Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)
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lunes, 6 de octubre de 2014

Poema del hijo por Gabriela Mistral

A Alfonsina Storni

I

¡Un hijo, un hijo, un hijo! Yo quise un hijo tuyo
y mío, allá en los días del éxtasis ardiente,
en los que hasta mis huesos temblaron de tu arrullo
y un ancho resplandor creció sobre mi frente.

Decía: ¡un hijo!, como el árbol conmovido
de primavera alarga sus yemas hacia el cielo.
¡Un hijo con los ojos de Cristo engrandecidos,
la frente de estupor y los labios de anhelo!

Sus brazos en guirnalda a mi cuello trenzados;
el río de mi vida bajando a él, fecundo,
y mis entrañas como perfume derramado
ungiendo con su marcha las colinas del mundo. 

Al cruzar una madre grávida, la miramos
con los labios convulsos y los ojos de ruego,
cuando en las multitudes con nuestro amor pasamos,
¡Y un niño de ojos dulces nos dejó como ciegos!

En las noches insomne de dicha y de visiones,
la lujuria de fuego no descendió a mi lecho.
Para el que nacería vestido de canciones
yo extendía mi brazo, yo ahuecaba mi pecho...

El sol no parecíame, para bañarlo, intenso;
mirándome, yo odiaba, por toscas, mis rodillas;
mi corazón confuso, temblaba al don inmenso,
¡y un llanto de humildad regaba mis mejillas!

Y no temí a la muerte, disgregadora impura;
los ojos de él  libraran los tuyos de la nada,
y a la mañana espléndida o a la luz insegura
yo hubiera caminado bajo de esa mirada....

II

Ahora tengo treinta años, y mis sienes jaspea
la ceniza precoz de la muerte. En mis días, 
como la lluvia eterna de los polos, gotea
la amargura con lágrimas lentas, salobre y fría. 

Mientras arde la llama del pino, sosegada,
mirando a mis entrañas pienso qué hubiera sido 
un hijo mío, infante con mi boca cansada,
mi amargo corazón y mi voz de vencido.

Y con tu corazón, el fruto de veneno,
y tus labios que hubieran otra vez renegado.
Cuarenta lunas él no durmiera en mi seno,
que sólo por ser tuyo me hubiese abandonado. 

Y en qué huertas en flor, junto a qué aguas corrientes
lavara, en primavera, su sangre de mi pena,
si fuiste triste en las landas y en las tierras clementes,
y en toda tarde mística hablaría en mis venas. 

Y el horror de que un día con la boca quemante
del rencor, me dijera lo que dije a mi padre:
"¿Por qué ha sido fecunda tu carne sollozante
y se henchieron de néctar los pechos de mi madre?".

Siento el amargo goce de que duermas abajo
en tu lecho de tierra, y un hijo no meciera
mi mano, por dormir yo también sin trabajos
y sin remordimientos, bajo una zarza fiera.

Porque yo no cerrara los párpados, y loca
escuchase a través de la muerte, y me hincara,
deshechas las rodillas, retorcida la boca,
si lo viera pasar con mi fiebre en su cara.

Y la tregua de Dios a mí no descendiera:
en la carne inocente me hirieran los malvados,
y por la eternidad mis venas exprimieran
sobre mis hijos de ojos y frentes extasiados. 

¡Bendito pecho mío en que a mis gentes hundo
y bendito mi vientre en que mi raza muere!
¡La cara de mi madre ya no irá por el mundo
ni su voz sobre el viento, trocada en miserere!

La selva hecha cenizas retoñará cien veces
y caerá cien veces, bajo el hacha, madura.
Caeré para no alzarme en el mes de las mieses;
conmigo entran los míos a la noche que dura. 

Y como si pagara la deuda de una raza,
taladran los dolores mi pecho cual colmena.
Vivo una hora entera en cada hora que pasa;
como el río hacia el mar, van amargas mis venas.

Mis pobres muertos miran el sol y los ponientes
con un ansia tremenda, porque ya en mí se ciegan.
Se me cansan los labios de las preces fervientes
que antes que yo enmudezca por mi canción entregan. 

No sembré mi troje, no enseñé para hacerme
un brazo con amor para la hora postrera,
cuando mi cuello roto no pueda sostenerme
y mi mano tantee la  sábana ligera.

Apacenté los hijos ajenos, colmé el troje
con los trigos divinos, y sólo de Ti espero,
¡Padre Nuestro que estás en los cielos!, recoge
mi cabeza mendiga, si en esta noche muero.


Poema dedicado, a su capacidad sabia de permanecer en mi memoria de eterno plazo.

jueves, 2 de enero de 2014

Hablando al Padre por Gabriela Mistral

Padre: has de oír
este decir
que se me abre en los labios como flor...
Te llamaré
Padre, porque
la palabra me sabe a más amor.

Tuya me sé
pues que miré
en mi carne prendido tu fulgor.
Me has de ayudar
a caminar,
sin deshojar mi rosa de esplendor.

Me has de ayudar 
a alimentar
como una llama azul mi juventud,
sin material
basto y carnal:
¡con olorosos leños de virtud!

Por cuanto soy
gracias te doy:
porque me abren los cielos su joyel,
me canta el mar
y echa el pomar
para mis labios en sus pomas miel. 

Porque me das, 
Padre, en la faz
la gracia de la nieve recibir
y por el ver
la tarde arder:
¡por el encantamiento de existir!

Por el tener 
más que otro ser
capacidad de amor y de emoción
y el anhelar
y el alcanzar, 
ir poniendo en la vida perfección.

Padre, para ir 
por el vivir,
dame tu mano suave y tu amistad,
pues, te diré,
sola no sé
ir rectamente hacia tu claridad.

Dame el saber 
de cada ser
a la huerta llamar con suavidad,
llevarle el don,
mi corazón,
¡y nevarle de lirios su heredad!

Dame el pensar
en Ti al rodar
herida en medio del camino. Así
no llamaré,
recordaré
el vendador sutil que alienta en Ti.

Tras el vivir,
dame el dormir
con los que aquí anudaste a mi querer.
Dé tu arrullar
hondo el soñar.
¡Hogar dentro de Ti nos has de hacer!

sábado, 25 de mayo de 2013

Extracto de La Gabriela

Como una enamorada estoy pensando
cómo será el momento en que yo caiga
con mi cuello sobre tu brazo.
¿Cómo te miraré, cómo me mirarás?

Amo, amo, amo, 
es decir, tengo hecha miel la sangre
hechos música los suspiros.

Es la segunda vez que Dios pasa por esa puerta
la primera fue cuando nací
y ahora que por amor vuelvo a ser nueva como el recién nacido.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Coplas por Gabriela Mistral


A la azul llama del pino
que acompaña mi destierro, 
busco esta noche tu rostro, 
palpo mi alma y no lo encuentro. 

¿Cómo eras cuando sonreías?
¿Cómo eras cuando me amabas? 
¿Cómo miraban tus ojos 
cuando aún tenían alma?

¡Si Dios quisiera volvérteme
por un instante tan sólo! 
¡Si de mirarme tan pobre 
me devolviera tu rostro!
...................................

Para que tenga mi madre
sobre su mesa un pan rubio, 
vendí mis días lo mismo 
que el labriego que abre el surco. 

Pero en las noches, cansada,
al dormirme sonreía, 
porque bajabas al sueño 
hasta rozar mis mejillas. 

¡Si Dios quisiera entregárteme
¡por un instante tan sólo! 
¡Si de mirarme tan pobre 
me devolviera tu rostro! 

...................................

En mi tierra, los caminos
mi corazón ayudaran: 
tal vez te pintan las tardes 
o te guarda un cristal de aguas. 

Pero nada te conoce
aquí, en esta tierra extraña: 
no te han cubierto las nieves 
ni te han visto las mañanas. 

Quiero, al resplandor del pino,
tener y besar tu cara, 
y hallarla limpia de tierra, 
y con amor, y con lágrimas. 

Araño en la ruin memoria;
me desgarro y no te encuentro, 
¡y nunca fui más mendiga 
que ahora sin tu recuerdo!

No tengo un palmo de tierra,
no tengo un árbol florido... 
Pero tener tu semblante 
era cual tenerte un hijo. 

Era como una fragancia
exhalando de mis huesos. 
¡Qué noche, mientras dormía, 
qué noche, me la bebieron! 

¿Qué día me la robaron,
mientras por sembrar mi trigo, 
la dejé como brazada 
de salvias junto al camino? 

¡Si Dios quisiera volvérteme
por un instante tan sólo! 
¡Si de mirarme tan pobre 
me devolviera tu rostro! 
...................................

Tal vez lo que yo he perdido
no es tu imagen, es mi alma, 
mi alma en la que yo cavé 
tu rostro como una llaga. 

Cuando la vida me hiera,
¿a dónde buscar tu cara, 
si ahora ya tienes polvo 
hasta dentro de mi alma?

domingo, 6 de mayo de 2012

Himno Cotidiano por Gabriela Mistral

Este último tiempo no le he dado espacio suficiente a mi propiedad intelectual ni a mi creatividad. Sólo un poema predecible fue lo último realmente artístico a lo que di vida. Es de admirar a los escritores que trabajan con editoriales y producen literatura por obligaciones contractuales, aún sin estar inspirados/as. Yo no podría producir por obligación ni por cumplir. 

Pues bien, como pueden prever por lo que he dicho y el título de la entrada, lo que leerán a continuación es una creación de Gabriela Mistral, la Premio Nobel de Literatura chilena que se ha venido a configurar como una de mis grandes inspiradoras junto con Violeta Parra. El poema lo aprendí de memoria en séptimo básico por una calificación y por ser tan niño, relativamente al alcance de varias comodidades, no entendí muy bien qué era el esfuerzo que se relata en la obra; a lo más asumí que era levantarse temprano para llegar a la escuela. Junto al paso de los años he ido aprendiendo lo que significa el esfuerzo y el mensaje entregado. Himno Cotidiano es la invitación a amar lo que hacemos, a trabajar con tesón y convicción y a no darse por vencido/a ante los obstáculos y  a ser agradecidos/as de Dios/a.

En este nuevo día 
que me concedes ¡Oh Señor!
dame mi parte de alegría
y haz que consiga ser mejor.

Dame Tú el don de la salud,
la fe, el ardor, la intrepidez,
séquito de la juventud;
y la cosecha de verdad,
la reflexión, la sensatez,
séquito de la ancianidad.

Dichoso yo si, al fin del día,
un odio menos llevo en mí;
si una luz más mis pasos guía
y si un error más yo extinguí.

Y si por la rudeza mía 
nadie sus lágrimas vertió,
y si alguien tuvo la alegría 
que mi ternura le ofreció.

Que cada tumbo en el sendero
me vaya haciendo conocer
cada pedrusco traicionero
que mi ojo ruin no supo ver.

Y más potente me incorporé,
sin protestar, sin blasfemar.
Y mi ilusión la senda dore,
y mi ilusión me la haga amar.

Que dé la suma de bondad
de actividades y de amor
que a cada ser manda dar;
suma de esencias a la flor
y de albas nubes a la mar.

Y que por fin, mi siglo engreído 
en su grandeza material,
no me deslumbre hasta el olvido
de que soy barro y soy mortal.

Ame a los seres este día;
 a todo trance halle la luz,
ame mi gozo y mi agonía:
¡ame la prueba de mi cruz!

domingo, 15 de enero de 2012

La Gabriela




Este poema lo oí en una serie de un canal chileno. El capítulo se llama La Gabriela en donde actúa Ximena Rivas protagonizando la vida de Gabriela Mistral. Personalmente me gustó el episodio en que se citaba ciertos poemas de la poeta; sin embargo, aparecieron otros que no sé si son de la autoría de Mistral porque busco sin encontrar. En todo caso son versos muy mistralianos y lo más probable es que sean de ella. [Totalmente recomendable] 
http://www.taringa.net/posts/tv-peliculas-series/3426090/Gabriela-Mistral---La-Gabriela-TVRip-TVN-_-Libros.html


"Como una enamorada estoy pensando
cómo será el momento en que yo caiga
con mi cuello sobre tu brazo.
Cómo te  miraré, cómo me mirarás
Amo, amo, amo.
Es decir, tengo hecha miel la sangre
Hechos música los suspiros.
Es la segunda vez que Dios pasa esa puerta;
La primera fue cuando nací
Y ahora que por amor vuelvo a ser nueva como un recién nacido."

miércoles, 27 de octubre de 2010

El Dios triste por Gabriela Mistral

Mirando la alameda de otoño lacerada,
la alameda profunda de vejez amarilla,
como cuando camino por la hierba segada
busco el rostro de Dios y palpo su mejilla.

Y en esta tarde lenta como una hebra de llanto
por la alameda de oro y de rojez yo siento
un Dios de otoño, un Dios sin ardor y sin canto
¡y lo conozco triste, lleno de desaliento!

Y pienso que tal vez Aquel tremendo y fuerte
Señor, al que cantara de locura embriagada,
no existe, y que mi Padre que las mañanas vierte
tiene la mano laxa, la mejilla cansada.

Se oye en su corazón un rumor de alameda
de otoño: el desgajarse de la suma tristeza.
Su mirada hacia mí como lágrima rueda
y esa mirada mustia me inclina la cabeza.

Y ensayo otra plegaria para este Dios doliente,
plegaria que del polvo del mundo no ha subido:
"Padre, nada te pido, pues te miro a la frente
y eres inmenso, ¡inmenso!, pero te hallas herido".