Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

martes, 23 de julio de 2013

La libre canción

Estimado, escribir un blog es una actividad que conlleva riesgos. Escribir un blog como éste es un peligro siempre inminente sobretodo porque opté por el camino de la verdad, de ser yo y no un personaje anónimo que escribe escondido. Elegir escribir o y no a, por ejemplo. Quiero ser leído y el clisé de transformarse en un bloguero anónimo conocido es de tan mal gusto que no va conmigo. Carrie Bradshaw es ficción.

Los personajes y personas que acá habitan merecen una cuota de respeto pese a que a veces lo falté de sobremanera y pido las disculpas por las incomodidades. De todas formas, mientras no me lo digan expresamente, no me detendré y será esta entrada una más donde corra el riesgo que conlleva cantar mi libre canción.

Creo que en la vida la eternidad es efímera, es decir, lo que ayer creí que era para siempre hoy se confirma como un momento finito más, tal cual es la naturaleza del ser humano. Ayer o mejor dicho, meses atrás yo me sentía enamorado y no sé bien si lo estaba, pero si me lo hubiera cuestionado entonces lo habría confirmado sin pensarlo (los enamorados no piensan mucho las cosas). Eso es sólo una introducción, no pretendo elaborar una triste perorata para desprestigiar a este sentimiento universal porque reluciría mi mala suerte y falta de cariño ¡qué triste! Y bueno, ya no te quiero, ni te estimo, ni te nada, ese estimado que escribí allá arriba es una mera formalidad; ayer y  desde hace bastante tiempo que leo tu muro de Facebook y no se me revuelve el estómago pensando en que vas a estar en alguna relación o enviándote corazones con tus amigas y las amigas de tus amigas, miro tus fotos y siento sueño de ver en todas ellas a las mismas personas haciendo las mismas cosas, leo los mismos estados celebrando las mismas fiestas vacías de siempre. Parece que quiero a otro(s) con un poco más de intensidad que en condiciones de normal salud mental o tal vez he vuelto a pensar que debería quererme un poco más a mí (es cíclico).

Esto es un final y para ti puede ser el término de una situación incómoda pero seductora, el fin que esperabas desde los días de junio del año pasado, y quién sabe si te entristece, a mí ya no me incumbe saberlo. Tampoco digo que te odie o que ya no me simpatices, es sólo que ya no voy a seguir fingiendo ni forzando sonrisas y situaciones que nunca debieron ser, pero a lo hecho, pecho. Esto es un final. Y para mí es un imperativo moral zanjar este entuerto por la vía que nació junto a mi cobardía y valentía; el narcisismo me exige que pueda sentirme más libre incluso de mí. Se acabó y como todo muerto, seremos de a poco un breve recuerdo: las coincidencias, las peleas, los abrazos, las miradas, los amigos, los mensajes, la fe, los poemas, las canciones y mi dolor. Todo reductible a un trozo de memoria que desea borrarse como en el Eterno resplandor de una mente sin recuerdos.

Y como no soy malagradecido, gracias por ser mi primera libre canción y no aniquilar mis intentos en ciernes. ¡Suerte!

martes, 16 de julio de 2013

Hoja en blanco

Hoja en blanco. 

Hoja en blanco.

Historias cero. 

Debo ser más solidario conmigo. Cuatro historias amorocientas a la mitad. Dos no tienen sentido, una la concretaría a ojos cerrados y la otra se concretó y murió, pero fue feliz mientras vivió. Las ciencias del amor predicen fácilmente un período más de tormenta con la que concretaría a ojos cerrados, cerca de quince entradas despechadas y ocho poemas malos y llorados. Si fuera inteligente y frío que es como debemos ser los hombres de este siglo, usaría las dos historias sin sentido para pasar las penas, pero soy irracional y voy a sumar pronto una nueva historia de incertidumbres, de noches rezando y palabras incómodas... tanto que probablemente me aventure una vez más a escribir en este medio bendito su nombre de pila. Es que yo siento que ya lo amo y que todas las canciones calzan con él, todos los personajes de las teleseries podríamos ser nosotros dos, que todos los poemas derrumban paredes si los recito pensando en él y que no debiera haber noche en que no lo sueñe. Pero no cualquier sueño, tiene que ser un sueño como el de hace dos semanas en que andaba Jaime Parada volando por los cielos sucios de Santiago buscando una habitación tipo estudio con baño y yo le ayudaba (cómo no lo iba a ayudar, pobrecito)... subía al hotel donde estaba esa habitación, pisos altos para que Jaime saltara del helicóptero (da lo mismo lo que pase con el helicóptero si es un sueño no más). Cuando bajé o parece que cuando subí a la habitación yo me lo había encontrado a él que con gesto de reprobación por mi conocido arrastre, movía la cabeza de lado a lado como queriendo decir que por él no hacía cosas así porque no era famoso, que para qué era tan tonto (en realidad su cara quería decir patético, pero lo perdono... estaba picado). Debo rescatar su vestimenta porque él siempre anda con buzos y ropas gruesas que ocultan bien su atlético cuerpo, pero en mi (MI) sueño andaba con un chaleco tipo Polo color mostaza oscura con esos yacaré que dan enorme distinción y debajo una polera de piqué, pantalones de tela... y su cara morena con lunar queriéndome decir ¿para qué haces esto si me tienes a mí? Y conocí tus ojos negros. Yo también exijo harto, exijo tiempo, paciencia y resultados. Hace frío, me aclimato rápido al invierno copiapino. Yo creo que cuando lo vea otra vez le voy a dar un abrazo haciéndome el buena onda, el que saluda a todos, tanto tiempo sin vernos aunque yo lo mire a través de mi pantalla hora por medio. Y cuando me diga hola bien y tú, mentiré una vez más, como un profesional de la mentira para inventar algo con lo que alargar esa conversación. Le diré que ahora hago deportes, que me voy a cambiar de carrera o que me voy de intercambio a Ámsterdam. Todo por una palabra más, por un segundo más al goce de su olor como cantara Silvio Rodríguez, todo para celebrar en mi mundo de fantasía aquel día feliz que está llegando.

jueves, 11 de julio de 2013

Reporte

Hola. Estoy en Copiapó muy bien. Estoy con Martina que hoy no fue al jardín porque llegaba su padre del trabajo luego de una semana sin verse. Ella está viendo los dibujos animados de la televisión por cable, su padre duerme. Debió haber ido al jardín porque ahora está aburrida, ni los dibujos animados la entretienen. Francamente, creo que sufre el mal de tantos chilenos aturdidos por la soledad y que prenden el televisor para no sentirse solos y para que algo haga ruido y acompañe. También soy un hombre solo pero he aprendido a vivir en el silencio o bien acompañado de mi radio y una taza de té.

Martina me acompañó al cerro recientemente a buscar una botella que sirviera de recipiente de agua para las aves que vienen a tomar agua a casa, para los perros no encontramos bidones de cinco litros. Lamentablemente, muchos piensan que el cerro que nos ha acompañado desde que llegamos a habitar la población en los noventa es un vertedero de basuras, un libre foco de infecciones.

Martina está aburrida, pero tiene buena inventiva para sobrevivir a la soledad (quizás eso vaya dentro de nuestros genes). Ahora se puso a limpiar un bidón de 50 litros de agua que encontró en el patio y le ha inventado una historia, le ha puesto un nombre para dar sentido a su heroica gesta. Tiene cuatro años y mi hermana Sofía doce. También ella está aburrida y de vacaciones, para vencer el miedo a quedarse quieta y hacer nada tomó un tarro con cera depilatoria, la calentó en la cocina (rechazo total) e infestó el hogar con ese olor a vanidad, lo peor es que se está depilando los brazos. No entiende mi hermana ni argumento ni lamento. Ahora las dos se nivelan y dentro de un acuerdo implícito toman un balón con el que juegan imaginando estar en la playa. Mi hermana aún es una niña inocente que comienza a enamorarse, Martina es una niña pequeña que actúa como adulto a veces pues ha adquirido nuestros hábitos al vivir desde que nació sin más niños ni niñas que los del televisor o los del jardín infantil. Se le está contagiando el peligroso vicio de vivir con gente y estar sola viendo televisión, anonadada en el celular o enojándose si no le dan en el gusto, típico mal de hijo único. Aunque si tiene hermanos será mandona como diría la regla familiar: los mayores dominan o mandan a los demás por cuanto se sienten legitimados cuando se quedan a cargo de ellos, los hermanos del medio somos más negociantes puesto que hemos vivido ambas realidades, el último es el más difícil porque es por lo general el desprotegido y consentido de los padres ante lo que los hermanos mayores lo apartan.

Sigo en Copiapó y no conozco de nubes aún, sentí calor hoy, inclusive. En el día de ayer estuvo de cumpleaños mi abuelo y fui a saludarlo. Allá me encontré con mis tías y primos de los Castillo, fácilmente nos concertamos cuatro generaciones y tuve la dicha de conocer a Leandro, el hijo recién nacido de mi prima Gabriela (sí, la misma de algunas entradas anteriores). Mi tía Sylvia lleva la delantera con tres bisnietas y mi abuelo la sigue con dos pese a que él la aventaja con creces en nietos. Hice en mi mente la suma de todo el clan Castillo, más de cien si contamos como inicio la generación Castillo Díaz y de pronto pensé cuán poco valoramos a los ancestros, cómo no sopesamos el esfuerzo y valor de haber creado un clan como el actual. Mi bisabuela Aldecira con mi bisabuelo Samuel comenzaron gran gesta y luego mi abuelo y mis tíos abuelos quienes en el camino vieron fallecer a varios de sus hijos, continuaron con la construcción de una familia numerosa, con pocos recursos, aprendiendo de la costumbre, mirando y trabajando sin más motivo que llevar el pan a la casa.

De pronto me cuestiono si tengo el valor suficiente para crear una familia como esta o si me daría por vencido al primer despido o al primer llanto de mis hijos. De pronto me pregunto si algún día podré tener en mi país el derecho –no oportunidad- a tener mi clan familiar. 

domingo, 23 de junio de 2013

Carta motivacional: 'Algún día'

Querido, estimado y muy sentido amigo. Amigo en el sentido coloquial de la palabra, no realmente amigo… no sé cómo poder llamarte sin necesariamente volver a repetir tu nombre, me imagino que entiendes y aceptarás otra excentricidad más de mi parte. Sabes bien lo mucho que me avergüenza exponerme a este nivel.

Como no encontré motivo suficientemente grande para llamar o enviar algún mensaje vía tecnología de celular, me envalentono para escribir una entrada más de nuestra no historia porque te echo de menos a menudo. ¿Cómo amaneciste hoy o el once de junio?, ¿qué músculo te dolió más en el entrenamiento?, ¿cuántas botellas de cervezas bebiste en el último asado?, ¿creciste un poco o sólo has perdido peso?, ¿cómo está tu familia? y ¿sigues juntándote con las mismas malas influencias de siempre?

Hace poco me afeité la barba, es que quería engañar a la gente y parecer más delgado que de costumbre como lo hace Gabriel Boric o al menos intentarlo. De todas maneras he contado a diez personas que me han dicho que he perdido peso y creo que debe ser el té mágico que encontré en una tienda china sumado al pan integral y los ejercicios que me recomendó mi hermano. No sé qué más decirte, es que me siento bien, tengo paz y creo que de seguir sin viéndonos ya no te extrañaré en lo absoluto, lo que me deja más tranquilo al fin y al cabo, quizás te pueda olvidar sin darme cuenta.

Está haciendo mucho frío y sabe que sigo esperando el día que me quieras, con fe y estoico. Creo que al menos en eso no erro porque la fe mueve montañas y ellas se moverán. Pues bien, termino esta misiva y espero que más temprano que tarde, le guste a quien le guste, podamos aunar los ánimos y compartir las mañanas, el té, el mate, el café y el pan, comentar juntos las noticias de Copiapó, de su equipo de fútbol y su mal alcalde, que me retes si me ves prendiendo un cigarro y me invites a comer y sí... que hablemos de la tabla de posiciones, de cervezas, los lugares de Santiago y de la película que podríamos ver en el cine o en la cama. Bendiciones. 

P.D.: sé que también me quieres porque nadie te ha querido a través de un blog nunca. Con eso me gané un ventrículo para siempre. 

miércoles, 12 de junio de 2013

Bienaventurado yo

Tiene que haber sido el día en que me caí en la plaza de Copiapó por haber ido a donar dinero a la Teletón el año 2008, cuarto medio. En la noche me fui a dormir a la casa de Rosario y no sé cómo Óscar (entonces Darío) obtuvo mi número de celular. Yo estaba aburrido y apenas recibí el llamado de la voz de un colombiano invitándome a salir a las tantas de la noche corrí como sólo yo pude haberlo hecho en esos instantes, un adolescente buscando nuevas experiencias. 

Dentro del jeep estaba Sebastián como copiloto y de piloto iba Óscar, ingeniero en algo, excelente partido pero me adelantaba en una década casi, colombiano. Regalo para mi alma. Trato de describir e inmortalizar aquel bello evento de manera exacta, pero fue hace más de cinco años... daré, pues, algunas regalías a mi imaginación. Me preguntaron de mi vida y como es indicado en esas ocasiones, nunca debemos dar mucha información: la probabilidad de que tus amigos del chat sean asesinos o neonazis encubiertos nunca es cero. Terminamos los tres en unas dunas en que había una fiesta (típico de la zona) cerca de Viñita Azul pero nos quisimos aburrir rápido y partir... entre todos nos reconocimos y en un verdadero código de caballeros nos presentamos como si nunca nos hubiéramos visto... yo en ese tiempo tenía un Nokia 2600 y la batería duraba días. Cerca de donde alguna vez pasó el río, Sebastián se bajó a orinar y quedamos con Óscar como presos de la oscuridad y yo preso además de su acento, "obvio que lo pasé bien, más ahora que conozco a un chico tan guapo". Corría un mar dentro mío y yo quería salir corriendo, pero me contuve... a esas horas era más probable que me mataran en el camino a pie de vuelta a casa a que me mataran mis nuevos amigos en un arranque de locura. Ya estaba todo listo y decidido: Sebastián se haría el enfermo y habría que ir a dejarlo a su casa y así, al bajarse, Óscar me preguntaría si yo prefería ir a mi casa o a tomarnos algo a la suya. 

Era que no. Entro a su casa, me ofrece un jugo, el viejo truco del jugo, mientras me acomodaba en el sillón y en la tele hablaba don Francisco y seguramente mi examor platónico, Felipe Humberto Camiroaga, me voy dando cuenta de la clave, de la institución informal: los caballos. Su acento colombiano de a poco me fue presentando la casa de El Palomar. Volvió dentro de poco a Colombia para las fiestas de fin de año. 

Unos días después de aquella primera aventura, pasó algo que cambió mi vida: di la PSU. Terminé en Santiago y llevo ya casi cinco años. Pero no me adelantaré tanto. Luego del Año Nuevo, como es habitual me trasladé a Puerto Viejo, una playa sin mucha conectividad hasta ese momento por casi dos meses hasta que debí preparar el viaje y volver a Copiapó cerca de dos semanas antes de emprender rumbo. Raya para la suma: nos vimos nuevamente y el mismo jeep pasó por mí en calle Chacabuco para volver a ver los mismos caballos bajo la guía infalible de un acento colombiano recargado. Para romper el hielo me dijo su verdadero nombre con un: prefiero que me llames Óscar, Darío se me ocurrió en el camino. Antes o después de no recuerdo qué, le comuniqué que me vendría a vivir a Santiago y a estudiar lo que no le pareció mucho "¿sabes? te quería proponer pololeo, pero ahora que me dices esto no veo que tenga mucho sentido". Mi acento copiapino y mi voz gangosa se tupieron, pero mis manos supieron responder y salir del paso con impensada ciencia. Era imposible pero no por ello dejaríamos de soñar y luego cantamos y reímos y jugamos. Nunca más lo vi tan de cerca.

lunes, 3 de junio de 2013

Monólogo II

Nos encontramos en el Terminal de Buses San Borja y estaba lloviendo tal como cuando volvimos a Santiago. Trajiste pocas cosas para todo el tiempo que íbamos a estar allá y viste cómo tengo razón: casi dos semanas usando un número reducido de prendas; muy norte será, pero en estas fechas de frío el sol no acompaña mucho. El bus partió casi puntual, diez minutos más tarde de lo que correspondía y ya sabrás que llevo años viajando desde mi casa a Santiago, antes lo hacía con holgura y ahora termino fácilmente con un dolor de espalda y sueño que no puedo salir a visitar a nadie en el día mismo: doce horas de viaje continuo hacen daño, pero me imagino que a ti no te hará mucho… si vienes cansado es probable que te duermas apenas arranque el motor.

Pensé que iba a ser un viaje típico, agotador con una exageración del aire acondicionado y condenado como siempre a las películas fomes, con niños llorando a medianoche y sólo una almohada para intentar dormir, si teníamos suerte nos daban una frazada de polar (declaro mi odio a esa estafa de tela que apenas entrega un mísero grado de calor). Pero estaba cansado del ajetreo típico de mis sábados, dormí hasta despertar frente al mar cerca de la una de la madrugada contigo al lado como en el mejor de mis sueños y yo te desperté mientras abría la cortina del bus para que viéramos la belleza de la luna sobre el mar. Nuestras manos se buscaron solas y se encontraron, los dedos de entrelazaron otra vez sin importar si el resto dormía, se hacían los que dormían o si llamaban a los asistentes para que intervinieran nuestra conducta. ¡Qué importaba todo eso si la luna parece que me hubiera avisado que se estaba reflejando en las aguas! Y así, a la altura del Norte Chico volvimos a dormirnos. Todavía quedaba un nuevo desafío: llegar a mi casa, sorprender a la gente con tu visita.

Al despertar comenzaba a aparecer el Desierto de Atacama y la neblina a obstruir la visiblidad como todas las mañanas, decías que cómo me podía gustar semejante nada y yo te decía que era algo más, que costaba irse de la casa a otro lugar para comenzar a valorar y extrañar, para crear identidad… no sirvió mucho que te dijera que no era una belleza fácil sino compleja, que la soledad de un cerro también esconde un atractivo. Te pusiste a revisar el celular y a chatear con quién sabe quién. Se sabe que se está llegando a Copiapó cuando comienzas a ver algunos árboles y algunas empresas de vehículos y neumáticos (algo que nunca he entendido muy bien). Si te fijas, puedes ver desde lejos la ciudad como sumergida en un agujero y cuando ya estás en ella, te das cuenta por la aparición de un puente que no tiene río, un supermercado, un terminal, una tienda de construcción y el Monumento de la Paz Mundial.

No sé qué pasa que ahora cuesta tanto tomar un colectivo para llegar a mi casa, algunos pasaban vacíos y no nos paraban. ¿Tanta cara de santiaguinos tendremos? Esta calle se llama Atacama y sí, los cables por aire son lo más feo, pero ya te irás encantando con la vida copiapina, con el sol y la magia de nuestros cerros. Yo sí estoy cansado, pero feliz. Se ve bien ese contraste entre tu cuerpo y mi ciudad, el sol te hace juego. El colectivo se demora como diez minutos de acá a la casa, sí, noto tus ansias, pero yo tampoco estoy muy tranquilo. Se paga los dos… Los Volcanes por favor, Villarrica con Parinacota. Por acá hacen la Fiesta de la Candelaria en Febrero y en esa escuela que se ve allá estudié en la básica. Mira, ahí va la Coni… ¡hola!

Están bien que despierte a todos pues, es mi estilo y el precio por no ir a buscarnos, sentémonos un momento antes de subir a la pieza. Hola mamá, papá, bien ¿y ustedes? Les presento a un amigo de Santiago que invité… venimos cansados porque el bus se demoró las doce horas y nos despertamos a mitad de camino, ¿tomemos desayuno? Se me olvidó traer mi taza de Leo. Voy a saludar a mis hermanos. Al menos se llevaron bien, hablaron de fútbol y son Libras los dos, a mi mamá le encantan los jóvenes respetuosos y caballeros y bueno… más rato me echaron al agua, te dijeron de mis mañas, de cómo aprendí inglés, de mi escuela Sol de Atacama y de los gatos, pero bueno… así son los padres y qué decir de mis hermanos… terminaron viendo la U versus la UC. Me senté a tu lado a ver el partido abrazo mediante y sentía tu olor tan bien como si estuvieras ahí de verdad, tu pelo castaño era como oro reflejando sol y de la nada comenzó a temblar el suelo. Te aterrorizaste. La vecina hizo su escándalo correspondiente ( están como para ir a terapia juntos). Cuando abrí los ojos el temblor había terminado y el motor del bus se apagó. “Bajada en Copiapó, rápido que debemos seguir avanzando hacia Caldera señores pasajeros” señalaba el asistente del bus que me instaba a bajar. Cuando me puse la mochila en la espalda me hallé sin sueño. Caminé procurando no hablar solo como enseñándote la ciudad. 

lunes, 27 de mayo de 2013

Del olvido

¿Dónde te has ido a dormir 
pedazo de paz, trozo de justicia?
Te llevaste escondido 
 mi cuota de sosiego y armonía.

Dime siempre silencioso
cuándo expulsaste de los cielos
mis deseos de tu rostro
bailando al son de los recelos.

No es tu estrella, es otra
la que alumbra y canta.
Cuando camino mi sombra borra,
y tu tenue luz opaca.

sábado, 25 de mayo de 2013

Extracto de La Gabriela

Como una enamorada estoy pensando
cómo será el momento en que yo caiga
con mi cuello sobre tu brazo.
¿Cómo te miraré, cómo me mirarás?

Amo, amo, amo, 
es decir, tengo hecha miel la sangre
hechos música los suspiros.

Es la segunda vez que Dios pasa por esa puerta
la primera fue cuando nací
y ahora que por amor vuelvo a ser nueva como el recién nacido.

martes, 23 de abril de 2013

You've got a friend por Carole King

Apenas tuve tiempo para venir a mi cama, corrí para escribir esta nueva entrada. La cama está como siempre sin hacer pese a mis esfuerzos de crear una cultura de hacer la cama en algún momento del día, lo más probable es que quede esparcido en este desorden, en mis arrumacos de ropa y cuadernos las trazas de mi cariño. Podría haber desórdenes peores, ropa sucia, arañas en la cama, cuadernos sin tapa y hojas sin leer, pero me gusta saber que independiente de las circunstancias, tengo un corazón generoso y con poca cabida al rencor que siempre buscará cómo querer. Por ahora, You've got a friend.



Cuando estés mal y aproblemado
y necesites algún cálido cuidado,
y nada vaya bien,
cierra tus ojos y piensa en mí,
yo pronto estaré ahí.
para encender incluso tu noche más oscura.

Sólo llámame
y de dondequiera que esté,
vendré corriendo para verte otra vez.
Otoño, primavera, verano o invierno,
sólo tienes que llamar y estaré ahí.
Tienes un amigo.

Si el cielo se oscurece y se llena de nubes,
y ese viejo viento del norte comienza a soplar,
Mantén la calma y llámame fuerte.
Pronto me oirás golpear tu puerta.

Sólo llámame
y de dondequiera que esté,
vendré corriendo para verte otra vez.
Otoño, primavera, verano o invierno,
sólo tienes que llamar y estaré ahí.
Tienes un amigo.

¿No es bueno saber que tienes un amigo
cuando la gente puede ser tan fría?
Te hieren y luego te abandonan,
se llevan tu alma si se los permites,
pero no los dejes.

Sólo llámame
y de dondequiera que esté,
vendré corriendo para verte otra vez.
Otoño, primavera, verano o invierno,
sólo tienes que llamar y estaré ahí.
Tienes un amigo.

sábado, 13 de abril de 2013

Noche de boleros

No soy un experto en boleros, sin embargo, es uno de mis ritmos favoritos para escuchar y desplegar mi imaginación. Hoy me transporté a un salón de semioscuridad con música en vivo. ¿Quién no quisiera una de estas noches con el ser amado? Sentirle al otro el aroma de su esencia y conllevar por mientras el mismo pulso y la misma velocidad de los pasos, con los ojos cerrados, la sonrisa presente y el corazón palpitando a plena paz. 

En el post de hoy quisiera dejar constancia de mis boleros favoritos, de esos que oigo y que me levantan las ganas de enamorarme. Algunos son boleros, otros no tanto, pero de todas maneras cumplen con el requisito de provocarme irracionalidad. Acepto sugerencias, aquí vamos.

1. Existen muchos boleros de Luis Miguel, pero en esta ocasión recomiendo Por debajo de la mesa, No sé tú, Te desean, Un te amo, Usted y El día que me quieras. Algunas canciones son originales y otras no.

2. Es cierto que Adele tiene un estilo más cercano a la balada pop inglesa y en su esencia se aleja de los boleros, sin embargo, ya me veo bailando a ojos cerrados One and only en un matrimonio.

3. Sé que no es muy querida por los círculos progresistas pero de todas maneras no es razón para omitirla en mi lista de canciones para amar: Gloria Estefan con Si voy a perderte, Con los años que me quedan y No te olvidaré. 

4. Soy un amarillo, no importa. Silvio Rodríguez en la interpretación de Amargas Verdades original de Sindo Garay y Dos Gardenias junto a Company Segundo. La desaparecida Chavela Vargas también tuvo la ocasión de interpretar Amargas Verdades con un estilo diferente a Rodríguez pero no por ello menos conmovedor. 

5. Al parecer Christina Aguilera no volverá a grabar música en español, pero cuando lo hizo nos entregó una nueva edición de Contigo en la distancia. Me gusta mucho más que la original ¿y a usted? También hay que poner oído en Somos novios, cuyo cover lo interpretó junto a Andrea Bocelli original de Armando Manzanero. No dejen de escuchar At last, original de Etta James. 

6. Es su único bolero, pero es bueno. Hay amores de Shakira que cuenta con la versión original que promocionó la película El amor en los tiempos del cólera y con un reedición junto a su padre William Mebarak. No sé por cuál de ambas decidirme. 

7. Acá voy a mostrar la hilacha: no tengo claro que sean boleros, pero producen un efecto similar. The one that you love de Air Supply, Nothings gonna change my love for you en la voz de Glen Medeiros y Close to you de The Carpenters con la que me imagino que todos recordamos el matrimonio de Marge y Homero Simpson. 

8. Mía de Miguel Bosé con Armando Manzanero en Papito. Si quiere cante Mío, el mensaje es el mismo, ¿no sé si me explico? Si no, lo ilustro con manzanas: el amor no distingue géneros.

9. Esperaré de Presuntos Implicados (original de Armando Manzanero), el único inconveniente de esta gran pieza es bailarlo con un amor actual pero recordar a aquellos amores imposibles. Compleja situación. Nunca deje esta canción para el final como lo hice yo. 

Y bueno, si no puede ni quiere ir al local de los boleros hágalo en casa, prenda dos velas, descargue estas canciones, apague la luz artificial y el teléfono. Haga un brindis con una copa de vino blanco y entréguese al amor bailando suavemente oliendo la mejor de las fragancias. 

jueves, 11 de abril de 2013

Porfía

Debes marchar y yo también debiera. 
Debes caminar la senda de mi abandono.
Nada pude hacer para que no doliera,
nuestros recuerdos, serán de los pasos, estorbo.

Y sin en las noches como un necio te reclamara
que violas mi voluntad al cruzarte en mis sueños,
ignora estas letras vanas, nietas de mi rabia.
Costeará este error mi alma, 
que está como dolíéndome dentro del pecho.

Mas has de saber, te ruego, que no hay gratuidad en la despedida;
ya no tendrás mis poemas, ni a mis labios cantándote el verso,
te serán más grises las mañanas y en tus noches las estrellas brillarán sin vida,
como estoy ahora sin ganas ni dicha, matando a porfía tu nombre y tu beso. 

viernes, 5 de abril de 2013

Paréntesis

Puede ser que ante el hambre de la noche, debido a la ingesta de una pera, un plátano y un café como almuerzo, encuentre que los fideos con huevo y vienesa dejan mal parado al aburguesado y sobrevalorado sushi, tan poco contundente y difícil de tomar. Aunque sin tener hambre, sigo pensando igual. Paréntesis, otra vez estoy escuchando Ámsterdam. El pollo para mañana aún se está cociendo en la olla a la que mi papá le arrancó sin querer una oreja y la misma olla que mi mamá quiso que botara por vieja: jamás. Yo espero que no sea un voladero de luces más. Me sobraron fideos y con el pollo no voy a tener un almuerzo tan de fruta mañana, es que aburre comer todos los días lo mismo. ¿A qué hora? No sé, en el espacio libre más cercano que tenga a las dos de la tarde y es que pese a que la semana se termina mañana, no puedo parar. Me declaro en colapso.

Día lunes: entro a las 12 a clases pero como es regla de todos quienes viven a cuadra de la universidad, llegué tarde. En la última clase entré en crisis de descentralización, es tan difícil vivir en la periferia, pero tan fácil que los docentes santiaguinos se paren en frente de la clase a hablar de las regiones y las provincias como el mal que no les tocó vivir. Es como lamentarse por la muerte del caballero o la señora de las noticias, qué lata, pero menos mal que no es nada de mí. Aún el Banco Estado no liberaba el dinero que mi papá destina para pagar mi vida en la capital. No tengo ganas de seguir perdiendo el tiempo.

Día martes: algo pasó, no recuerdo qué pero de todas maneras terminé leyendo un paper que por lo menos estaba en español a las 2 de la mañana. Me cambié de circunscripción electoral, fui buen compañero y recogí algunas fotocopias de Auditoría y Control de Gestión. Compré un calendario con la imagen de Caldera, lo descuidé un instante y los santiaguinos no dudaron en usarlo de mantel: ofensa pero tuve razones irracionales para no ofuscarme. Me quedaba un día para pagar el arriendo a lo que mi papá y mamá me dijeron que mañana mejor transfiriera el dinero desde la cuenta de mi papá a la mía. La ropa por fin se había secado desde que la lavara el domingo. Ahora había que doblarla y guardarla en el armario. Me hice el ánimo y la guardé, luego hice la cama. ¿Cocinar? Al diablo, para eso está el negocio de San Martín con Moneda con el que abastecerme de un café, una pera y un plátano. Perdió mi candidato. El tiempo apremia, este invierno no voy a tener frío ni soledad. 

Día miércoles: enviar un correo a los profesores para que donen un libro a Trabajos Voluntarios, conseguir las direcciones: toda la tarde. Plazo fatal para depositar la plata del arriendo y Banco Estado no me dejó transferir pese a que acepté dejarme guiar por todos los conductos regulares: llamé por teléfono a los operadores, no me contestaban y cuando lo hicieron me dieron una lista de instrucciones y procesos a seguir, realmente una burocracia inútil. Todo por una tercera clave de transferencia a cuentas nuevas cuya adscripción debería ser totalmente voluntaria porque con dos claves basta. Cuento corto, tuve que conseguir dinero prestado. Mi mamá hizo lo que pudo pero las cajas vecinas funcionan cuando quieren. Si no fuera por Paulina Pérez, habría sido la primera vez en que me atrasara en el pago del arriendo (odio deber). De vuelta en mi morada dejé caer la gota que rebalsó el vaso: envié la convocatoria para las actividades de este sábado en Nueva Guanaco desde mi correo electrónico hacia los de los voluntarios y además a sus inbox de Facebook: mucha gente se salía de la conversación y generaba un mensaje que decía que fulano de tal se ha retirado de la conversación y no verá más tus mensajes. Raya para la suma, me gané el odio momentáneo de los voluntarios y con justa razón: más de 100 mensajes de spam para decir que se retiraban del mensaje, alguien respondía y nuevamente el mensaje se enviaba a todos quienes ya se habían salido de la conversación, quienes se volvían a salir y así hasta el infinito. Estaba desesperado. Nunca más. Pero me fui a la cama con el corazón satisfecho y el alma agitada, me dormí oyendo Ámsterdam. Creo que debo cambiar el repertorio pero no al artista.

Día jueves: clases a las diez con quince de la mañana, interminable. Llegué justo a la hora, Matías me recriminó que no le había contestado un mensaje de Whatsapp. Por fin sacaron la cabeza de chancho que tenía el patio de la escuela con olor a animal muerto -era que no-. El mensaje decía Diego, yo respondí Matías (al menos tuve a bien responder). Comencé a redactar y a reconfigurar las guías de Trabajos Voluntarios, revisar el presupuesto, enviar y recibir correos; me senté cerca de una puerta a trabajar: en una hora habré saludado a treinta personas distintas y conversado al menos de 10 temas diferentes. Le devolví la plata a Paulina. Trece treinta de la tarde y corrí al foro "Sacrificio ambiental del Valle del Huasco" donde estaba una mezcla interesante de hippies, un ingeniero, un estudiante de derecho de la Izquierda Autónoma, estudiantes de periodismo y periodistas, los expositores todos de la Provincia del Huasco y vi a mi vecino de Copiapó, ¡a mi vecino de Copiapó acá en Santiago! Hicimos Atacama en el piso seis del Edificio Santa María de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Debo decirlo: fuera de mi vecino Abel, el ingeniero y yo: el resto eran todos "shúper-locos", tribu urbana que no deja de despertarme reticencias. Volví a la Escuela de Gobierno con un hoyo de hambre inmenso a terminar las guías mientras comía una pera, un plátano y bebía un café. De vuelta en el departamento me quedé dormido instantáneamente, me llegó una mala noticia. Envié las guías a Paola, cociné para asesinar mi hambre, pero al primer bocado ya la había matado. El pollo ya se coció, tengo que lavar la loza y limpiar la cocina. Diez para las tres de la mañana pero ha de valer mi esfuerzo, yo lo sé, estoy convencido. Aún me falta seleccionar algunos poemas para el programa de radio de mañana. 

Sin embargo, comencé la semana reviviendo una esperanza que tenía abandonada, dormida y francamente no pretendía volver a despertarla. ¡Qué alegría! Ha sido mi gran paréntesis dentro del caos, un lugar de armonía en que mi cabeza puede descansar todas las noches cual mendigo en un refugio. Nada seguro porque yo soy exagerado y toda señal me basta para agrandar más y más mi fe. Pero lo quiera o no estoy volviendo a sentir profundo como un niño frente a Dios, con los sentimientos desbordados sin explicaciones mejores que aquel par de ojos incásicos que me abordan y asaltan por sorpresa mi vieja pasión. 

domingo, 31 de marzo de 2013

Anécdota del Metro

Ayer olvidé por completo relatar un anécdota que me alegró tanto por algunos minutos, porque claro, después volví a ser el amargo de siempre sólo hasta que vi la torta que la mamá de una de las voluntarias de Nueva Guanaco nos regaló. Se las mandó, como decimos en Chile, ¡ídola!, era una torta con la insignia del voluntariado dibujado a la perfección, incluso mejor que el ícono mismo.

Justo cuando estaba haciendo la combinación en estación Santa Ana del Metro de Santiago para ir en dirección Vespucio Norte algo interrumpió mi desarmónico canto (yo canto para adentro, como tragándome el aire). Sentí que me tocaron el hombro y creyendo que era algunos de mis compañeros de voluntariado que me abordaba para que nos fuéramos juntos hasta estación Dorsal me di vuelta para saludar. Pero no,  era un niño de 9 años que venía cansado, con cara de travieso y arrancándose de su madre. ¿Dónde se me habrá caído la TNE o alguna otra cosa que me la viene a devolver este buen niño mandado por su buena madre? Quité los audífonos de mis oídos para oír: ¡Oiga, oiga, ella está enamorada de usted, es verdad, mi mamá lo ama! La rubia dama con alma de Bachelet se sonrojó y sonrió con vergüenza en los ojos mientras yo como con incomodidad por el golpe que el travieso niño recibiría no atiné más que a reírme de la situación. No sólo yo, el resto de los pasajeros que se paseaban en el anden de día Sábado me miraban con esperanza de que todavía hubiera niños inocentes y motivos para reír. ¡Bendito niño que nos dio un breve momento de dicha!

Volví a ponerme los audífonos y me aproveché de aquel mundanal y citadino ruido para alzar un poco la voz y entonar alguna canción que pasan en los programas de la Bio Bio La Radio, el tren se demoraba tanto en pasar y estaba atrasado, de a poco la picardía del niño chileno medio se me fue olvidando y recordé que el mundo era un lugar terrible. 

miércoles, 20 de marzo de 2013

En las estrellas

Me recomiendo escribir este poema
infringiendo toda aquello cercano a la norma.
¿Es posible comenzar sin tener esquemas
o bien, dejo a tu olor dictar el verso que asoma?

Tu cara sumada a tus negros cabellos se potencia;
alberga mis deseos de besos mucho más que tu boca,
y pinta encima tuyo el lunar que te brinda la esencia.
Ahí me quedase adherido sin aventurar otra estrofa.

Digamos que es tu risa reflejada en el candor de tus ojos
la que me emboba más que la habilidad de un mago,
y me limpia con la ingenuidad de un legítimo asombro
y se empeña, exitosa, en enseñarme a querer, sin embargo.

sábado, 16 de marzo de 2013

La extrema unción

Todo el sentimiento de los días que preceden
rasguña sin fuerzas las tapias marchitas y secas.
Como el sol a los días de invierno se entrega
y las nubes ligeras de las estrellas penden.

Las mañanas enteras que a mi memoria riegan
bajo el silencio de aquel edificio anochecen.
Mis escritos explícitos, son toneladas de peces
que se ahogan si no entran en tu alma de cera.

Mis sueños ya no registran ese paisaje verde
en donde corríamos como dos niños en fiesta.
Reproducen el fastidio de quien soy sin verte.

Eres una noche más de mi lista de amores desierta,
que se acuesta a pensarse, sentirse y se muere.
Otro paso al costado mientras sola se apaga la vela.

jueves, 14 de marzo de 2013

La impronta

Más que caminar sin rumbo por Maturana
voy sin contar los pasos y diseñando estrofas,
y grabando palabras como sangre machucada,
rescato los versos que no remecerán tu impronta.

Pero tu impronta sí remece mis versos,
los empuja desde mi garganta y no gritan te quiero,
los revuelve como una hormona y no roban tus besos.
Tu impronta ojinegra y silenciosa es una idea en celos,
un gatillo frustrado como los días inciertos.

Más que andar sin tus pasos caminando por Moneda,
ando en las calles rezando y delirando
que llega tu ausencia corriendo a hacerse inmensa,
que viene a lesionar un día más mi color insensato.

viernes, 1 de marzo de 2013

Carta

Estimado: 

Esperando que te encuentres muy bien y que hayas desintoxicado ya tu cuerpo del alcohol y toda sustancia ilícita a la que gustoso te expones, permíteme contarte lo siguiente. Antes de escribir tripe doble ve punto blogger punto com. En realidad el triple doble ve ya no se escribe. Te iba a decir que estoy bien y lo único que me aqueja es un dolor en uno de los huesos de mi pie izquierdo, lo notarás cuando me veas cojeando allá en Santiago si es que a la fecha aún no se me pasa. Es realmente molesto, más porque no sé porque me duele, no me he tropezado, ni caído, sólo he ido a correr al Parque Schneider de Copiapó para bajar estos kilos demás que estropean la idea de mi belleza. Me angustia esto, me asusta no saber. De ti tampoco sé mucho y eso también me angustia. Pero lo sobrellevo bien, es parte del dolor diario que uno lleva, el peso de los fracasos que llevamos toda la vida que a veces ni los sentimos. ¿Me entiendes? Es como acostumbrarse a perder los partidos, parecido a asumir que en muchas mañanas vamos a despertar solos y sin abrazos.

Ojalá que no puedas entenderme, que en tu vida siempre hayas sido un ganador. También ojalá que sí porque sería tan triste verte sin saber manejar tus frustraciones y yo sin poder hacer algo, sin encontrar justificaciones para correr a levantarte, a darte ánimo ni el mejor de mis abrazos. Ni siquiera podemos llamarnos amigos. Somos dos hombres que se tratan de "estimado". Pero nos hemos dado un abrazo insípido en ciertas ocasiones, un saludo de manos que no se distingue, como el saludo que se le da a todos, olvidable; nos hemos deseado el bien al despedirnos y nos hemos preguntado que cómo estamos al vernos por primera vez en el día y efectivamente me importa saber si estás bien o mal, me incumbe que sepas que te deseo buenas noches y no es mera costumbre. Yo me preocupo hasta de cuando hay temblores cerca tuyo, porque te dan miedo y no sabes qué hacer. Yo te dedicaría todos los eslogan de campaña de los políticos, desde 'Estoy contigo' hasta el 'Es posible'. Hasta me sacaría un uno (no uno) para ayudarte, espera.

Son las doce de la noche y hace meses que no te veo, meses sin preguntar inocentemente ¿cómo estás?. Espero que mejor que todos, que hayas comido mucha sandía con harina tostada, papas fritas con ketchup y sémola con leche, que hayas tomado mucha cerveza viendo fútbol, que hayas olvidado rápido las derrotas de tu equipo.

Sin otro particular más que mis buenas intenciones, me despido agradecido.

Saludos cordiales.

Post data: hace una semana que soñé contigo. Después nunca más pude.

martes, 19 de febrero de 2013

Mi mejor amigo

Creo que tendré muy (muy) en cuenta la invitación de por vida que los Rojas Alarcón me hicieron a su familia y casa en Freirina. No sé si la generalización sea adecuada o si el prejuicio positivo de que todos los habitantes del Valle del Huasco son seres muy cálidos sea válido, pero me saco el sombrero ante la amabilidad y generosidad de la gente del mejor de mis amigos, Ignacio. 

Ignacio, es un amigo muy celoso del resto de los otros. Pero es una prerrogativa que sólo le concedo a él por ser un hombre que ha demostrado amistad y lealtad incondicional. Siempre que tenemos la oportunidad de compartir me saca en cara que cómo pude escribirle un poema a Dayán y no a él, ¡pero eso fue hace más de 5 años! (aún se acuerda). Muchas veces se refiere de forma irónica a 'tu amigo Mario, tu amigo Diego, tus nuevos amigos de Santiago', pese a que conoce mi lealtad e incondicionalidad. Nos conocemos desde el 2005 cuando ambos entramos a estudiar al Liceo Católico Atacama a nuestro primero medio. Él era un adolescente tímido, oriundo de Freirina entre meros copiapinos -capitalinos de la región- mientras yo era un adolescente a veces introvertido y otras, extrovertido a quien de todas maneras nadie tomaba en cuenta. Terminando segundo medio Ignacio decidió volver a su casa y terminar sus estudios en Vallenar pese a que todo el curso le rogó para que no lo hiciera, finalmente todos terminamos extrañando a nuestro Frei, Freiri o Freirina. Ignacio se fue y yo sentí mucho la ausencia de aquel único amigo que mi personalidad me permitió hacer, sin desmerecer el cariño que aún tengo por el resto de mis compañeros de curso a pesar de tanto, del espacio y tiempo.

En aquellos años usábamos Messenger para comunicarnos o bien yo iba a alguna casa que tuviera teléfono de red fija y podíamos conversar por horas. No sé bien cuánto tiempo pasó para que nos volviéramos a ver, me imagino que cerca de un año en que me imaginaba cómo estaría, si habría crecido, adelgazado o engordado. Y antes de que yo empezara a olvidar las facciones de este buen amigo (porque jamás actualizaba sus imágenes de avatar en Messenger) apareció Facebook. Cuando me acostumbré a la ausencia de Nacho ya habían pasado algunos meses de que empezara el tercero medio, él se había afianzado en su nuevo curso y fue muy querido en poco tiempo hasta el punto en que participaba en festivales, actos y las chicas se lo peleaban. Le hizo muy bien el cambio, me alegro mucho por él y concuerdo con sus aseveraciones: se fue a tiempo, aprendió todo lo que tenía que aprender, ni un minuto más, ni un minuto menos. Ya no recuerdo bien en qué estaba yo, ni enamorado de quién, por suerte tenía la amistad de María José (mi Pepa) a quien la vida también expulsó de Copiapó en 2008. Terminando aquel año, rendíamos la PSU y los resultados de esa prueba fueron un punto de inflexión para mí: al tiempo en que yo optaba por la burocracia del Estado en Santiago, él volvía a Copiapó para estudiar Pedagogía en Inglés y convertirse en profesor en la Universidad de Atacama. Cuando la Escuela de Gobierno y Gestión Pública se va a paro y puedo venir a pasar esos días a mi casa, nos podemos ver en los almuerzos que preparo para agasajarlo. Mi papá y mamá lo quieren mucho, se lleva muy bien con mis hermanos. Le caigo muy bien a su novia –espero-.

Llegué cerca de las once de la noche a uno de los terminales de buses de Vallenar mientras aguardaba Ignacio mi llegada y partimos hacia el oeste, Freirina. Ya no había tanto olor a chancho, sin embargo, Agrosúper sigue siendo tema de conversación en las familias de la comuna. Era 14 de Febrero y por ello es que fuimos a buscar a sus padres al centro luego de que la municipalidad organizara un espectáculo para los enamorados, junto a ellos nos dirigimos a casa en donde me recibieron con fuerte abrazo y las palabras de siempre: bienvenido, estás en tu casa, puedes hacer lo que quieras, si te da hambre puedes comer de todo mientras nos tomábamos un café e Ignacio calentaba el aliado en el microondas. 

Terminada aquella comida que me arrebató el hambre que sentía, partimos a buscar a su hermana Dhayizka y a sus primas, no las pude conocer la vez anterior. Excelente experiencia sobretodo con su hermana con quien tuvimos a bien congeniar. Imaginen: Ignacio se puso celoso, en las típicas rencillas domésticas de todo hogar me reclamó que no le diera la razón a su hermana. Yo soy tu amigo, ella no. Fuimos a un asado luego en donde conocí a la tía Chata -un amor ella-, me tomé una cerveza mientras conversaba con Fernando, Keila y varios más. Luego llegamos a Huasco para ir a dejar a Dhayizka a una celebración, la discoteca se veía entretenida, pero hacía mucho calor dentro según oí y tocaban música axé. El sueño de las tres de la madrugada impidió quedarme, el bolsillo también.

Al día siguiente nos fuimos a la playa Los Toyos, una comunidad ecológica a pocos kilómetros de Huasco Bajo, agradables temperaturas y hermosas playas. Realmente disfruté mi estadía entre largas conversaciones, trasnoches agradables y el cielo plagado de estrellas que incluso me tomé algunas piscolas. Una vez iniciado el segundo día en la playa -a las dos de la tarde- almorzamos y fuimos a hacer dedo para que nos llevaran a Huasco Bajo y allá tomar micro hasta llegar a Freirina y dar en el gusto a un capricho de mi amigo: ir a buscar las bicicletas y volver en ellas aunque más que complacer a Ignacio, lo hice para hacer ejercicios y encontrar alguna manera de bajar los kilos que me sobran, pero no lo logré, comí mucho. Los automovilistas eran tan amables que incluso si uno los hacía parar y no podían llevarnos se detenían a darnos explicaciones, incluso sin conocernos, finalmente alguien de muy buena voluntad nos llevó de vuelta al paradero. Cerca de 30 kilómetros encima de la bicicleta, con el viento en contra, nos permitieron llegar a destino luego de una hora y media. Llegué a bañarme, aunque sólo unos minutos porque el oleaje era demasiado bravo en Los Toyos y el agua estaba muy fría, eran alrededor de las ocho de la tarde y el sol se despedía rápidamente. Nos esperaba de regreso un Raúl Rojas padre preparando la parrilla para comer sabroso asado. Luego de algunos tragos no supe más de mí, de todas maneras estoy entero y no estoy en Youtube.

Volvimos a Freirina para poder llegar a buena hora al Festival del Velero 2013 en Huasco, el primer día estuvo Mario Guerrero y Manuel García como platos fuertes y se presentaron 12 canciones a la competencia, al día siguiente vimos a la Sonora Barón (lo mejor de la noche en mi opinión), a los Juan Lennon Band -autóctona- y a los autodenominados pop-cebolla: Los Vásquez. Además se presentó Carolina Soto quien conducía el certamen junto a un conductor de la zona. El participante de María Elena ganó la competencia interpretando Dueño de nada de José Luis Rodríguez. Muy buena iniciativa, el público fue en su mayoría muy respetuoso. 

Al día siguiente terminó mi estadía con los Rojas Alarcón, esta vez no estaba 'Champita' como le dicen a Raúl Rojas hijo, ni Benjamín, ni Fernanda. Con mi tío Papo alcancé a compartir apenas una once. Ese día había llegado Jaqueline, novia de Ignacio, por fin la conocí a pesar de vivir en la misma ciudad, muy simpática y atenta. Antes de volver al terminal, Ignacio me llevó a conocer la parcela de su familia que para sorpresa mía tenía una acequia, algo que anhelo desde siempre, tener una acequia en el patio de mi casa. Los membrillos, olivos, damascos, los perros y gatos expelían el revitalizante olor a campo, a tierra, un olor a verano y tradición. Las hojas de los árboles están apestadas le dije a Ignacio, quedan así por el humo que llega desde Guacolda y la CAP, imagínate cómo va a quedar si se aprueba Punta Alcalde en Huasco, me contestó. ¡Qué pena! Después de que la tía Chata nos sirviera helado emprendimos la vuelta a casa por mis maletas y mientras manejaba Ignacio, me indicaba: acá veníamos nosotros a tomarnos los caminos para que no entrara la policía ni los camiones de Agrosúper, hasta que por fin los echamos, en esa casa nos escondíamos cuando venían los carros de Carabineros, mis papás se desilusionaron por completo del gobierno de Piñera pese al apoyo que le han brindado siempre a la derecha, se dieron cuenta de cómo eran las cosas, me comentó. 

Cuando llegué a la casa para despedirme tuve la oportunidad de hablar por teléfono con Benjamín, sobrino de Ignacio a quien conocí en mi anterior visita en donde me catologó como el tío Diego. Hola sobrino, cómo le va, le pregunté para que me contestara con tierna voz que bien y preguntándome que por qué me iba a Copiapó si yo era de Santiago. ¡Aún recuerda donde estudio el adorable niño!, me dijo además la ruta para irme: primero tiene que irse a Vallenar, después a su casa de Copiapó y después de allá se va a Santiago. Me dejaron la invitación abierta con un ven cuando quieras, te esperamos, llámanos cuando estés en Vallenar y te pasamos a buscar. En el terminal esperé al bus cerca de treinta minutos hasta que de repente se me acercó Loreto, ex compañera de la enseñanza básica junto a su hija: nos vinimos en el mismo bus. Y me conversó las dos horas de viaje, sin parar, conversamos y recordamos con risas nuestro paso por la escuela hasta que salimos de octavo básico. Nos acordamos de todos y decíamos: él o ella tiene tantos hijos, en resumidas cuentas, sólo tres o cuatros compañeros aún no somos padres ni madres ni nos hemos casado. ¡Ni lo sueñen! Es que ella es Géminis, por eso es que habla mucho pensé y recordé a mi compañero de viaje Copiapó - Vallenar: no me conocía y me conversó todo el camino, un sureño de casi cuarenta años que me contaba de todo como si fuera mi mejor amigo. Quizás también sea Géminis. 

jueves, 14 de febrero de 2013

Mi cocina idílica


Estoy sentado en la mesa de la cocina pensando y afirmando de que soy un hombre lleno de manías y reglas que escucho en otras casas y cuando me parecen apropiadas las adquiero. ¡Cuántas de todas mis reglas son propias y cuántas no lo son! No sé. El año pasado, por ejemplo, fui a la casa de mi amigo en Freirina, y en la cocina había un sistema tan eficiente para que la loza se secara sola y me urge replicarlo en casa. Ellos no usan la típica estructura en que se deja la vajilla una vez lavada para que se seque y luego guardarla, sino que eso mismo está en los muebles donde se guardan las cosas de la cocina, en vez de una base de madera tienen una rejilla como las que tienen en los bancos de las escuelas, entonces, al ubicarse justo encima del lavaplatos, no hay necesidad de secar nada porque se hace solo. 

Sin embargo, en la cocina es donde más reflejo mi característica de hombre normado y sólo secaría los vasos y las fuentes de vidrio porque se ve muy feo que las manchas de gotas queden ahí. A nadie le da ganas de tomar agua en un vaso así, ni a mí aunque yo mismo los hubiera lavado. Soy un macho difícil, pero no se preocupen, porque somos pocos. 

En casa, la cocina ha transitado por diferentes lugares, debajo del baño adornada por una tubo de cañería colosal, luego la ubicaron en una ampliación en donde tomó condición de entrada a la casa provisoria -cerca de 10 años- para terminar en 2012 al lado del baño, pero más amplia y estética. Cada vez tenemos menos patio y es la cocina más grande que hayamos tenido, ¿será por eso que proporcionalmente hemos ido subiendo todo de peso? Quién sabe.

El piso es de baldosas café -mi condición me permite ver y conocer menos colores, lo que es un lujo- y antes de almorzar debe estar barrido, no necesariamente trapeado, pero sin basuras ni migas de pan. Lo mismo para todas las comidas porque la mesa está en la cocina. Cuando se terminan las comidas, soy partidario de que la mesa quede limpia y con, a lo más, un adorno encima. Así queda libre para el estudio, leer el diario o bien, para que las moscas no tengan en qué subirse. La cocina idílica no tiene televisores, sólo una radio y por si la necesidad espacial no deja más opciones, la lavadora. El refrigerador tiene prohibido almacenar alimentos cocinados por más de tres días y la organización debe ser ejemplar: una rejilla para los lácteos más lo del desayuno y once, en otra las frutas y en las de abajo las verduras que necesiten refrigeración. La bandeja de los huevos es para los huevos, no para otras cosas, lo mismo que la bandeja para las botellas. En el congelador las carnes y mucho espacio para las cubeteras, son muy buenos los refrigeradores no frost. Las frutas que queden en canastas deben estar correctamente tapadas para evitar que se posen las moscas. La cocina en sí la limpio después de todas las veces que preparo algo y si frío alimentos, la tetera y todas las ollas tienen que salir del lado del sartén para que no salpique aceite. Toda vez que se coma pescado o huevos he de lavar con cloro para que no se impregne en la loza el pésimo olor que dejan esos alimentos. El aceite se usa una vez y se bota, vaciándolo en una bolsa de nylon y luego al tarro de la basura. Todas las ollas y sartenenes se deben colgar, nunca guardarlos en el horno porque ese es el lugar para las fuentes. Algún día tendré un horno de barro si vivo en casa, incrustado en la pared si hablásemos de departamento. Encima del microondas, del refirgerador u horno eléctrico o de cualquier otro artefacto, jamás dejar otros elementos: pecado capital. Las cosas del aseo en un mismo lugar o compartimento. Las cosas de plástico están mejor en los muebles altos y las de vidrio o loza están mejor en muebles bajos para no correr riesgos ni peligros con los temblores. Que bueno que en la cocina de casa hay excelente ventilación e iluminación. Si por casualidad usted viviera en Copiapó, tener el bidón y dispensador de agua mineral hablará muy bien de sus niveles de información y gozará de buena salud urinaria (nunca tome agua de la llave). Nuestro posadero de utensilios tiene tres espacios y antes todos dejábamos los servicios en cualquier lugar luego de lavados para que se secaran, pero me di cuenta de cuánto sirve dejarlos desde ya separados: tenedores, cucharas de sopa y té y cuchillos de esparcir y cortar diferenciadamente. Para lavar, desde lo que tiene menos grasa hasta lo que tiene más, desde lo que no tiene huevo o pescado hasta lo que sí tiene, tazas y vasos, servicios, platos y platillos, fuentes. 

Finalmente, da mucho gusto ver una cocina bien ornamentada, aunque me reduzco a los post-it, a los números del camión del gas y a las pequeñas plantas de cactus. Si tiene animales, evite darles comida al lado de uno, mientras cocina, o tirarles los huesos mientras come o si se los pide, de lo contrario nunca se los sacará de encima. Por nada del mundo deje un papel higiénico encima de la mesa o un matamoscas.

P.D.: declaro mi total repudio a las cocinas que tienen papel de aluminio para que no se ensucien con el salpique de los líquidos. Mi repudio total a las ceras depilatorias y sus olores en la cocina, falta de respeto por donde se mire. 

lunes, 11 de febrero de 2013

A fuerza de verso

¿Cuántas bocas y no la mía han salpicado el goce de tus besos?
¿Millones de rojos labios bebieron de mi tibia fuente de rocío?
Sabe, ni rosas ni golondrinas, han de arrogarse el que es mi derecho,
ni menos han de rondar mi néctar, mis mieles de dulce sonido.

Lo que se gana palabra a palabra, a fuerza de verso,
desde el sueño de tu vida hasta tu caligrafía de madeja,
es el todo que te habita, revolución que yo no vendo.
Pedazo de alma mía, te tiñes de color madera.

Azul, como eres, te pintan las madrugadas mientras duermo,
para que no me olvide de tus rasgos y mermarnos la distancia,
para que recorra fibras, los volcanes y los llanos de tu cuerpo.
Entonces, alegría de mi llanto, no te extrañan mis mañanas.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Dormir, el antes y el después

A toda hora y sin clemencia el calor golpea mi ánimo, me imagino que el de todos, pero quiero hablar por mí. El dolor de cabeza no se fue de mi cráneo hasta que dormí luego de haber vuelto del centro, eran las cinco de la tarde, pero la temperatura se impregna en las piezas, en las sábanas y cubrecamas. Sin embargo, fue más el sueño que el calor y dormí para soñar grandes placeres que ya no recuerdo. Es complejo el tema de dormir, hace pocos días tuve una pesadilla en la playa. Soñaba que me querían asaltar y fue esa la primera vez que desperté gritando -cual película de terror- hasta que mi tía me despertó a gritos también para que me sacara las manos del pecho, yo las dejo ahí para atacar el insomnio, pero me despierto tiritando, gritando o llorando.

Pero para la gente que es alharaca como yo, dormir tiene una serie de actos detrás en que se puede resumir lavarse los dientes, leer un libro, escuchar las noticias, hacer ejercicios, ponerse el pijama, subirse al camarote, rezar y una serie de otras cosas hasta que llega el momento más terrible de todos: apagar la luz, y no es porque le tema a la oscuridad sino más bien porque significa el comienzo de una invasión de pensamientos, de culpas y tormentos, es un momento que da lata cuando uno no tiene sueño porque piensa en tantas cosas, lo que hice, quien me gusta, lo que tengo que hacer, la alarma, y las metas de la semana hasta que se duerme para entrar a soñar cosas que uno jamás haría despierto. Si no hay pesadillas, no falta el perro del vecino o el temblor que sea capaz de interrumpir las ideales ocho horas de sueño, pero si eso no ocurre, alabado sea el Señor. Al menos a mí, rara vez me sucede y con los primeros rayos de luz del sol comienzo a rabiar porque sé que viene el odioso sonido de la alarma, los ojos me lagrimean y pienso si se van a cumplir los sueños de la noche que acaba de terminar, abro la cortina para tantear el calor del día, pero ya a tempranas horas se sabe la intensidad del infierno venidero. Levantarse, prometer que hoy me acuesto temprano. Torturarse con la idea de que hay personas que hacen la cama. 

viernes, 1 de febrero de 2013

Agua para las diucas

No dejo que el aburrimiento se apodere tan rápido de mí. Me gusta hacer cosas, actividades con los demás, relacionarme con el medioambiente y días atrás, antes de que sucumbiera al tedio del verano y sus altas temperaturas en Copiapó acudí a poner manos a la obra y a la tierra.

Esperé que bajara la temperatura a eso de las seis de la tarde cuando comienza el viento a volar y a jugar con las ramas de los árboles. Corté una tabla y la dejé aproximadamente de unos diez por treinta centímetros. Luego le hice algunos orificios para atravesar un alambre y dejarla firme encima de la reja. En aquella superficie pretendía dejar un poto de botella con agua y unas migas de pan para que bebieran y se alimentaran las diucas que vienen madrugada a madrugada a despertarnos con sus melódicos cantos. Cuando ya estaba todo el aparataje dispuesto, me di cuenta de que en mi casa no tenía botellas desechables para cortar -sería un despropósito ecológico usar las retornables- y fui al cerro a buscar algunas, tristemente porque muchas personas sin consciencia de la necesidad de habitar en un medioambiente protegido y protector, suelen botar las botellas vacías a la calle, al cerro, en donde se les acabe el bebestible, pésimo pues. Como soy estudiante de Administración Pública y la eficiencia es un concepto más que integrado a mi quehacer -ya casi un valor- quise "matar" varios pájaros de un tiro y cogiendo un balde me fui al cerro vecino para recoger de sus suelos alrededor de 10 botellas y otras 15 aplastadas e inutilizables para tirarlas a la basura. Llegando a casa las lavé porque quién sabe qué cosas tenían dentro o por qué bocas pasaron... una vez limpias, corté el poto de una, la llené con agua y las puse en lo alto para que las diucas tuvieran menos sed. 

Quedaban nueve botellas y hasta ese momento no se me ocurrió más que llenarlas de tierra para plantar alguna semilla de fácil acceso, y como las energías me embargaban en ese momento, hice lo primero que se me vino a la mente y partí con un vetusto carro de feria a buscar rocas de grandes tamaños al mismo cerro -se las pedí prestadas- para que cuando se me pasara el dolor de riñones, las acomodara encima de la plataforma que cubre el sector del alcantarillado cuya utilidad ocurrió diez años atrás y consistía en evitar que mi hermana entonces de dos años se tropezara y se fuera de bruces contra la tapa de cemento de la alcantarilla. Pero hasta hace una semana, esa plataforma no tenía otro uso más que el de la costumbre y le di un uso, le agregué valor porque acomodé piedra por piedra para darle forma de hipotenusa y hacer que el agua cayera desde arriba cuando regara las mismas botellas con tierra de semillas de fácil acceso. En los huecos que se formaron entre roca y roca fui dejando algunos cactus que había traído a casa anteriormente y para agregar belleza al mini paisaje aproveché de llevar la chefleras de mi mamá a escena, sus piedras de fantasía -las que me cedió sin problemas- y un recipiente de vidrio que le saqué imprudentemente para llenarlo con agua y en la superficie prender pequeñas velas en las noches. Cuando prendí las velas en la noche un vecino no esperó en hacerme llegar el comentario de que sólo faltaba la Virgen María y un crucifijo. Por lo menos no pasó desapercibida mi creación. 

No sé bien cuando, pero ocurrió esta semana, fui al cerro a ver si encontraba una botella de cinco litros para  darle agua al Felipe Camiroaga -el perro del barrio, aclaro- y felizmente no encontré, pero sí se pusieron en mi camino unas matas de aloe vera tiradas, aún con vida y posibles de replantarse. Qué me dijeron a mí que cuando solucioné el tema del agua de Felipe, corrí a buscar las plantitas para dejarlas en la tierra que hay entre la vereda y la solera fuera de mi casa, ahora están creciendo o hacen el intento de sobrevivir. Todas las seis de la tarde me dejo caer en el antejardín para regar, sacar los papeles de embeleco que la gente sin corazón tira al suelo, darle agua a Felipe y dejar un trozo de pan y agua a las diuquitas que vienen todos los días a coquetear y seducir a la canarita de los vecinos. 

domingo, 27 de enero de 2013

Seguiré cocinando de forma impopular


Al terminar de leer esta entrada, pensarán que no estoy más que haciéndome la víctima. Yo lo llamaría legítimo derecho a pataleo en contra de las personas mal agradecidas. Todo comenzó con la cara de cansancio de mi madre acompañada de un me carga tener que estar todos los días pensando en qué cocinar, estaba sentada al lado de mi hermano y entonces comprendí que la flojera es contagiosa -con eso me convencí bien-. Como el buen hijo que trato de ser, me dispuse a hacer el almuerzo con la condición de que me dejaran en paz, sin intromisiones ni arrepentimientos, luego de que vean de lo que preparo no lleve esto o lo otro, o tenga más sal o menos pimienta. Cuando aprendí que eso era un real fastidio lo hacía saber, pero ahora de inmediato dejo bien clara la advertencia: una intervención indeseada y no sigo cocinando, nos vemos a la hora de almuerzo. Es cierto, dejo mucho ver mis atisbos de dictador o tirano, pero no cocino veneno y los años frente a los cuchillos y fogones avalan mi experiencia.

No comprendo a quienes se estresan por no saber qué cocinar cuando todo lo que se requiere es una simple planificación antes de comprar los alimentos e ingredientes, elegir 31 comidas diferentes al mes e ir al supermercado o a la feria. Por último, mirar recetas en internet, si la imaginación no es lo que más se ha desarrollado, es un recurso válido. 

Paso primero, analizar el paradigma desde el cual se cocina y analizar la epistemología del objeto y sujeto culinario (broma). Primer paso, abrí el refrigerador y unos sugerentes zapallos italianos fueron elegidos para acompañar el arroz con lechuga. Nada del otro mundo: lavar todas las verduras, cortar en rodajas el zapallo italiano y a cada lonja se le deja caer un poco de sal para que bote líquido, entonces, se aprovecha el líquido y se agrega pan rallado para que de cierto modo se adhiera al zapallo. Los freí. Paralelamente hervía tres tazas de agua para cocer una taza y media de arroz -soy de la vieja escuela y cuezo el arroz con el doble de tazas de agua- mientras freía en la olla el ajo, la zanahoria y el morrón en cubos junto a la lechuga picada. En media hora el arroz estaría listo, cocinado a llama baja y con un tostador mediante. Olvidaba algo: la sal.

Cuando terminé de freír los zapallos italianos, rallé 3 zanahorias y una betarraga; en otra fuente de vidrio eché una caja de porotos en conserva para agregarles el jugo que exprimí de uno o dos limones. Mi mamá ya comenzaba a pasearse por la cocina con cara de tragedia. Lavaba la loza del desayuno. De seguro estaba pensando en las explicaciones que está acostumbrada a entregar a mi hermano mayor las veces en que no cocina con carne. Pero esta vez algo distinto ocurriría: él está enojado conmigo y se enoja hacia dentro porque no me habla, no me mira, no me nada... cuando llegó, preguntó mami qué hiciste de almuerzo, nada, cocinó el Diego, ¿y no hicieron carne?, cocinó el Diego. Esta escena ocurrió cuando ya todos habíamos almorzado, cuando ya mis dos hermanos menores y mi madre se habían burlado en mi cara del almuerzo, cuando mostraron su dependencia terrible a un pedazo de carne. Padecen de un mal social inmenso: calificar una comida sin haberla probado alguna vez, creer que lo han comido todo cuando con suerte son felices con fideos, huevo, arroz y un poco de mayonesa. Me excedí y por soberbio puede que me queden todas las comidas malas para siempre, pero es el desaire que más me disgusta: cocinar para todos y que no den las gracias. 

Mi almuerzo no estaba malo, yo he probado comidas universalmente malas y por respeto las como, pero mi almuerzo no era nada de eso, al contrario era algo sano, libre de grasas y animales muertos. Quité del menú la mayonesa y la carne lo que resultó impopular, sin embargo, hice el bien. 

domingo, 13 de enero de 2013

La montaña más triste del mundo


Estoy triste, no imaginan cuánto. El giro del cosmos puso en mis retinas una de las películas que más me llegan y asistir voluntariamente a su final no es otra cosa que un acto de masoquismo. Me faltó corazón para llorar cuando vi los ojos de Heath Ledger, en su rol de Ennis del Mar, llenos de lágrimas y cerrando su closet, en cuya puerta colgaba la postal de Brokeback Mountain y las ropas de su difunto amante Jack Twist. Más triste es todo cuando recuerdo que Ledger está muerto. Uno murió por allá y el otro por acá. Imagino que a quienes hemos visto esa película nos queda la misma sensación de impotencia y de duro realismo. Sigo con el corazón destrozado y recordando cómo se cerró aquel armario para dar paso a un guitarreo acompañado de una armónica para ambientar la tristeza western, la soledad de aquel desierto estadounidense. He was a friend of mine se titula la canción de Bob Dylan que se encarga de cerrar el filme, dejándome sin palabras suficientes para describir el dolor del fin de Jack Twist y recordar que Heath Ledger ya no está en este planeta.

Más adelante, luego cenar y tomar té con la familia subí a mi dormitorio y encendí el televisor y el notebook para comenzar a escribir. Comenzaba la entrevista a Daniel Muñoz, actor chileno de la popular serie Los 80, y las primeras imágenes exhibieron fueron aquellas en que le comunica a su esposa que había sido despedido del trabajo, entonces en plena crisis económica; la calidad del trabajo de Tamara Acosta (Ana en la serie) llenó el ambiente de la escena de tristeza y más dolor que mi alma recibió una vez más en el mismo día. Para terminar de rajarme los sentimientos quise buscar en Youtube Keep me in your heart del difunto (otro más) Warren Zevon, la canción del capítulo final de House M.D. y la escuché.

Cierro mis ojos por un momento y como es costumbre mía, me pongo de pie y salgo a mirar los cerros que rodean la población, más arriba veo las estrellas nítidas y más nostalgia se apodera de mi corazón. Tengo ganas de llorar y albergar más penas que logren sacarme el llanto desde el estómago, que los perros y los gatos se contagien y me acompañen en este momento morado. Mi hermana duerme en la cama de arriba del camarote y ambos no soportamos ver llorar al otro… botaré mis lágrimas en silencio, la noche por mientras bajará los grados de calor del día.

Les dejo el link de la película y la canción de Bob Dylan por si en esta nueva noche me quieren acompañar a llorar. Mañana reiremos otra vez.



martes, 8 de enero de 2013

Absurdo II

Nunca sé cómo empezar mis entradas y casi nunca lo hago por el título, pero ahora que sé a quien dirijo mis palabras, digamos que el título fue lo primero que se me ocurrió y no es la continuación de la historia de mi vecina, sino la conclusión de lo que a estas alturas del partido va entre un cariño viejo y malo y yo. Estoy vendiendo mi dignidad a unos cuantos recuerdos, a un par de emociones que asocié de pronto a César, a unas rimas en inglés que retrataron de manera magistral lo que debí haber sentido en el momento que comenzaste a cortejar a tu nueva chica. No la odié pero sí la envidié y le dedicaría mi set de canciones despechadas cuya lista no dista a muchas entradas de esta; tampoco me sentí mal, triste o desdichado en esos momentos porque había adquirido la capacidad de mantener los sentimientos ahogados en un respiro, en el límite del estómago; si el revoltijo de sentimiento hubiera llegado del estómago al corazón habría estado más que jodido cuando los vi besándose. Lo controlé y al parecer ahora que tengo tiempo libre vengo a recordar las Reflexiones de un vencido, escritas uno o dos veranos atrás, vengo a sentir lo que no sentí esa vez con una autocompasión anacrónica. Todo por culpa de una canción de Adele, de estar durmiendo en la misma cama en que te soñé con los míos y de ver caer la misma estrella fugaz en que imploré con desesperación por un futuro entre tú y yo, o algo material que fuera capaz de unirnos, aunque fuera de la manera más absurda.

Fueron lindas ilusiones, las mejores y más prolíficas que he tenido en mis últimos cinco años; recuerdo tanto ese sueño en que yo descansaba sobre tus muslos y te miraba como un novio enamorado mientras me conversabas de quién sabe qué dentro de una discoteca. Fue uno de los amaneceres en que sostuve la palabra esperanza en mis manos hasta que la dureza de los días la fue gastando. Ahora debería hacer un punto aparte y saltarme al siguiente párrafo pero no lo haré, así como debimos haber tenido algo y no lo hicimos no sé por qué, violaré -en venganza a los astros- todo raciocionio lógico y voy a expresar en este mismo grupúsculo de caracteres que extraño ser visto desde lejos con celosía y psicopatía como bien lo hacías tú con tus ojos, ya nadie más pudo hacerme sentir la complicidad que tuvimos en determinados espacios y tiempos. Pero sólo eso, porque el resto de inmaterialidad entre nosotros fue un desastre, un ir y venir de incertidumbres y frustraciones, por cuanto pido a todo tipo de entidad mitológica y divina que en mi vida tenga que poner mis ganas y esfuerzos en un ser tan cobarde y sin tino como fuiste conmigo. Ahora, que te he visto feliz, no te deseo mal pero tampoco te tengo en mis oraciones. Sé que de alguna forma te atormenta la culpa, el recuerdo y que sea antes y después de todo, un hombre. 



miércoles, 2 de enero de 2013

Absurdo


Las luces del árbol de navidad danzan en un juego intermitente, son monocromáticas y aburridas. La vecina vino a nuestra casa para preguntarme por qué le salía un cuadro en su computador cada vez que lo prendía, debe ser un virus pero Bastián –mi hermano- sabe cómo descargarlos, comenté con el fin de no pararme e ir a su casa a solucionarle el problema. Como sabía que mi hermano tampoco iría, preferí decirle que en esos casos es preferible formatear y solicitar de inmediato la instalación de un antivirus. Pero la vecina, que es amiga de mi mamá no se fue y se sentó a conversar y hablar de los problemas de ella y toda su familia. No es que no me importe, porque sus familiares son de especial aprecio mío, pero siempre es lo mismo, iguales peleas, iguales lógicas entre iguales miembros; el peso de las historias familiares.

De pronto llega su hija menor, un ser particularmente insoportable y precoz a su edad, doce años que ya fuma, va a fiestas y quién sabe qué cosas más hará a su temprana edad. Dios la guarde. Su voz es gangosa y su estilo demasiado entrometido. La vecina la regaña porque no la deja conversar en paz y de paso, indirectamente, me sentí aludido… y como los gatos que deben irse de la cama cuando llega el amo a dormir, también preferí ponerme los audífonos, encender la radio y venir al living a escribir.

Las luces del árbol se prenden y se apagan, por mientras me dispongo a leer y escribir todo lo que pueda, el verano se prevé eterno y las vacaciones. La vecina decide ponerse de pie, dar unos pasos y con toda su clase gesticulada en las manos me dice: chao Diego. 

lunes, 31 de diciembre de 2012

Palomo, quiero contarte

Quiero ser categórico en decir que este no es un balance de fin de año como hacen muchos en estas fechas en todas las esferas, pirámides y círculos del mundo. Lo bueno, lo malo, los perdones y las gracias ya están en los oídos de sus respectivos receptores. Palomar, quiero contarte que ayer me vine a Copiapó y antes de poder hacer maleta alguna me paseé por casi la mitad de todo Santiago.

Cuando me subí al bus realzado por la felicidad máxima de emprender el regreso, recordé una de mis entradas anteriores en donde describía el viaje perfecto. Pero algo no funcionó porque apenas identifiqué el asiento que me correspondía, el niño que sería mi acompañante me saludó y me trató de usted, de caballero, cómo está, para dónde va, yo soy de Lebu y hace cinco años que no voy al norte a ver a mi familia. Pobre hombre, me dije por dentro. Sin embargo, el resto del relato fue peor ya que sus padres estuvieron ausentes durante los mismos cinco años y en vez de tratar a sus hermanos como tales, decía: los hijos de mi mamá y los hijos de mi papá… pero cuando llamaba repetidamente a sus amigos no escatimaba en llamarlos hermanos. Se iba al norte porque quería terminar sus estudios dado que a los 17 años aún estaba en primero medio, voy a hacer el servicio para poder estudiar, ves que allá te dan esos beneficios, me comentó. Es de Tierra Amarilla y no tenía idea de cuánto había cambiado la ciudad, me habló de que no podía ir a clases muy seguido porque su padre y madre no le enviaban el dinero suficiente para sustentarse en casa de su abuelo por lo que debía salir a pescar… sale mucha albacora y sierra. Al tipo le gustaba conversar, no podía quedarse en silencio y sólo se detuvo cuando iban a transmitir la película, evento al que me había comprometido asistir con todas mis ganas, incluso me ofreció unos audífonos. Yo ya había visto Operación Walkiria y me resté a repetirme el plato, preferí buscar en mi mochila El Cuaderno de Maya y avanzar en esa historia, regalo de cumpleaños. Sebastián no volvió a hablarme sino para pedir permiso e ir al baño. Llegando al terminal nos despedimos con un apretón de manos y sin duda que le deseé lo mejor y quise que un golpe de fortuna llegara a su vida.

Cuando llegó la madrugada y el bus se trasladaba por la soledad de desierto recordé el hábito que caracteriza todos mis viajes: abrir la cortina y mirar la Vía Láctea en su mayor muestra, en pleno espectáculo para deliberadamente no conciliar el sueño y paradójicamente soñar y soñar. Recordé, además, una de mis recientes conversaciones con un muchacho santiaguino que me recomendó ver las estrellas y tratar de tocarlas. No te quepa duda que lo intenté y tal vez lo hice, pero tenías razón: con luna, si bien no deja de estremecerme, no es lo mismo y menos si está llena. Pero ella iluminó el camino de vuelta a casa e hizo sentir la nada de una máquina motorizada en medio del Desierto de Atacama. Palomo, no tengo más que contarte: soy libre al fin.

viernes, 28 de diciembre de 2012

COMUNICADO A LA OPINIÓN PÚBLICA - MOVIMIENTO SOCIOAMBIENTAL DEL VALLE DEL HUASCO

Freirina, 28 de Diciembre de 2012

Ante el anuncio formal hecho por la empresa Agrosuper de cerrar su proyecto de forma indefinida en Freirina, y la ratificación hecha por el Directorio junto al anuncio de no recurrir al Consejo de Ministros para obtener una RCA bajo sus condiciones, el Movimiento Socioambiental del Valle del Huasco declara:

1.- Lo que se ha logrado hasta ahora es fruto de la organización, la inteligencia y la unidad de la comunidad. Expresamos nuestro reconocimiento a la valiosa y decidida movilización de hombres y mujeres, adultos, jóvenes y niños en defensa de nuestros derechos y dignidad como habitantes del Valle del Huasco. Hemos tomado en nuestras manos la defensa del territorio, de la salud y de nuestras vidas ante el abandono de parte del Estado de su obligación de brindarnos la debida protección que como seres humanos y ciudadanos nos merecemos.

2.- Agradecemos también la decidida y valiosa solidaridad expresada por la inmensa mayoría del país que reconoce la lucha de una comunidad organizada que ejerce su legítimo derecho a hacerse respetar, porque las personas estamos antes que el lucro y que los intereses de las grandes empresas.

3.- La suspensión del bloqueo de la carretera C-46, responde a una decisión por parte de la asamblea, pero en ningún caso significa el fin de nuestro proceso histórico de movilización, sabemos cómo actúa el gobierno y la empresa, por este motivo permanecemos vigilantes y preparados para seguir manteniendo la defensa de nuestro territorio.

4.- Entendemos como una maniobra y un acto desesperado por parte de la empresa el intento de dividir a la comunidad a través del despido masivo de sus trabajadores. Dicha actitud demuestra el poco valor que esta empresa tiene por las personas, por el medio ambiente y por la organización e interrelaciones de nuestros vecinos.

5.- Exigimos al Gobierno que no siga intentando imponer por la fuerza y la represión un proyecto altamente contaminante y rechazado mayoritaria y categóricamente por la comunidad por ser inviable en nuestro Valle. Mantener esta postura que privilegia ideológicamente los intereses privados por sobre la vida de las personas, lo hace único responsable de todo lo que ha ocurrido y pueda ocurrir.

Es la propia empresa la que ha ratificado que no seguirá con su proyecto en Freirina. Es, además, la misma clase política la que ha reconocido que el proyecto Agroindustrial Valle del Huasco desde un comienzo fue mal planificado y mal ejecutado, por lo cual nos han dado la razón de sostener su absoluta inviabilidad. 

6.- Por esta razón emplazamos al Gobierno a ANULAR Y REVOCAR DE INMEDIATO TODA AUTORIZACIÓN O RESOLUCIÓN que daba continuidad a este proyecto, y DECRETAR EL CIERRE DEFINITIVO DE SUS PLANTAS, declarando LA IMPOSIBILIDAD DE QUE ESTE TIPO DE PROYECTOS SE PUEDAN VOLVER A INSTALAR EN NUESTRO TERRITORIO.

7.- Denunciamos que el puerto de Huasco nuevamente esta amenazado por la muerte y la devastación, ya que el gobierno haciendo uso de la institucionalidad aprobó forzosamente el proyecto termoeléctrico Punta Alcalde, el cual fue previamente rechazado en las instancias técnicas de evaluación. La aprobación por el Consejo de Ministros es una decisión política que sólo favorece intereses privados de grandes empresas, sin considerar la salud y la vida de las personas que habitamos este valle. La comunidad rechaza tajantemente esta aprobación lo que se demostró en el coraje y determinación con que la comunidad de Huasco enfrentó a las fuerzas represivas del Estado.

8.- Le recordamos al Presidente Piñera sus palabras anunciadas durante su discurso del 21 de mayo en donde señala que el valle del Huasco vive una tragedia ambiental, sin embargo, ha condenado a nuestro territorio a ser una zona de "sacrificio ambiental".

9.- A pesar de la existencia de decretos en donde se declara el agotamiento de la cuenca del río Huasco, denunciamos que se siguen entregando derechos de agua a privados, incumpliendo y actuando una vez más de manera mentirosa y cobarde frente a la comunidad.

10.- Por ultimo declaramos que nuestra comunidad se mantiene organizada, informada y movilizada en defensa de nuestro Valle del Huasco y de nuestras vidas.

MOVIMIENTO SOCIOAMBIENTAL DEL VALLE DEL HUASCO

sábado, 22 de diciembre de 2012

Libre de sentimientos

Todavía estoy atrapado en la selva de cemento de Santiago. El calendario no ha querido que pueda tomar rumbo al norte, ocupar un día entero haciendo las maletas y llenando el mp3 de música para soportar el cansancio que produce poner un pie fuera del departamento, llegar al Metro mirando hacia todos lados para que nadie me vea desprevenido ni me aborde para apoderarse de mis pertenencias, recordar si tomaste las llaves, la Tarjeta para pagar el transporte, el boleto del bus, la hora, el dinero, bajar y subir las escaleras del Metro más las combinaciones y cuántas canciones ya se habrán reproducido en mis oídos. Aún no pasa,  pero la fecha está definida para alzar mi rumbo a la ciudad sin río, a la ciudad del sol dueño eterno de los cerros secos y arduos.

Por esta vez podré subirme al bus sin los pensamientos de cómo sería si alguien fuera conmigo, sin esa angustia de que me sorprenda la noche despejada y no tenga con quien mirar cómo avanzan los platillos voladores por la Vía Láctea, ni a quien enseñarle la Cruz del Sur, ni pedir desesperado algún deseo desesperado cuando caen las estrellas fugaces. Subiré al bus en el Terminal San Borja, miraré la hora y veré detenidamente la película que ofrezcan, esperaré mi colación y no pensaré en lo absoluto en la Universidad, en el departamento, en los amores ni en nada que pueda amargar un viaje de doce horas continuas. Seré amable con quien se siente a mi lado pero tampoco le hablaré, a no ser que... Como siempre le pediré a Dios que nos acompañe, que lleguemos a destino sin novedad ni que el bus choque o se de vuelta al amanecer y que haya recambio de chofer para que no se nos duerma manejando. Cuando salgamos del terminal y no nos pille la congestión vehicular santiaguina podré sentir que estoy de vacaciones, que dejo atrás un año lleno de todo, sufrido, peleado y amado; que iré a mi casa, allá donde el sol todos los días no escatima en energía para sacarnos de la cama y caldearnos los ánimos, en donde podré al fin estar con mi gente y celebrar que viene un Año Nuevo con mejores oportunidades y horizontes, donde voy a reír por reír sin buscarle motivo a la alegría, que estaré libre de toda academia, de todo Gobierno y Gestión Pública y de todo hombre: me voy libre de sentimientos.