Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)
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martes, 23 de julio de 2013

La libre canción

Estimado, escribir un blog es una actividad que conlleva riesgos. Escribir un blog como éste es un peligro siempre inminente sobretodo porque opté por el camino de la verdad, de ser yo y no un personaje anónimo que escribe escondido. Elegir escribir o y no a, por ejemplo. Quiero ser leído y el clisé de transformarse en un bloguero anónimo conocido es de tan mal gusto que no va conmigo. Carrie Bradshaw es ficción.

Los personajes y personas que acá habitan merecen una cuota de respeto pese a que a veces lo falté de sobremanera y pido las disculpas por las incomodidades. De todas formas, mientras no me lo digan expresamente, no me detendré y será esta entrada una más donde corra el riesgo que conlleva cantar mi libre canción.

Creo que en la vida la eternidad es efímera, es decir, lo que ayer creí que era para siempre hoy se confirma como un momento finito más, tal cual es la naturaleza del ser humano. Ayer o mejor dicho, meses atrás yo me sentía enamorado y no sé bien si lo estaba, pero si me lo hubiera cuestionado entonces lo habría confirmado sin pensarlo (los enamorados no piensan mucho las cosas). Eso es sólo una introducción, no pretendo elaborar una triste perorata para desprestigiar a este sentimiento universal porque reluciría mi mala suerte y falta de cariño ¡qué triste! Y bueno, ya no te quiero, ni te estimo, ni te nada, ese estimado que escribí allá arriba es una mera formalidad; ayer y  desde hace bastante tiempo que leo tu muro de Facebook y no se me revuelve el estómago pensando en que vas a estar en alguna relación o enviándote corazones con tus amigas y las amigas de tus amigas, miro tus fotos y siento sueño de ver en todas ellas a las mismas personas haciendo las mismas cosas, leo los mismos estados celebrando las mismas fiestas vacías de siempre. Parece que quiero a otro(s) con un poco más de intensidad que en condiciones de normal salud mental o tal vez he vuelto a pensar que debería quererme un poco más a mí (es cíclico).

Esto es un final y para ti puede ser el término de una situación incómoda pero seductora, el fin que esperabas desde los días de junio del año pasado, y quién sabe si te entristece, a mí ya no me incumbe saberlo. Tampoco digo que te odie o que ya no me simpatices, es sólo que ya no voy a seguir fingiendo ni forzando sonrisas y situaciones que nunca debieron ser, pero a lo hecho, pecho. Esto es un final. Y para mí es un imperativo moral zanjar este entuerto por la vía que nació junto a mi cobardía y valentía; el narcisismo me exige que pueda sentirme más libre incluso de mí. Se acabó y como todo muerto, seremos de a poco un breve recuerdo: las coincidencias, las peleas, los abrazos, las miradas, los amigos, los mensajes, la fe, los poemas, las canciones y mi dolor. Todo reductible a un trozo de memoria que desea borrarse como en el Eterno resplandor de una mente sin recuerdos.

Y como no soy malagradecido, gracias por ser mi primera libre canción y no aniquilar mis intentos en ciernes. ¡Suerte!

martes, 16 de julio de 2013

Hoja en blanco

Hoja en blanco. 

Hoja en blanco.

Historias cero. 

Debo ser más solidario conmigo. Cuatro historias amorocientas a la mitad. Dos no tienen sentido, una la concretaría a ojos cerrados y la otra se concretó y murió, pero fue feliz mientras vivió. Las ciencias del amor predicen fácilmente un período más de tormenta con la que concretaría a ojos cerrados, cerca de quince entradas despechadas y ocho poemas malos y llorados. Si fuera inteligente y frío que es como debemos ser los hombres de este siglo, usaría las dos historias sin sentido para pasar las penas, pero soy irracional y voy a sumar pronto una nueva historia de incertidumbres, de noches rezando y palabras incómodas... tanto que probablemente me aventure una vez más a escribir en este medio bendito su nombre de pila. Es que yo siento que ya lo amo y que todas las canciones calzan con él, todos los personajes de las teleseries podríamos ser nosotros dos, que todos los poemas derrumban paredes si los recito pensando en él y que no debiera haber noche en que no lo sueñe. Pero no cualquier sueño, tiene que ser un sueño como el de hace dos semanas en que andaba Jaime Parada volando por los cielos sucios de Santiago buscando una habitación tipo estudio con baño y yo le ayudaba (cómo no lo iba a ayudar, pobrecito)... subía al hotel donde estaba esa habitación, pisos altos para que Jaime saltara del helicóptero (da lo mismo lo que pase con el helicóptero si es un sueño no más). Cuando bajé o parece que cuando subí a la habitación yo me lo había encontrado a él que con gesto de reprobación por mi conocido arrastre, movía la cabeza de lado a lado como queriendo decir que por él no hacía cosas así porque no era famoso, que para qué era tan tonto (en realidad su cara quería decir patético, pero lo perdono... estaba picado). Debo rescatar su vestimenta porque él siempre anda con buzos y ropas gruesas que ocultan bien su atlético cuerpo, pero en mi (MI) sueño andaba con un chaleco tipo Polo color mostaza oscura con esos yacaré que dan enorme distinción y debajo una polera de piqué, pantalones de tela... y su cara morena con lunar queriéndome decir ¿para qué haces esto si me tienes a mí? Y conocí tus ojos negros. Yo también exijo harto, exijo tiempo, paciencia y resultados. Hace frío, me aclimato rápido al invierno copiapino. Yo creo que cuando lo vea otra vez le voy a dar un abrazo haciéndome el buena onda, el que saluda a todos, tanto tiempo sin vernos aunque yo lo mire a través de mi pantalla hora por medio. Y cuando me diga hola bien y tú, mentiré una vez más, como un profesional de la mentira para inventar algo con lo que alargar esa conversación. Le diré que ahora hago deportes, que me voy a cambiar de carrera o que me voy de intercambio a Ámsterdam. Todo por una palabra más, por un segundo más al goce de su olor como cantara Silvio Rodríguez, todo para celebrar en mi mundo de fantasía aquel día feliz que está llegando.

domingo, 23 de junio de 2013

Carta motivacional: 'Algún día'

Querido, estimado y muy sentido amigo. Amigo en el sentido coloquial de la palabra, no realmente amigo… no sé cómo poder llamarte sin necesariamente volver a repetir tu nombre, me imagino que entiendes y aceptarás otra excentricidad más de mi parte. Sabes bien lo mucho que me avergüenza exponerme a este nivel.

Como no encontré motivo suficientemente grande para llamar o enviar algún mensaje vía tecnología de celular, me envalentono para escribir una entrada más de nuestra no historia porque te echo de menos a menudo. ¿Cómo amaneciste hoy o el once de junio?, ¿qué músculo te dolió más en el entrenamiento?, ¿cuántas botellas de cervezas bebiste en el último asado?, ¿creciste un poco o sólo has perdido peso?, ¿cómo está tu familia? y ¿sigues juntándote con las mismas malas influencias de siempre?

Hace poco me afeité la barba, es que quería engañar a la gente y parecer más delgado que de costumbre como lo hace Gabriel Boric o al menos intentarlo. De todas maneras he contado a diez personas que me han dicho que he perdido peso y creo que debe ser el té mágico que encontré en una tienda china sumado al pan integral y los ejercicios que me recomendó mi hermano. No sé qué más decirte, es que me siento bien, tengo paz y creo que de seguir sin viéndonos ya no te extrañaré en lo absoluto, lo que me deja más tranquilo al fin y al cabo, quizás te pueda olvidar sin darme cuenta.

Está haciendo mucho frío y sabe que sigo esperando el día que me quieras, con fe y estoico. Creo que al menos en eso no erro porque la fe mueve montañas y ellas se moverán. Pues bien, termino esta misiva y espero que más temprano que tarde, le guste a quien le guste, podamos aunar los ánimos y compartir las mañanas, el té, el mate, el café y el pan, comentar juntos las noticias de Copiapó, de su equipo de fútbol y su mal alcalde, que me retes si me ves prendiendo un cigarro y me invites a comer y sí... que hablemos de la tabla de posiciones, de cervezas, los lugares de Santiago y de la película que podríamos ver en el cine o en la cama. Bendiciones. 

P.D.: sé que también me quieres porque nadie te ha querido a través de un blog nunca. Con eso me gané un ventrículo para siempre. 

jueves, 14 de febrero de 2013

Mi cocina idílica


Estoy sentado en la mesa de la cocina pensando y afirmando de que soy un hombre lleno de manías y reglas que escucho en otras casas y cuando me parecen apropiadas las adquiero. ¡Cuántas de todas mis reglas son propias y cuántas no lo son! No sé. El año pasado, por ejemplo, fui a la casa de mi amigo en Freirina, y en la cocina había un sistema tan eficiente para que la loza se secara sola y me urge replicarlo en casa. Ellos no usan la típica estructura en que se deja la vajilla una vez lavada para que se seque y luego guardarla, sino que eso mismo está en los muebles donde se guardan las cosas de la cocina, en vez de una base de madera tienen una rejilla como las que tienen en los bancos de las escuelas, entonces, al ubicarse justo encima del lavaplatos, no hay necesidad de secar nada porque se hace solo. 

Sin embargo, en la cocina es donde más reflejo mi característica de hombre normado y sólo secaría los vasos y las fuentes de vidrio porque se ve muy feo que las manchas de gotas queden ahí. A nadie le da ganas de tomar agua en un vaso así, ni a mí aunque yo mismo los hubiera lavado. Soy un macho difícil, pero no se preocupen, porque somos pocos. 

En casa, la cocina ha transitado por diferentes lugares, debajo del baño adornada por una tubo de cañería colosal, luego la ubicaron en una ampliación en donde tomó condición de entrada a la casa provisoria -cerca de 10 años- para terminar en 2012 al lado del baño, pero más amplia y estética. Cada vez tenemos menos patio y es la cocina más grande que hayamos tenido, ¿será por eso que proporcionalmente hemos ido subiendo todo de peso? Quién sabe.

El piso es de baldosas café -mi condición me permite ver y conocer menos colores, lo que es un lujo- y antes de almorzar debe estar barrido, no necesariamente trapeado, pero sin basuras ni migas de pan. Lo mismo para todas las comidas porque la mesa está en la cocina. Cuando se terminan las comidas, soy partidario de que la mesa quede limpia y con, a lo más, un adorno encima. Así queda libre para el estudio, leer el diario o bien, para que las moscas no tengan en qué subirse. La cocina idílica no tiene televisores, sólo una radio y por si la necesidad espacial no deja más opciones, la lavadora. El refrigerador tiene prohibido almacenar alimentos cocinados por más de tres días y la organización debe ser ejemplar: una rejilla para los lácteos más lo del desayuno y once, en otra las frutas y en las de abajo las verduras que necesiten refrigeración. La bandeja de los huevos es para los huevos, no para otras cosas, lo mismo que la bandeja para las botellas. En el congelador las carnes y mucho espacio para las cubeteras, son muy buenos los refrigeradores no frost. Las frutas que queden en canastas deben estar correctamente tapadas para evitar que se posen las moscas. La cocina en sí la limpio después de todas las veces que preparo algo y si frío alimentos, la tetera y todas las ollas tienen que salir del lado del sartén para que no salpique aceite. Toda vez que se coma pescado o huevos he de lavar con cloro para que no se impregne en la loza el pésimo olor que dejan esos alimentos. El aceite se usa una vez y se bota, vaciándolo en una bolsa de nylon y luego al tarro de la basura. Todas las ollas y sartenenes se deben colgar, nunca guardarlos en el horno porque ese es el lugar para las fuentes. Algún día tendré un horno de barro si vivo en casa, incrustado en la pared si hablásemos de departamento. Encima del microondas, del refirgerador u horno eléctrico o de cualquier otro artefacto, jamás dejar otros elementos: pecado capital. Las cosas del aseo en un mismo lugar o compartimento. Las cosas de plástico están mejor en los muebles altos y las de vidrio o loza están mejor en muebles bajos para no correr riesgos ni peligros con los temblores. Que bueno que en la cocina de casa hay excelente ventilación e iluminación. Si por casualidad usted viviera en Copiapó, tener el bidón y dispensador de agua mineral hablará muy bien de sus niveles de información y gozará de buena salud urinaria (nunca tome agua de la llave). Nuestro posadero de utensilios tiene tres espacios y antes todos dejábamos los servicios en cualquier lugar luego de lavados para que se secaran, pero me di cuenta de cuánto sirve dejarlos desde ya separados: tenedores, cucharas de sopa y té y cuchillos de esparcir y cortar diferenciadamente. Para lavar, desde lo que tiene menos grasa hasta lo que tiene más, desde lo que no tiene huevo o pescado hasta lo que sí tiene, tazas y vasos, servicios, platos y platillos, fuentes. 

Finalmente, da mucho gusto ver una cocina bien ornamentada, aunque me reduzco a los post-it, a los números del camión del gas y a las pequeñas plantas de cactus. Si tiene animales, evite darles comida al lado de uno, mientras cocina, o tirarles los huesos mientras come o si se los pide, de lo contrario nunca se los sacará de encima. Por nada del mundo deje un papel higiénico encima de la mesa o un matamoscas.

P.D.: declaro mi total repudio a las cocinas que tienen papel de aluminio para que no se ensucien con el salpique de los líquidos. Mi repudio total a las ceras depilatorias y sus olores en la cocina, falta de respeto por donde se mire. 

lunes, 11 de febrero de 2013

A fuerza de verso

¿Cuántas bocas y no la mía han salpicado el goce de tus besos?
¿Millones de rojos labios bebieron de mi tibia fuente de rocío?
Sabe, ni rosas ni golondrinas, han de arrogarse el que es mi derecho,
ni menos han de rondar mi néctar, mis mieles de dulce sonido.

Lo que se gana palabra a palabra, a fuerza de verso,
desde el sueño de tu vida hasta tu caligrafía de madeja,
es el todo que te habita, revolución que yo no vendo.
Pedazo de alma mía, te tiñes de color madera.

Azul, como eres, te pintan las madrugadas mientras duermo,
para que no me olvide de tus rasgos y mermarnos la distancia,
para que recorra fibras, los volcanes y los llanos de tu cuerpo.
Entonces, alegría de mi llanto, no te extrañan mis mañanas.

miércoles, 1 de agosto de 2012

¿Duda o verdad? Verdad


No ha sido simple la tarea de establecerme en los pensamientos la ridícula norma de seguir evitando a mi amor imaginario. La vida está fría, el invierno peligroso para salvaguardarme de las aventuras que creo para sembrar algún grado de calor en este valle cada día más seco. Como preví, estoy experimentando los primeros coletazos luego de la despedida a Matías, sin duda son los más terribles y dolorosos porque aún van caminando tan cerca de la esquina que los vio partir que todavía es fácil arrepentirme. Se han hecho innumerables los sueños inundados de su imagen, la vida se me está complicando por riesgos que no existen y supuestos inventados.

En honor a la verdad, Matías está muy lejos de estar leyendo estos escritos repetitivos y azules. Nada ha cambiado mucho en este casi mes sin verlo. No ha cambiado mi inexistencia en su conciencia y a mí a veces me sigue importando alguien que no sabe que me importa. Matías en este momento piensa en mil cosas y yo no alcanzaré a ser mil uno; la noche, el alcohol, el fútbol, una película, una fiesta, la playa, una mujer, un amigo, un juego de computador podrían ser verdugos tan buenos para seguir neutralizándome.Y a veces digo que no me importa, que me da lo mismo pero acá estoy tratando de encontrarle una explicación a esta invención de muy mal tino: soberana cagada la que me mandé. Pésima estrategia escribir a alguien que no le importas lo que escribes en las redes sociales, que no le gusta leer y además en un idioma sensible y rebuscado. Jamás tuve por dónde. Ahora pienso que sería bueno saber quienes leen este blog porque el chisme es grande y así pudo haber llegado a sus ojos. Pero no, este blog no es leído por muchos y está virgen de sus ojos. Seamos honestos, estoy lejos de ser una contribución a la lengua española (lástima por mí que quiero ser columnista de una revista o diario).

Hubo un día anterior a la entrada de Matías en mi cabeza, un sábado frío y Ámsterdam en que dejé todo empezar, transformé un gesto sin importancia en un evento focalizante, armé una esperanza donde no la había, cree una ficción, algo parecido a enamorarse de un maniquí y no me di cuenta cuando de verdad entré al laberinto: noche que pasaba era una noche soñada con él, una mañana de esperanza y un día de ansias en que para disimular la derrota cotidiana me convencía de que esto no era siquiera un experimento, era un tipo de juego del que me serviría para escribir hasta que hubo cosas que ya no supe distinguir. Ahora lo he seguido soñando y dudo mucho, analizo mis sueños, les doy vuelta antes de levantarme, llego a creer que puede haber algo, que la magia existe. Hay días en que me gobierna la intuición, todo lo adivino y lo que pienso ocurre. Vivo en la desorientación total y con pocas certezas.Son pocas las cosas que me atrevería a decir con seriedad: no amo, a veces me he enamorado, pero esta vez he tenido una prudencia mínima de no caer en ello; más bien esto es un capricho que ha durado más de lo que debería, me sorprendió con las defensas bajas. La duda puede tanto, logra incluso que yo le de el beneficio de su existencia y que siga ampliando las ganas de que esto tome asidero en la realidad al nivel de romper toda verdad establecida. Al fin y al cabo el límite siempre estuvo en un beso.

Es difícil este tránsito entre la duda y la realidad. No hay peor ciego que el que no quiere ver, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, el que no se arriesga no cruza el río, no hay mal que por bien no venga: certeza cero. Por mientras caminaré por la ruta positivista, porque este blog no lo lee nadie y no hay globalización que valga para romper las barreras que yo mismo creé.

jueves, 19 de julio de 2012

Se ha caído el muro

Me armé de valor para decir lo que sigue. Hoy tomé la decisión de escribir el fin a la utopía, al anquilosamiento de mi misión imposible. Habría costado menos si mi papá no se hubiera bebido la última lata de cerveza que quedaba en el refrigerador o me hubiera ofrecido un cigarro, pero es mejor así: la sonajera de tripas me lo prohíbe; prefiero perder este amor que mi intestino, al fin y al cabo este es el punto más crítico de todos porque me quiero tanto y más de lo que había creído. Se debe tener coraje para concluir con la frente en alto esta idea de melodrama inventado. Se va Matías, si lo quisieron o lo odiaron, laméntenlo o celébrenlo por vez última; mi deseo legítimo y superior de bienestar permeó las largas ganas de concreción. Por más que quise, la vida no es justa y uno no siempre tiene lo que cree merecer. 

Ya no habrá más de sus maneras irresistibles ni de su cortesía intachable. Sólo va a quedar una experiencia rica en conocimiento de cómo no se hacen las cosas y de las cosas que un tipo impaciente no debería hacer. Tampoco seguiré forzando mi imaginación para aumentar o crear cualidades que Matías no tiene ni tendría, en que modelaba tiernos escenarios y finales inconclusos pero con el comienzo del próximo episodio totalmente maquinado. Él seguirá siendo un hombre feliz y pleno como la ha sido hasta ahora en la vida real, su idea y realidad dentro de este blog se morirán y sin embargo yo lo seguiré queriendo y extrañando igualmente, dentro de lo posible y límites autoestablecidos, de manera decreciente. Seguramente albergaré el mismo sentimiento de impotencia mientras por algunos meses Matías siga alojando en mis sueños, porque de eso sé bien y no podré hacer mucho, pero se nos va y debemos aceptarlo tanto como al amor inmenso que no sabía tenía por mí, un egocentrismo profundo. 

Tengo miedo a terminar como El niño que enloqueció de amor y a ese sentimiento de ser foco de lástima. Es verdad que nadie me provocó, que yo empecé todo queriendo ser un envalentonado y jugar a la ficción, pero como en todo juego tenía el cincuenta por ciento de las probabilidades de fracasar y perdí, ahora quedan las canciones, los poemas y las cartas que jamás me habría atrevido a enviar. 

Es por eso, Matías, que si alguna vez accedes a estos trozos de divagación y te das cuenta de esta realidad, que no alcanzó a serte siquiera paralela, sabe que te quise con un cariño diáfano y con las mejores intenciones, pero quizá el arroz con leche no era suficiente, las diferencias eran más grandes que mis expectativas, un beso no hizo el verano que quise, el amor propio primó o quizá el miedo a ser derrotado por una invención, nuestros nombres no eran compatibles o bien nuestros cumpleaños. Hay tantas hipótesis y ninguna con relevante significancia. Ha sido un honor, pero más que todo un temor. Nadie merece vivir así.

domingo, 17 de junio de 2012

Monólogo entre Matías y yo

Me sorprendió que el conserje me dijera tu nombre, adelante, bienvenido. Está difícil el clima en Santiago. ¿Siempre ha sido así? Voy a que de un momento a otro se nubla y llueve como si... toma asiento, voy a buscar la chaqueta para mineros que me regaló mi tío Flaco hace dos años en Copiapó, es lo más abrigado que hay, hecha para soportar el frío en la cordillera. No me esperaba que vinieras, demás está decirte que puedes venir cuando desees, sólo avísame porque a veces salgo. ¡Qué mentira la mía, con suerte salgo a pasear a la universidad, vivo encerrado! Acá está, póntela si gustas. Tengo té ¿quieres? No doy más del frío, lo único que deseo es terminar de estudiar y largarme al norte. Prefiero vivir con calor todos los días que andar tomando cosas para calentar el cuerpo, con guateros y dolor de los huesos. Sí, me he avejentado, pero debo tener alma de viejo, sólo alma porque la sabiduría no la reflejo por ningún poro, por ninguna palabra; boto pelo, no bebo alcohol por mucho tiempo, prefiero el té, escuchar radio, escribir, leer, mirar a los animales y reclamar. Mi mal genio lo habrás notado. Sí, supe que perdieron, una lástima... pero sólo es un juego y perder tiene el treinta y tres por ciento de probabilidades. Es bueno aprender a vivir con la derrota, transversal a la vida. ¿Te abrigaste? ¿Más té? ¿De verdad que no? He visto que te ha ido bien en la universidad, me alegro tanto. No a mí no como quisiera, pero creo que aprobaré. Sí, dime, de verdad que no te esperaba por acá. Pero relájate hombre, te noto nervioso. No te preocupes, confía en mí. Sabía que alguien te iba a decir que la leyeras, pero sí, me refiero a ti y lo siento por no ser tan directo, pero es mi manera de decir las cosas, un cobarde por donde se me mire. Prefiero llamarle estrategia, en todo caso, discúlpame si es que esto te incomoda aunque por esa sonrisa veo que incómodo es lo menos que estás. Claro que se te nota, ¿o no te estabas comiendo las uñas recién? De todas maneras me importa bien poco que te inquiete o que te moleste, no hay mucho que esté a mi alcance para evitar lo que siento y si así fuera, no funcionaría. ¿Por qué no puede ser? ¿Ser qué, en primer lugar? ¿Y qué es esto según tú? Yo sí sé y puede ser que haya sido exagerado en mis términos, puede ser que no te ame (no, en lo absoluto) y que haber dicho que te quería sonara y fuera forzado, pero acá estamos, me gustas y mañana también me vas a gustar, ¿y yo te gusto? Bueno, eso es lo que esto es: me gustas y estás acá, en la boca del lobo, aunque nadie te invitó. Podemos seguir siendo amigos, lo sé, pero también es legítimo que siempre pueda verte con otros ojos y que me vuelvas loco, un poco irracional. Pero qué ojos que tiene, qué labios tan bien definidos, el color de su piel seduce, ese cuerpo atlético y su sentido del humor. No es mi culpa que nunca te haya pasado, podrías acostumbrarte a esto, no debo ser el único ni el último. ¿Por qué miras tanto la hora? Prende el televisor, quizá estén transmitiendo el partido, yo no los veo ni me gustan, pero para que veas que he querido quererte, prende el televisor y veamos el partido juntos, ¿a quién tengo que apoyar? No es tan difícil, nunca me ha gustado Colo Colo. Soy de la U entonces, pero no se siente nada. Una cerveza estimado, para que se nos pase el frío digo, me imagino que no te da asco compartirla. Bueno, ahí va a estar. En la tele siempre muestran que los partidos de fútbol se miran de frente y los otros sillones no miran al televisor de frente, así que permiso. Faltan como diez minutos para que empiece, que bueno que jueguen afuera si no no estarías acá pues. Puchas Mati, lo siento pero no puedo evitar que me gustes, quizá se me pase como muchas otras veces. Pero no me toques mucho para hablarme o no respondo, no forcemos las cosas mejor. ¿Y estás pololeando? Yo tampoco, qué coincidencia, parece que nos hubiéramos puesto de acuerdo. Siempre me dicen eso de que "sé hacerla", pero cómo un hombre con tu aspecto está solo, no lo entiendo, eso es para personas como yo, más bien feas y desabridas. No empieces, soy feo y mis papás nada más tienen derecho a negarlo. Gracias, no está demás decirte y repetirte que también eres muy bonito, en especial muy lindos ojos y labios. No te sonrojes, cualquiera lo diría. Sí, tengo el autoestima baja, pero de lo poco que me gusta de mí son mis manos, la manera de mis dedos, la configuración de mis venas. Déjame ver las tuyas, no están mal pero esas uñas mascadas se ven pésimo, buena textura. Te salvó la campana, llegaron los chiquillos como dicen acá en Santiago. Hola niños ¿cómo les fue en el centro? ¡Trajeron cosas ricas para comer! ¿Cuánto les debo? Les presento a Matías, un amigo. ¿Cómo? ¿Cómo cuál Matías? Ese que está ahí mirando fútbol, ¿no lo ven?