá gobierna Piñera. Pensándolo bien quizá fue de artista porque indistintamente del presidente artificial de este país largo y sudoroso,  en Chilito está el movimiento estudiantil del siglo a nivel latinoamericano. Yo si fuera él viajo a conocer a Giorgio y a Camila. Simple. El día en que Silvio no vino Marcelo se lanzó a los rieles del Metro. Claudia se enojó con su novio. Giselle me dijo un garabato. Andrés probó la marihuana. Cientos y miles de jóvenes se suicidaron en mi hemisferio con la irritabilidad de la primavera. Yo amé un poco más a René Pérez Joglar. César mató la última neurona. Dafne recordó a su madre desde los Estados Unidos. Javiera le robó a un tipo el relajo del expirar el humo de su cigarro. Alexis volvió con la niña Leslie ¡Diantres! Sergio siguió con su mismo porte atrayente. Mi gata Cuba siguió muerta en un lugar que me duele no saber. Betsabé no limpió el ratón. José se burló de mí y se enturbió algo más mi odio hacia él. Sigo siendo un muerto de su felicidad. El Twitter cambió la configuración y pensé en cerrar Facebook. Mi mamá fue al gimnasio en la mañana. Mi papá siguió estoico en el acto de amor de ir a trabajar. Hubo un día menos para que conociera a Cristóbal. Cuanta gente murió y cuanta otra nació. Faltó menos tiempo para que naciera Emilia. La tierra se movió en varios lugares del mundo. El Transantiago siguió existiendo y me pregunté en qué estaría el transporte público de mi Copiapó. Volví a frustrarme sin ser poeta. Mi serie favorita siguió avanzando y yo seguí atrasándome. En el aire seguía persiguiéndome el aroma pasoso del amor. Diego se lamentó de que Silvio no viniera. Violeta siguió en el cielo. Sylvia preparó la once a su familia con burocracia. El sol dio más fuerte en el cuerpo de Felipe. En la cabeza de Mario siguieron reproduciéndose las neuronas. Antonio dejó pasar unas horas por si se oía mi sueño durmiendo. Dayán se rió a carcajadas contagiosas. Fernanda siguió llorando a Felipe, quizá mi mamá también. Aún no podía volver a oír Ángel para un final sin que me molestara y sin pensar que no tiene relación con la muerte. Martina siguió doliéndome en su distancia. Sebastián se ganó un nuevo odio. Salvador ganó un nuevo admirador. Alguien más cambió la T.V. por una radio. Pensé en inventar el día de los tíos y tías. Carmen me agradó más. Shakira movió sus caderas. Pensé si en Copiapó no se morirían de sed mis plantas y deseé que en paz descansaran mis gatos amados, mis dos conejos y el perro que nunca quise. El día en que Silvio no vino pasaron cosas en el mundo con los dólares, el cobre, el litio, el euro, el estaño, los anarquistas, el ministro, en la depreciación de la vida, en el accidente de la carretera. El día en que Silvio no vino en mi vida nada pasó, pero siguió pasando todo y nada más.