Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)
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sábado, 29 de marzo de 2014

¿Qué será, qué será?

Antes de olvidarlo, dejaré un registro del último sueño. Pantalones rojos vestían tus piernas, mi cama, cerca de las cinco de la tarde. Me senté al lado tuyo y me apoyé en ti. Tu nariz, que te distingue del resto y por tanto la amo, era protagonista. Yo lograba acariciarla con mi cara, circunscritos ambos en un acto de cariño, de sentirnos a través del rostro, mi pómulo izquierdo me hizo feliz cuando jugaba con tu nariz a comunicarse cosas que no logro entender.

No es la primera vez que relato estos sueños y que el subconsciente traiciona mi voluntad. Al parecer las decisiones que tomo despierto no surten efecto en las noches. Pero me gustó la idea de estar ahí en mi cama, en mi ciudad, con las puertas abiertas y querernos sin más complejos que la vida misma.

Eso en los sueños porque en tal vida misma las cosas son más bien distintas. Me he convencido de que la prioridad está en trabajar, en un lema como “Procuro cansarme, llegar a la noche apenas sin vida” para no pensar y no doler. Reprimir el deseo de amar sin ser amado es lo que hago desde que despierto hasta que me duermo, pero el subconsciente es más astuto y me hace actuar en escenas que no tendrían lugar sin haber nacido otra vez. De todas maneras, he aprendido a ser racional y encontrar explicaciones sensatas a lo que de primeras no entiendo. Ahora, dedicaré el resto del día a entender por qué me dijiste que soy lindo… algo que no soy y que no me hace falta reprimir. Ay, ¿qué será, que será?


lunes, 24 de septiembre de 2012

Caminando en línea recta

Camino en línea recta, no doblo por lugares que no corresponde. Desconfío del concepto de la diagonal y de las calles con curvas. Para ir a la escuela me bajaba en una esquina de la micro -nunca a mitad de cuadra- y a lo más cruzaba la calle con roja si no venían vehículos muy cerca. No conté nunca los pasos, pero sí el tiempo en que me demoraba en llegar al colegio a través de calle Yerbas Buenas, desde Rodríguez hasta Chañarcillo. Diez minutos máximos con paso provinciano, veloz para mí cuatro años atrás. Me guiaba por los cerros... llegando al cerro Capi estaba cerca de casa, llegando al cerro La Cruz me aproximaba a la entrada/salida norte de Copiapó.

Las calles en formato damero, veredas estrechas, arriba el sol y por abajo la luz reverberante si es que no había neblina. El escenario era agradable en los otoños e inviernos, pero en primavera y verano parecía que uno fuera a caerse al suelo del calor, en las micros la temperatura acosaba y los abrigos o chalecos terminaban por acabar con la gentileza de los ciudadanos. Así me pasaba a mí, no era fácil lidiar con el polvo, el sol y la vida de desierto. Pero hoy extraño todo eso... nunca dimensioné todo lo peor que era el smog del aire santiaguino, sus fríos dolorosos y mis consiguientes dolores de pecho, las manos frías y los huesos de los pies más parecidos a fierros recién salidos de un congelador. Para qué hablar de las calles y de cuando tuve que ir a hacer trámites universitarios a Diagonal Paraguay, en que si no me perdí fue por mero sentido de supervivencia. Esa la superé porque me la aprendí de memoria, mas cuando tuve que ir a vivir a Recoleta y me encontré con la Diagonal José María Caro, literalmente perdí el norte. Tomaba la micro y me bajaba con todos en el Metro. El Metro, pese a ser un concepto radicalmente nuevo, fue lo que más se asemejó a las calles en línea recta, todo muy claro e imposible perderse. No, jamás hice parar a los trenes: fue lo primero que me advirtieron. Pero mi aire de copiapino debió verse en cuando miraba los últimos pisos de los edificios, hasta hoy lo hago porque se me hace inevitable, mi paso cada vez es más lento. Pero ya no me importa, hasta los santiguinos no saben cómo usar el Metro ni hacia dónde deben caminar aún si tienen puntos de referencia evidentes como el Cerro San Cristóbal o el Renca. 

Caminaba en línea recta, es verdad. Anduve en micro desde pequeño y hasta hoy lo hago cuando voy a Copiapó o bien ando en bicicleta. Me sé los nombres de las calles, el de las tiendas, y todos los recorridos del transporte público. Acá hago lo mismo, mis caminos son siempre iguales, doblo cuando corresponde y odio los atajos. Y así hago todo en la vida, tomo decisiones cuando estoy seguro de haber pisado donde corresponde, cuando no siempre me siento inseguro. Se debe doblar sólo cuando el final de camino es visible y pues bien, ahora sé que he sido descubierto o al menos lo sospecho con evidencias de sobra; Matías ha dado con mis escritos. ¿Cómo lo descubrí? Caminando en línea recta, mirando hacia los lados y sus respectivas señales, hace poco vi la meta al final del camino. Creo que es tiempo de virar hacia Matías. 

lunes, 6 de agosto de 2012

Por todo y por nada


Por cada sueño con el sostén de tu mano
existe también una mañana de asombro.
¡Qué vivan los azares que guían tus pasos
a mi mente durmiente de las noches de Agosto!

Y pasea la ilusión chocando por mis adentros
saltando y buscando una muerte o un escape,
mas creo que no hay poro que habite mi cuerpo
que no haya expresado mi alegre mensaje.

Tú que de nada o de todo me haces el verso,
navegas, aunque me niegue, por un sentimiento impune.
Tú que por todo y por nada te me haces pensamiento
has dado a mis noches soleadas el carácter inmune.

miércoles, 1 de agosto de 2012

¿Duda o verdad? Verdad


No ha sido simple la tarea de establecerme en los pensamientos la ridícula norma de seguir evitando a mi amor imaginario. La vida está fría, el invierno peligroso para salvaguardarme de las aventuras que creo para sembrar algún grado de calor en este valle cada día más seco. Como preví, estoy experimentando los primeros coletazos luego de la despedida a Matías, sin duda son los más terribles y dolorosos porque aún van caminando tan cerca de la esquina que los vio partir que todavía es fácil arrepentirme. Se han hecho innumerables los sueños inundados de su imagen, la vida se me está complicando por riesgos que no existen y supuestos inventados.

En honor a la verdad, Matías está muy lejos de estar leyendo estos escritos repetitivos y azules. Nada ha cambiado mucho en este casi mes sin verlo. No ha cambiado mi inexistencia en su conciencia y a mí a veces me sigue importando alguien que no sabe que me importa. Matías en este momento piensa en mil cosas y yo no alcanzaré a ser mil uno; la noche, el alcohol, el fútbol, una película, una fiesta, la playa, una mujer, un amigo, un juego de computador podrían ser verdugos tan buenos para seguir neutralizándome.Y a veces digo que no me importa, que me da lo mismo pero acá estoy tratando de encontrarle una explicación a esta invención de muy mal tino: soberana cagada la que me mandé. Pésima estrategia escribir a alguien que no le importas lo que escribes en las redes sociales, que no le gusta leer y además en un idioma sensible y rebuscado. Jamás tuve por dónde. Ahora pienso que sería bueno saber quienes leen este blog porque el chisme es grande y así pudo haber llegado a sus ojos. Pero no, este blog no es leído por muchos y está virgen de sus ojos. Seamos honestos, estoy lejos de ser una contribución a la lengua española (lástima por mí que quiero ser columnista de una revista o diario).

Hubo un día anterior a la entrada de Matías en mi cabeza, un sábado frío y Ámsterdam en que dejé todo empezar, transformé un gesto sin importancia en un evento focalizante, armé una esperanza donde no la había, cree una ficción, algo parecido a enamorarse de un maniquí y no me di cuenta cuando de verdad entré al laberinto: noche que pasaba era una noche soñada con él, una mañana de esperanza y un día de ansias en que para disimular la derrota cotidiana me convencía de que esto no era siquiera un experimento, era un tipo de juego del que me serviría para escribir hasta que hubo cosas que ya no supe distinguir. Ahora lo he seguido soñando y dudo mucho, analizo mis sueños, les doy vuelta antes de levantarme, llego a creer que puede haber algo, que la magia existe. Hay días en que me gobierna la intuición, todo lo adivino y lo que pienso ocurre. Vivo en la desorientación total y con pocas certezas.Son pocas las cosas que me atrevería a decir con seriedad: no amo, a veces me he enamorado, pero esta vez he tenido una prudencia mínima de no caer en ello; más bien esto es un capricho que ha durado más de lo que debería, me sorprendió con las defensas bajas. La duda puede tanto, logra incluso que yo le de el beneficio de su existencia y que siga ampliando las ganas de que esto tome asidero en la realidad al nivel de romper toda verdad establecida. Al fin y al cabo el límite siempre estuvo en un beso.

Es difícil este tránsito entre la duda y la realidad. No hay peor ciego que el que no quiere ver, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, el que no se arriesga no cruza el río, no hay mal que por bien no venga: certeza cero. Por mientras caminaré por la ruta positivista, porque este blog no lo lee nadie y no hay globalización que valga para romper las barreras que yo mismo creé.

jueves, 19 de julio de 2012

Se ha caído el muro

Me armé de valor para decir lo que sigue. Hoy tomé la decisión de escribir el fin a la utopía, al anquilosamiento de mi misión imposible. Habría costado menos si mi papá no se hubiera bebido la última lata de cerveza que quedaba en el refrigerador o me hubiera ofrecido un cigarro, pero es mejor así: la sonajera de tripas me lo prohíbe; prefiero perder este amor que mi intestino, al fin y al cabo este es el punto más crítico de todos porque me quiero tanto y más de lo que había creído. Se debe tener coraje para concluir con la frente en alto esta idea de melodrama inventado. Se va Matías, si lo quisieron o lo odiaron, laméntenlo o celébrenlo por vez última; mi deseo legítimo y superior de bienestar permeó las largas ganas de concreción. Por más que quise, la vida no es justa y uno no siempre tiene lo que cree merecer. 

Ya no habrá más de sus maneras irresistibles ni de su cortesía intachable. Sólo va a quedar una experiencia rica en conocimiento de cómo no se hacen las cosas y de las cosas que un tipo impaciente no debería hacer. Tampoco seguiré forzando mi imaginación para aumentar o crear cualidades que Matías no tiene ni tendría, en que modelaba tiernos escenarios y finales inconclusos pero con el comienzo del próximo episodio totalmente maquinado. Él seguirá siendo un hombre feliz y pleno como la ha sido hasta ahora en la vida real, su idea y realidad dentro de este blog se morirán y sin embargo yo lo seguiré queriendo y extrañando igualmente, dentro de lo posible y límites autoestablecidos, de manera decreciente. Seguramente albergaré el mismo sentimiento de impotencia mientras por algunos meses Matías siga alojando en mis sueños, porque de eso sé bien y no podré hacer mucho, pero se nos va y debemos aceptarlo tanto como al amor inmenso que no sabía tenía por mí, un egocentrismo profundo. 

Tengo miedo a terminar como El niño que enloqueció de amor y a ese sentimiento de ser foco de lástima. Es verdad que nadie me provocó, que yo empecé todo queriendo ser un envalentonado y jugar a la ficción, pero como en todo juego tenía el cincuenta por ciento de las probabilidades de fracasar y perdí, ahora quedan las canciones, los poemas y las cartas que jamás me habría atrevido a enviar. 

Es por eso, Matías, que si alguna vez accedes a estos trozos de divagación y te das cuenta de esta realidad, que no alcanzó a serte siquiera paralela, sabe que te quise con un cariño diáfano y con las mejores intenciones, pero quizá el arroz con leche no era suficiente, las diferencias eran más grandes que mis expectativas, un beso no hizo el verano que quise, el amor propio primó o quizá el miedo a ser derrotado por una invención, nuestros nombres no eran compatibles o bien nuestros cumpleaños. Hay tantas hipótesis y ninguna con relevante significancia. Ha sido un honor, pero más que todo un temor. Nadie merece vivir así.

sábado, 23 de junio de 2012

¿Y cómo es él? Metodología y creatividad

Mucha gente ya se ha preguntado quién es Matías, hay hipótesis por cada lugar en que se desarrolla mi vida, aunque no sé si tal ejercicio tenga mucho sentido o surta un efecto satisfactorio. Yo tampoco sé quién es, no lo conozco más que como una invención que viene a rellenar los vacíos producto de tan poca actividad sentimental. Como un acto más de todas mis entregas, Matías ha venido a ser el depósito de una experiencia que bien no poseo. Sí, hay un Matías que existe de forma corpórea y reúne las características que despiertan ciertos componentes de mi química y biología; tiene nombres, apellidos, casa, vida, pasiones, amistades e historia. Pero no lo conozco y mi juego sólo ha sido tomar su imagen, trabajarla con las herramientas de mi imaginación, una práctica bastante penosa a decir verdad. En esta figura interinamente ficticia he estado depositando sueños, deseos, proyecciones, los sentimientos más completos que he podido sentir a lo largo de vivir, funciona como una batería recargable, al punto de que sólo me valdré de su plusvalía hasta que la voluntad diga otra cosa. 

Es todo lo que yo no soy, tiene todo de lo que carezco, yo nazco como respuesta a él o él nace como respuesta a mí, no tenemos puntos en común. Vivimos en la misma dimensión de maneras antagónicas no complementarias. Es todo lo contrario a mi amargura, mi ternura, a mi poesía y mis pasiones, pero así es como he decidido quererlo y rearmarlo en los escondites de mi mente, a veces lo puliré y resaltaré sus defectos y otras será la víctima de mis caprichos y malas noches. De su boca perfecta y su sonrisa constante inventaré un beso; de sus brazos tostados y sus ojos de miel me dirá buenas noches. 

Da lo mismo saber quién es Matías y qué parte de lo que narro es cierta y cuál no. Sólo tengo conocimiento del punto de partida de la ficción. Las características físicas y psicológicas del personaje vienen dadas y por tanto sólo me remitiré a forjar su historia, a intensificar las maneras en que me mira y a extender la poesía que hace emanar de mi química. Debo darle las gracias por salvar la poesía que hace mi existencia menos sombría y en su honor escribiré como un loco sin mesura las páginas más colmadas de dicha o tristeza. Será mi fuente, el motor de cada letra y la razón porfiada de cada palabra. Buenas noches idea de Matías, despiértame a las nueve de la mañana por favor.

domingo, 17 de junio de 2012

Monólogo entre Matías y yo

Me sorprendió que el conserje me dijera tu nombre, adelante, bienvenido. Está difícil el clima en Santiago. ¿Siempre ha sido así? Voy a que de un momento a otro se nubla y llueve como si... toma asiento, voy a buscar la chaqueta para mineros que me regaló mi tío Flaco hace dos años en Copiapó, es lo más abrigado que hay, hecha para soportar el frío en la cordillera. No me esperaba que vinieras, demás está decirte que puedes venir cuando desees, sólo avísame porque a veces salgo. ¡Qué mentira la mía, con suerte salgo a pasear a la universidad, vivo encerrado! Acá está, póntela si gustas. Tengo té ¿quieres? No doy más del frío, lo único que deseo es terminar de estudiar y largarme al norte. Prefiero vivir con calor todos los días que andar tomando cosas para calentar el cuerpo, con guateros y dolor de los huesos. Sí, me he avejentado, pero debo tener alma de viejo, sólo alma porque la sabiduría no la reflejo por ningún poro, por ninguna palabra; boto pelo, no bebo alcohol por mucho tiempo, prefiero el té, escuchar radio, escribir, leer, mirar a los animales y reclamar. Mi mal genio lo habrás notado. Sí, supe que perdieron, una lástima... pero sólo es un juego y perder tiene el treinta y tres por ciento de probabilidades. Es bueno aprender a vivir con la derrota, transversal a la vida. ¿Te abrigaste? ¿Más té? ¿De verdad que no? He visto que te ha ido bien en la universidad, me alegro tanto. No a mí no como quisiera, pero creo que aprobaré. Sí, dime, de verdad que no te esperaba por acá. Pero relájate hombre, te noto nervioso. No te preocupes, confía en mí. Sabía que alguien te iba a decir que la leyeras, pero sí, me refiero a ti y lo siento por no ser tan directo, pero es mi manera de decir las cosas, un cobarde por donde se me mire. Prefiero llamarle estrategia, en todo caso, discúlpame si es que esto te incomoda aunque por esa sonrisa veo que incómodo es lo menos que estás. Claro que se te nota, ¿o no te estabas comiendo las uñas recién? De todas maneras me importa bien poco que te inquiete o que te moleste, no hay mucho que esté a mi alcance para evitar lo que siento y si así fuera, no funcionaría. ¿Por qué no puede ser? ¿Ser qué, en primer lugar? ¿Y qué es esto según tú? Yo sí sé y puede ser que haya sido exagerado en mis términos, puede ser que no te ame (no, en lo absoluto) y que haber dicho que te quería sonara y fuera forzado, pero acá estamos, me gustas y mañana también me vas a gustar, ¿y yo te gusto? Bueno, eso es lo que esto es: me gustas y estás acá, en la boca del lobo, aunque nadie te invitó. Podemos seguir siendo amigos, lo sé, pero también es legítimo que siempre pueda verte con otros ojos y que me vuelvas loco, un poco irracional. Pero qué ojos que tiene, qué labios tan bien definidos, el color de su piel seduce, ese cuerpo atlético y su sentido del humor. No es mi culpa que nunca te haya pasado, podrías acostumbrarte a esto, no debo ser el único ni el último. ¿Por qué miras tanto la hora? Prende el televisor, quizá estén transmitiendo el partido, yo no los veo ni me gustan, pero para que veas que he querido quererte, prende el televisor y veamos el partido juntos, ¿a quién tengo que apoyar? No es tan difícil, nunca me ha gustado Colo Colo. Soy de la U entonces, pero no se siente nada. Una cerveza estimado, para que se nos pase el frío digo, me imagino que no te da asco compartirla. Bueno, ahí va a estar. En la tele siempre muestran que los partidos de fútbol se miran de frente y los otros sillones no miran al televisor de frente, así que permiso. Faltan como diez minutos para que empiece, que bueno que jueguen afuera si no no estarías acá pues. Puchas Mati, lo siento pero no puedo evitar que me gustes, quizá se me pase como muchas otras veces. Pero no me toques mucho para hablarme o no respondo, no forcemos las cosas mejor. ¿Y estás pololeando? Yo tampoco, qué coincidencia, parece que nos hubiéramos puesto de acuerdo. Siempre me dicen eso de que "sé hacerla", pero cómo un hombre con tu aspecto está solo, no lo entiendo, eso es para personas como yo, más bien feas y desabridas. No empieces, soy feo y mis papás nada más tienen derecho a negarlo. Gracias, no está demás decirte y repetirte que también eres muy bonito, en especial muy lindos ojos y labios. No te sonrojes, cualquiera lo diría. Sí, tengo el autoestima baja, pero de lo poco que me gusta de mí son mis manos, la manera de mis dedos, la configuración de mis venas. Déjame ver las tuyas, no están mal pero esas uñas mascadas se ven pésimo, buena textura. Te salvó la campana, llegaron los chiquillos como dicen acá en Santiago. Hola niños ¿cómo les fue en el centro? ¡Trajeron cosas ricas para comer! ¿Cuánto les debo? Les presento a Matías, un amigo. ¿Cómo? ¿Cómo cuál Matías? Ese que está ahí mirando fútbol, ¿no lo ven?

jueves, 14 de junio de 2012

You don't have to

You don't have to touch my lips 
neither stare directly at me.
Before it all I felt my verses could dance.
You don't have to know who I am
to make me feel like I was going to die.

You don't need to get beyond my name,
to know how much this was meant to be.
You don't need to be more than you can
to make me feel able to swim all oceans and deep.

I didn't have to know how tasted your tongue,
to realize how easy I might give my thoughts away.
Even the blood which runs through my vains
can feel your presence and wake up my heart.

I shouldn't take this kind of romance again.
Maybe I forced it could knock on my door,
like an offer I can't refuse on my own.
I pray this is real and not just a poem instead.

domingo, 10 de junio de 2012

Matías en mi cabeza, un sábado frío y Ámsterdam

Fue un día frío que comenzó y terminó con Matías en mi cabeza. Nueve de la mañana y en pie. No sentí el frío hasta que salí del departamento. Como en los ni tan viejos tiempos, supondré que esta es otra sesión de chat con un viejo amigo en que me decía te leo, te leo y yo escribía como si nunca hubiera hablado con alguien. Siempre me agradaron los halagos de mi viejo amigo. No diré que no sé qué pasó porque supongo muchas hipótesis. Mientras vas a fumar un cigarro al balcón o hablas por celular, dejaré esta entrada pensando que en media hora vendrás a leer para decirme de mis talentos en la escritura. Pues bien viejo amigo, fue un día frío que comenzó y terminó con Matías en mi cabeza. Nueve de la mañana y en pie. No sentí el frío hasta que salí del departamento camino a los Trabajos Voluntarios, ¿volviste? No. Sabía que no vendrías aún, ¿no te da frío en el balcón? 

Parecía un día parisino o londinense aseguré hacia a mis adentros que me respondieron con una risotada ser un siútico, si nunca había ido unos kilómetros más allá de Santiago, pero hacía frío y el panorama era deprimente. Ni una gota de sol, niebla y viento helado. Esta vez no puse la música fuerte ni fui a hacer una fila para esperar la micro porque ya no vivo en Recoleta. Pero sí canté y no me importaron mucho los santiaguinos con sus caras de vergüenza ajena. Como dicen tantos y tantas, "me da lo mismo, no me conocen". No se van a acordar  en dos minutos de mi voz desafinada, de un veinteañero calvo con necesidad de norte. A los feos se nos olvida rápido. Sí, ya basta de halagos, me declaro feo sin suerte y el que diga que no que me dé un beso. 

Ámsterdam de Coldplay es la canción que oigo ahora y la que iba sonando camino al Metro. No sé bien lo que dice, pero nada alegre puede esperarse de los británicos con sus calles pletóricas de niebla y frío los trescientos sesenta y cinco días del año, simplemente me deprimió un poco más y marcó mi introversión por este día entero. Matías. Debes saber quién es Matías, pero no por qué estuvo en mi cabeza el día entero y la noche que empezó antes de las seis de la tarde. Aunque en el Metro no hacía frío, sino más bien había un clima cálido y abrigado, quedé introvertido por el resto de la jornada. Los niños de Trabajos Voluntarios tardaron como siempre en llegar, si yo fuera ellos, en un día como el que pasó, simplemente me habría quedado viendo los Power Rangers o Tronia ¿eso es lo que ven ahora?, pero están bien. Celebramos el cumpleaños de Ayleen, limpiamos el estante y lo ordenamos, casi me congelé por tener que dejar la puerta abierta para que los niños supieran que los tíos estábamos dando las clases. La actividad fue bonita, me gustó. Aunque reconozco que he pensado dar un paso al costado en el voluntariado por motivos que denominaré "personales" mas los abrazos de los niños, sus sonrisas, sus realidades, sus ganas de aprender y crecer no me dejan, llego de vuelta al departamento extenuado pero con una sonrisa en la cara cuando Felipe me pregunta cómo nos fue en los trabajos y le digo que bien mientras como hoy, hago algo de fideos con algo de algo, almuerzo y me baja un sueño imperante al que no obedezco porque veo los capítulos de la segunda temporada de Dr. House que no he visto nunca, quedan pocos de esos, en dos semanas no sé que haré, tal vez esté con Matías. Luego escribí el blog del voluntariado, puse ropa a lavar y el sueño desapareció hasta la alta hora de la madrugada que hace ya. 

Estoy bien, sobreviviendo a estos fríos glaciares en que los huesos de mis pies sufren un dolor que quema. Recién hubo un partido entre Venezuela y Chile, me preocupa el nivel de nacionalismo que surge en esos momentos, me imagino que imaginas que no lo vi. Es raro que la gente tenga que ir a comprar para ver un partido de fútbol, que se enferme de los nervios, que sufra como si estuviera en un examen de grado, que salga a celebrar un triunfo ajeno. Me dirán amargado como me dices a veces y reconozco que no soy el hombre más dulce dentro de este país, pero las pasiones están dominando a las personas más que su raciocinio y eso me preocupa. Se comportan bajo la lógica de una guerra y el nacionalismo chauvinista está en aumento en estos días.

¿Te conté que fui a la feria? Está entre Avenida Brasil y Avenida Ricardo Cumming a lo largo de calle Martínez de Rozas. La palta estaba baratísima, mil pesos el kilo en la mayoría de los puestos, pero esta vez no quise comprar, en el otoño pierde el sabor por lo que preferí comprar huevos y me arriesgué ante la oferta de 15 huevos en mil pesos. Una vez compré la misma oferta y me encontré con cinco huevos hueros. Pero qué importa ya, Matías estaba en mi cabeza, a pesar del frío y a pesar del amor. Siempre me gustó el nombre Matías, de pequeño me preguntaba por qué no me llamé así y por qué no era Sagitario en vez de Leo. Desde ayer que Matías viene en mi cabeza y no sé si podrá salir, quizá no alcance a darme cuenta de si salió, pero ahora lo está y no debe salir. Yo sé que él me ama, es por eso tal vez que te siento en su sala. 

Este ha sido mi día viejo amigo. Espero que te encuentres bien, abrígate y deja de fumar. Me iré a dormir pues nunca llegó el halago ni el "te leo, te leo". No creo que vuelvas porque se cortó la luz.