Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

domingo, 7 de octubre de 2012

Hijo

17.03.10


Hijo, yo quiero ser tu padre, recurso de alegrías. 
Ser una luz clara, tu sonrisa, poesía. 
Hijo que vives en mí antes de parido, 
sé el testigo de este goce empedernido. 
Niño bueno que pienso sin haberte fecundado, ven conmigo. 
Toma mi mano. 

Eres alegre y colorido cuando ríes. 
Eres fuerte y a veces malhumorado. 
Hijo mío, no seas porfiado; 
llega pronto, que ando pobre y desalmado. 

Hijo mío no te vayas, 
hay un cuento que aún no te he narrado. 
Hijo mío, dulce sueño, llega sano y rosadito. 
Hijo mío, travesura sincera, trae luz a mi caverna. 
Hijo mío, sol despierto, dale paz a mi cabeza. 

Indiferente

13.04.10


Aunque no te importe 
y aunque no te duela, 
mis sábanas se han cambiado de nombre, 
humedecen otras pieles mis salivas, mis sudores.

Aunque no me extrañes 
y aunque no me llores, 
otros oídos gozan de mi poesía, 
sublime se escribe como la sangre 
que irrigó mi cuerpo de pureza y lozanía.

Aunque en muchas noches yo te quise
y en tantas otras yo te amé,
en esta noche eterna,
dos suspiros yo expiré:
uno decía gracias;
y el otro no entendía: de qué.

Y aunque a veces
me dan ganas de extrañarte
ya ni mis miradas te las lleva el viento,
pues te quedaste adentro
del cerrojo de un recuerdo.

Ángeles


9 .06.10



Sobre este minuto que ha pasado
pasaron dos ángeles cantando
sonreían como niños felices
que ya no era un minuto amargo.

Decían que yo brevemente te miré
y que tus ojos me estaban esperando;
miraban callados y alejados
los dos ángeles y tus ojos extasiados.

Dos ángeles felices
de ver nuestro espectáculo
se miraron y dijeron
sí se aman los muchachos.

Dos ángeles dichosos
de ver amor desesperado
quisieron traer un hijo
y en su intento acertado
nació el angelito Cupido.

Mientras yo con mis labios
esperamos tus besos reservados,
dos ángeles dichosos entregaron,
a su hijo, una flecha y un arco.

Fléchalos por siempre, 
ellos le ordenaron.
Y con eso mi destino
quedó a tus ojos amarrado.

Y con este cuento yo te espero
de tus besos, esperanzado.
Y con este cuento de dos ángeles
no me canso de esperarlos.

De vuelta a Morissette y House M.D.

Dormí la tarde entera hasta cerca de la medianoche. Soy hombre libre en la casi totalidad de los aspectos de la vida humana. Mientras avance mi escritura o su lectura podrá ir saliendo algún par de ideas acaso conexas; no hay mucho de qué desahogarse por tanto cabe la chance de temer por el futuro de esta entrada.

Pues bien, luces apagadas y oscuridad encendida. Dadas mis últimos sucesos me he vuelta a acercar a la música de Alanis Morissette para pintar con arte y música la vida y comprender que esto que siento yo alguien lo ha sentido antes. No soy el primero y tal vez no el último en tener una mezcla de sensaciones que ya ni siquiera se trata de no poder contar, ya no me dan ganas incluso de sentarme a pensar. Reproduzco Hand in my pocket y es posible vivir con un mar de antítesis qué quizá no lo sean tanto, mas bien responden a la clásica diferencia entre actitud y conducta; lo que pasa por dentro y lo que se muestra hacia afuera. Durante los puntos más álgidos de la semana, de todos los versos de la canción el que más me acomodó fue I'm tired but I'm working (Estoy cansado/a pero trabajando/funcionando) para rematar la estrofa con Is that I haven't got figured all out just yet? (¿Es que no me he dado cuenta de todo aún?). Miré el vídeo por internet y de sugerencia encontré otra canción que es acaso la más triste de la autora: Not as we (No como nosotros), con una letra profunda, aguda y distinta (como siempre) a lo que escribe o le escriben a las exponentes del pop anglosajón; en honor a la verdad el disco entero del que forma parte Not as we  -Flavors of Entanglement (Los sabores del enredo)- tiene un sello de ruptura y canto por la herida y dados mis rasgos obsesivos busqué la crítica y ciertos datos de esta canción desgarradora. Como todo está conectado en este mundo y uno tiene la capacidad de simbolizar, Not as we fue adelantada por mi serie favorita House M.D. en el capítulo 97 Seconds (capítulo tercero de la cuarta temporada) el cual no pude evitar volver a ver luego de apagar las luces y encender la oscuridad. Reconcerté una cita con el equipo de House.

En 97 Seconds se entra en la discusión de si hay algo más allá después de la muerte puesto que uno de los pacientes relata que luego de sufrir un ataque estuvo muerto por 97 segundos, en tanto a otro paciente se le diagnostica cáncer a la piel por parte del oncólogo Dr. Wilson quien le entrega esperanza de tener una muerte con una mejor calidad de vida, pero el paciente se rehúsa aludiendo a que prefiere otra vida antes de seguir adolorido y postrado en la cama de un hospital. House le responde ofuscado y con habitual poco tacto que esto es todo que no hay nada más allá, pero sus palabras no cobran sentido para el paciente. Fuera de la habitación Wilson lo enfrenta y regaña pidiéndole que respete las creencias de los otros por absurdas que sean ya que por último cada uno es dueño de aferrarse a lo que quiera en sus últimas horas. En esa misma escena en que fui cautivado por la prestancia y siempre buen tino del apuesto James Wilson comenzó el piano a introducir Not as we cuya esencia no se relacionaba muy bien con el capítulo pero de todas maneras hizo catarsis. Excelente capítulo del cual sólo he destacado el aspecto del trasfondo cuya trama y nudo merecen mayor atención. Gregory House es un empirista y buscará convencerse ante las dudas. James Wilson guarda una belleza original, mi mención honrosa para él. 

domingo, 30 de septiembre de 2012

Mi libre canción: del despecho y de mí.

A veces digo cosas necias. Así doy inicio a esta entrada citando de forma intertextual a "La Gabriela" de TVN. ¿A veces? Más bien frecuentemente. Desde fuera de la doxa, desde escenarios de total incertidumbre, siento que no avanzo ni retrocedo en este continuo bipolar de un no y un sí. Me estanco, y me doy cuenta de eso por este estilo inusual, lacónico y wertheriano con el que estoy escribiendo, dándome cuenta del montón de cosas necias a las que incluso di nombre. Semanas atrás mis palabras podrían haber sido hipótesis cercanas a nubes duras e inmutables. Hoy no, todo ha salido fuera del universo, acaso conceptual. 

Me disculpo si no se entiende bien, pero ni yo logro hacerlo. Esta entrada es del despecho y de mí. Si en escritos anteriores he dado bastante por conocer de mí, el título de éste resultará lo suficientemente sugerente para deducir. Hay ciertas cosas que a uno lo despechan. 

En lo posterior, un listado con las más de 30 de canciones que escucho cuando estoy como se dice en Chile, picado y hablando por la herida.

24.09.12

La canción con más despecho de todas. Gracias Amanda Miguel.
  1. Rolling in the deep por Adele.
  2. What it takes por Aerosmith.
  3. Hands clean y You oughta know por Alanis Morissette.
  4. Adiós y Crimen por Gustavo Cerati.
  5. Detalles por Roberto Carlos.
  6. Mala gente y La camisa negra por Juanes.
  7. De qué me sirve por Julieta Venegas.
  8. Las cosas que cambié y dejé por ti y Ahora que no estás por Los Bunkers.
  9. Oye mi amor y Mariposa traicionera por Maná.
  10. Te conozco bien por March Anthony.
  11. Zamba por vos y Zamba para olvidarte por Mercedes Sosa.
  12. Maneater por Nelly Furtado.
  13. Roses por Outkast.
  14. A ti y Te conozco por Ricardo Arjona.
  15. Te dejo Madrid, Don't bother, Si te vas y La tortura por Shakira.
  16. Y cómo es él por José Luis Perales.
  17. Got my mind set on you por George Harrison.
  18. A esa, Una estúpida más y Dímelo delante de ella por Pimpinela
  19. Rata de dos patas por Paquita la del Barrio.
  20. Pa' ti no estoy por Rossana.
  21. Si me vas a abandonar por Buddy Richard.
  22. Mil pedazos por Christina y los Subterráneos.
  23. Me cansé de rogarle por Vicente Fernández.
  24. I will survive por Tina Turner.
  25. Dos gardenias por Company Segundo.
  26. With or without you por U2.
  27. Ya no te quiero por Vicentico.
  28. Ese hombre por Rocío Jurado.
  29. Así no te amará jamás (arriba) y Él me mintió de Amanda Miguel.
  30. Inocente pobre amigo por Juan Gabriel.
  31. El albertío, El gavilán, La jardinera, Maldigo del alto cielo, Una copla me ha cantado, ¿Qué he sacado con quererte? y Paloma Ingrata por Violeta Parra.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Caminando en línea recta

Camino en línea recta, no doblo por lugares que no corresponde. Desconfío del concepto de la diagonal y de las calles con curvas. Para ir a la escuela me bajaba en una esquina de la micro -nunca a mitad de cuadra- y a lo más cruzaba la calle con roja si no venían vehículos muy cerca. No conté nunca los pasos, pero sí el tiempo en que me demoraba en llegar al colegio a través de calle Yerbas Buenas, desde Rodríguez hasta Chañarcillo. Diez minutos máximos con paso provinciano, veloz para mí cuatro años atrás. Me guiaba por los cerros... llegando al cerro Capi estaba cerca de casa, llegando al cerro La Cruz me aproximaba a la entrada/salida norte de Copiapó.

Las calles en formato damero, veredas estrechas, arriba el sol y por abajo la luz reverberante si es que no había neblina. El escenario era agradable en los otoños e inviernos, pero en primavera y verano parecía que uno fuera a caerse al suelo del calor, en las micros la temperatura acosaba y los abrigos o chalecos terminaban por acabar con la gentileza de los ciudadanos. Así me pasaba a mí, no era fácil lidiar con el polvo, el sol y la vida de desierto. Pero hoy extraño todo eso... nunca dimensioné todo lo peor que era el smog del aire santiaguino, sus fríos dolorosos y mis consiguientes dolores de pecho, las manos frías y los huesos de los pies más parecidos a fierros recién salidos de un congelador. Para qué hablar de las calles y de cuando tuve que ir a hacer trámites universitarios a Diagonal Paraguay, en que si no me perdí fue por mero sentido de supervivencia. Esa la superé porque me la aprendí de memoria, mas cuando tuve que ir a vivir a Recoleta y me encontré con la Diagonal José María Caro, literalmente perdí el norte. Tomaba la micro y me bajaba con todos en el Metro. El Metro, pese a ser un concepto radicalmente nuevo, fue lo que más se asemejó a las calles en línea recta, todo muy claro e imposible perderse. No, jamás hice parar a los trenes: fue lo primero que me advirtieron. Pero mi aire de copiapino debió verse en cuando miraba los últimos pisos de los edificios, hasta hoy lo hago porque se me hace inevitable, mi paso cada vez es más lento. Pero ya no me importa, hasta los santiguinos no saben cómo usar el Metro ni hacia dónde deben caminar aún si tienen puntos de referencia evidentes como el Cerro San Cristóbal o el Renca. 

Caminaba en línea recta, es verdad. Anduve en micro desde pequeño y hasta hoy lo hago cuando voy a Copiapó o bien ando en bicicleta. Me sé los nombres de las calles, el de las tiendas, y todos los recorridos del transporte público. Acá hago lo mismo, mis caminos son siempre iguales, doblo cuando corresponde y odio los atajos. Y así hago todo en la vida, tomo decisiones cuando estoy seguro de haber pisado donde corresponde, cuando no siempre me siento inseguro. Se debe doblar sólo cuando el final de camino es visible y pues bien, ahora sé que he sido descubierto o al menos lo sospecho con evidencias de sobra; Matías ha dado con mis escritos. ¿Cómo lo descubrí? Caminando en línea recta, mirando hacia los lados y sus respectivas señales, hace poco vi la meta al final del camino. Creo que es tiempo de virar hacia Matías. 

domingo, 16 de septiembre de 2012

Extracto de Los Vagabundos, Máximo Gorki (1934)

"Así va el mundo; lo que está prohibido es lo que gusta… Tú no lo sabes; pero a veces se me ocurre pensar en la vida y siento miedo. Sobre todo cuando padezco de insomnio. Delante de mí está el mar, encima el cielo y todo tan negro, ¡tan aterrador! ¡Estoy solo! y entonces me siento tan pequeño, tan pequeño, tan pequeño… y me parece que la tierra se agita bajo mis plantas y que no hay nadie más que yo en el mundo. Si en esos momentos estuvieses a mi lado, por lo menos seríamos dos."

El premio

No pienso en eso cuando escribo,
Pienso en que recibirás mi oda,
Feliz de ser nacido, conmovido.

No creo en un premio, en un libro,
Creo más que un día te tendré entero
Cuando en Diciembre veamos
lo que fuimos desde Enero.

Cuando me hallo de noche entristecido
Y escribo un poema de desconsuelo,
Me enojo y me digo testarudo
Que tienes tú que en está noche hay desvelo.

Yo quiero que tú seas tan triste como un capullo
Mientras yo sea lejos en el mundo,
Pensaré que soy la risa, el compañero y la bondad
Lo que falta en tu vida, al lado tuyo.

Ya vuelvo, hombre querido, ya vuelvo,
No desesperes, anda el camino que te espere
Por mientras yo en la cama te sueño
Y en las anchas taras de mi mente
Amén que yo te escribo,
Amén que tú me lees.

En ti yo pienso cuando escribo,
Viéndote sentado frente a mis cartas,
Leer con lágrimas en los ojos,
Añorando con tu cuerpo insuficiente, mi alma.

Yo no pienso en publicar un libro,
Pienso en tu sonrisa de niño bello
Que inunda tu rostro entero,
Lleno de poesía y lleno de sentimiento.

Yo no he querido obtener un premio
Yo quiero verte dándome motivo,
Que seas las mieles de mi sustento,
Tan espontáneo como un suspiro.

sábado, 15 de septiembre de 2012

La historia de mi nombre

Mi nombre primero es Diego y su historia comienza con la transmisión de una telenovela venezolana llamada La Dama de Rosa, libre adaptación de Los Miserables por Víctor Hugo. El personaje que inspiró a mi mamá es el hijo de Tito Clemente, Diego Clemente. Tendría cuatro o cinco meses de gestación cuando mis padres por acuerdo tomaron la decisión. Mi segundo nombre es Ignacio y se me fue asignado porque en el local de comida en que hace años trabaja mi papá siempre llegaba un cliente con un niño que se llamaba así y a mi padre le gustó cómo sonaría eso en uno de sus hijos. Eso lo cuenta mi mamá, pero mi papá acaba de llegar a entregar su relato, “Te pusimos Sebastián porque…” Pues bien, yo no me llamo Sebastián.

Jonathan Montenegro, Diego Clemente
Hasta hoy somos cuatro hermanos y cada uno tiene tres nombres, no dos como el común de las personas. Hemos tenido, entonces, que cargar con otra historia más en nuestras vidas. Como en el dilema del prisionero mi mamá dijo que mi hermano mayor ya tenía tres nombres y todos debíamos ser tratados por la misma ley. Por consiguiente, Lucas me fue asignado porque había que tener un tercer nombre y era el que más rimaba con Diego Ignacio. No me aventuraré a preguntar si había otras opciones… la invención momentánea siempre es una alternativa. En cambio mi papá sin querer diferir de mi mamá, me cuenta en la otra celda que era un nombre “italiano” y querían honrar tales raíces. No sé bien a quién creerle, pero a decir verdad, como buen Libra, mi papá siempre está dispuesto a decirme algo que me agrade pese a que Sebastián es el segundo nombre de mi hermano mayor y eso no me pareció muy bien. No lo culpo, son cuatro hijos, tres nombres y doce en total. Le agradezco con que recuerde mi cumpleaños. 

martes, 11 de septiembre de 2012

Saltando


Teñida por el sol del centro chileno,
su piel va volando por el aire marino.
Y al sol alcanzando van sus manos siguiendo.
Suaves olas del mar son mi testigo.

Como los delfines, se va doblando su cuerpo,
conjunto de fibras y pasión que no gravita.
No necesita alas para enamorarme con su vuelo,
sólo mostrar el juego por el que entrega la vida.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Coplas por Gabriela Mistral


A la azul llama del pino
que acompaña mi destierro, 
busco esta noche tu rostro, 
palpo mi alma y no lo encuentro. 

¿Cómo eras cuando sonreías?
¿Cómo eras cuando me amabas? 
¿Cómo miraban tus ojos 
cuando aún tenían alma?

¡Si Dios quisiera volvérteme
por un instante tan sólo! 
¡Si de mirarme tan pobre 
me devolviera tu rostro!
...................................

Para que tenga mi madre
sobre su mesa un pan rubio, 
vendí mis días lo mismo 
que el labriego que abre el surco. 

Pero en las noches, cansada,
al dormirme sonreía, 
porque bajabas al sueño 
hasta rozar mis mejillas. 

¡Si Dios quisiera entregárteme
¡por un instante tan sólo! 
¡Si de mirarme tan pobre 
me devolviera tu rostro! 

...................................

En mi tierra, los caminos
mi corazón ayudaran: 
tal vez te pintan las tardes 
o te guarda un cristal de aguas. 

Pero nada te conoce
aquí, en esta tierra extraña: 
no te han cubierto las nieves 
ni te han visto las mañanas. 

Quiero, al resplandor del pino,
tener y besar tu cara, 
y hallarla limpia de tierra, 
y con amor, y con lágrimas. 

Araño en la ruin memoria;
me desgarro y no te encuentro, 
¡y nunca fui más mendiga 
que ahora sin tu recuerdo!

No tengo un palmo de tierra,
no tengo un árbol florido... 
Pero tener tu semblante 
era cual tenerte un hijo. 

Era como una fragancia
exhalando de mis huesos. 
¡Qué noche, mientras dormía, 
qué noche, me la bebieron! 

¿Qué día me la robaron,
mientras por sembrar mi trigo, 
la dejé como brazada 
de salvias junto al camino? 

¡Si Dios quisiera volvérteme
por un instante tan sólo! 
¡Si de mirarme tan pobre 
me devolviera tu rostro! 
...................................

Tal vez lo que yo he perdido
no es tu imagen, es mi alma, 
mi alma en la que yo cavé 
tu rostro como una llaga. 

Cuando la vida me hiera,
¿a dónde buscar tu cara, 
si ahora ya tienes polvo 
hasta dentro de mi alma?

viernes, 7 de septiembre de 2012

No se va, sigue aquí

No se va. Ha vuelto a la réplica del breve temblor. Por más que lo expulsé fue inevitable sentir el coletazo de noches pensando sus saltos, su atención, sus pasiones. Acá está una vez más probando suerte en mí. No me he dedicado más que a beber café, a leer, a escribir y a cansarme como la canción Procuro Olvidarte. Y todo ha dado resultados menos ésto. He espantado el sueño de mis ojos, he recibido felicitaciones por mis logros y he llegado a todas mis clases. Pero no se va, sigue aquí y los símbolos me han jugado una mala jugada. ¿Cómo se va a ir si hasta ya no oigo música con el afán de ver qué obtengo de mi invención de Terapia del Silencio? 

Cómo extraño encontrarme de repente con 34 grados de calor en Copiapó en pleno invierno.

Pero estoy cerca del éxito, no hace 3 noches con sus días que neutralicé el volumen y todo sonido que no fuera natural y mientras twitteaba recordé el nombre de mi abuela Matilde Miranda y por efecto recordé al resto de mis abuelos de los que tres descansan en paz y uno está en Copiapó (ya le celebramos los 80 años este 2012). Es un bonito nombre Matilde, si la hubiera conocido la habría llamado abuela Mati. Recordé a mi abuela Rita y al amor por el tango y los bandoneones que compartimos, y pese a que no puedo decir mucho de mi abuelo Carlo, lo honro de todas maneras por darle la vida a mi madre. Mi abuelo Lalo está en Copiapó, tampoco compartimos mucho pero cuando hablamos por teléfono o nos encontramos en el centro (lo cual es muy fácil) me llena de halagos que no merezco. Los abuelos, según dictó don Pedro Engel en su taller de ancestrología para empresas, son parte de nuestro sistema familiar junto a nuestros padres y bisabuelos. La analogía que usó es que una persona es como un árbol el que obviamente no puede crecer sin tener sus raíces firmes en la tierra. Por conclusión, el éxito en la vida no tan sólo depende del esfuerzo que uno pone para obtener sus metas, sino también del valor y el honor que le entreguemos a nuestros antepasados por darnos la vida, en donde claramente está Dios. A mis bisabuelos estoy a punto de llegar, estoy averiguando sus nombres, sus vidas pero sé de algunos como de mi bisabuela Elba Navarrete sé que no crió a mi abuela Matilde por razones que sólo ella supo. Mi abuela no la perdonó y mi tía Sylvia, su cuñada, le decía que no fuera reconrosa: "Sea como sea es tu mamá chata." Mi bisabuela Aldecira Díaz, abuela paterna de mi papá tuvo que cambiarse el nombre y sacaba entierros entre otras cosas, nunca supo que murió de cáncer, era Capricornio. Yo la imagino como una mujer buena, justa y digna. De ella he sabido más por medio de mi tía abuela Sylvia. Mi bisabuelo Samuel Castillo cuyos  genes se replicaron fenotípicamente más en los hijos de mi tío Ricardo, inspiró la muerte del padre de Garcilaso, Nicolás y Marcelo Nahuel en Nahuel. Así también él dejó este planeta, enviando a sus hijos al circo cuando presintió su muerte, no quería que lo vieran morir. Cuando los niños estuvieron en el circo se lo llevó al Cielo un ataque al corazón. No sé si podrá estar a la siga y cuidado de los cientos de bisnietos y tataranietos que le son descendencia, pero de todas maneras yo llevo parte de él en mi corazón y en mis circunstancias. De mi bisabuelo Ángel Custodio, Francisco Domingo y Manuel aún no tengo información y veo que será difícil llegar a ella, pero no imposible, de mis bisabuelas Edecia, Elba y Clara es la misma historia. Y retomando, sé que en esa noche en que bajé los decibeles mis tres abuelos estaban conmigo pues bastó el silencio para que llegaran a mi recuerdo. Desde su dimensión me protegen y así también lo siento. A la ancestrología también le agregaría el lugar donde uno nace porque ningún árbol puede crecer fuerte si rechaza o deshonra la tierra que lo alimenta.


Ahora lo comprendo bien, no se va ni se irá, sigue aquí. Como conmigo siempre han estado mis abuelos, también sigue aquí como parte más de mi vida, de la vida que yo construyo y forjo hacia adelante. Las raíces de mi árbol han venido a socorrerme como una bendición por cuanto les rindo honores y dedico mis triunfos. Decreto que mis anhelos se concretan, no se va y sigue aquí como yo allá. Creo que los Rolling Stones me dieron una oportunidad.

sábado, 25 de agosto de 2012

De paseo en Freirina y el Valle del Huasco

Dedicado a los Rojas Alarcón por su inmensa hospitalidad y cariño.


Incluso soñé con que Ignacio me llamaba por celular para decirme que iría a almorzar a mi casa y que debíamos encontrarnos en la Biblioteca Pública de Copiapó a las 12 del día tal como lo previmos con anterioridad. Tanto fue mi sueño y cansancio que al abrir un ojo y antes de que fuera demasiado tarde lo llamé para avisarle que no iría a leer y que prefería que llegara directo a mi casa. Él me respondió que no me preocupara porque también tenía sueño y aún no se levantaba, que no olvidara que ese día o el siguiente nos íbamos de viaje a Freirina, su tierra. ¡Verdad! Me había invitado a conocer su casa y familia. Luego de almorzar nos dispusimos a ir al centro a comprar los pasajes. Viernes ocho de la noche y camino a Vallenar por dos horas para abordar el auto con que su hermano nos esperaba para ir a Freirina junto a su pareja Fernanda. 

Alrededor de las once de la noche nos dirigíamos de la ciudad de Vallenar hacia Freirina y en el camino Ignacio y Raúl, su hermano, me indicaban los lugares en que hubo barricadas y se quemó uno de los vehículos de la policía por los manifestantes que protestaban en contra de le fetidez que emanaba de las plantas de cerdos de la empresa Agrosúper. Hasta ese momento, para mí todo lo que me contaban se reducía a lo que oí en la radio o a las imágenes de la televisión, era de noche y no podía hacer mucho. Ni abrir las ventanas quisieron para evitar el desagradable hedor a chancho. Ya en casa conocí a los padres de mi anfitrión, aunque ya conocía a la tía Charo, había pasado años desde que no nos veíamos así que fue la segunda vez. Don Raúl me saludó con un abrazo: los quise de forma inmediata. Luego llegó Benjamín, el sobrino de Ignacio que rápido me preguntó: ¿Cómo se llama usted tío? ¿Usted sabe que el tío Nacho se va a casar con la tía Yako? Cuando volví a Copiapó ya tenía un sobrino y un lugar donde quedarme si es que volvía a esas tierras donde se junta el frío y el calor de Chile. Después de comer y tomar té supimos que Fernanda y Raúl irían a una reunión con sus amigos y amistosamente nos invitaron y amistosamente aceptamos ir, pese al sueño y cansancio. Al salir sentí el olor a chancho, pero conocí su real intensidad a los dos días venideros cuando dimensioné todos los kilómetros que debe viajar por el aire para llegar a las casas de manera penetrante. Afortunadamente no soy asquiento como para correr a vomitar, pero hay personas que sí lo son y que se afectan por este problema no sólo del ámbito de la dignidad, sino también de la salud. Entre otras cosas lo pasé muy bien con los amigos de Raúl y Fernanda, noche de karaokes, cueca y saya. 

Debido a la hora en que nos dormimos, alrededor de las seis de la mañana, despertamos a la hora de almuerzo. Me avergoncé de haber mostrado la hilacha tan rápido, pero qué se le iba a hacer, los Rojas Alarcón son pura comprensión. No recuerdo bien si fue en la noche en que llegué o a la hora del almuerzo en que conocí a mi nuevo tío, mi tío Papo, un caballero muy respetable y culto, agradable de quien jamás olvidaré cómo se tomó de un puro trago un pequeño vaso de pisco sin chistar y destilado. Eran los días de los Juegos Olímpicos en Londres y él sabía de todos los deportes, sus nombres y récords como quién se sabe cuántos días tiene cada mes. Luego de almorzar nos encaminamos al auto y partimos a conocer el Puerto de Huasco pasando por Huasco Bajo, hasta llegar a las inmediaciones de CAP y de la Termoeléctrica Guacolda que hace años viene contaminando el valle y a la población que no dista demasiado de allí. Ahí mismo un barco de Japón exportaba o importaba algo cuyo nombre ya no recuerdo.

En las imágenes de la izquierda se refleja parte del último párrafo en relato. Eso es lo que vive la población huasquina de forma diaria y la fauna marina yo puedo imaginarla muerta o casi inexistente debido al cambio de temperatura constante de las aguas cuando son devueltas al mar a altas temperaturas. De aprobarse el proyecto de Termoeléctrica Castilla este será el panorama para los habitantes del Valle de Copiapó que dicho sea de paso ya está desertificado y sin río.
Posterior a tan desalentador panorama cogimos rumbo hacia la caleta donde nos servimos una empanda de mariscos y otra de queso. Mucho frío y humedad a las seis de la tarde pero no fue suficiente para evitar las ganas de subir al faro y mirar el mar desde una altura vertiginosa; ya arriba me imaginaba y pensaba hacia donde caería el faro en caso de terremoto o fin de mundo, al cemento o al mar. De vuelta a casa la tía Charo nos esperaba con más empanadas de queso y fue de visita el niño Cocó y la niña Bárbara, amigos de Fernanda y Raúl con quienes compartí la noche anterior. En la mesa no entrampamos con fábulas, mitos, leyendas y penaduras entre las cuales oí una nueva versión de La Llorona y me enteré de la existencia de El Duende de la Campanilla que todos, a excepción mía, aseguraban haber visto. De mi parte hablé de La Llorona versión Copiapó y de las carretas, del burro que se alarga, del Alicanto y de experiencias paranormales propias e impropias. Qué día agradable aquél. Benjamín jugaba por mientras con su amigo Cristián. No estoy seguro pero creo haberme dormido temprano ese día en que el olor a cerdo se me hizo secundario.

Al siguiente día tomamos desayuno mientras nos  se cocinaban unas ricas lentejas a la hora de almuerzo. Don Raúl tenía la tarde libre, pero por mientras con mi sobrino Benjamín nos dedicamos a leer cuentos y enciclopedias, y por eso espero haber sembrado en él las ganas de aprender a leer. Hasta que estuvo listo el almuerzo de la tía Charo y no pude creer que Ignacio fuera tan mañoso para comer legumbres. Cuando va a mi casa de Copiapó come de lo que haya, todo y siempre dice que está rico. Mi mamá lo quiere, en realidad toda mi familia, incluso me retan cuando cocino comidas inventadas y le convido a Ignacio, pero él dice que está todo rico e incluso me pide la receta. Debe ser porque siempre le dije que en mi casa mi mamá se enojaba si rechazaban la comida, lo que es mentira, porque el que se enoja en esas ocasiones soy sólo yo. No es enojo en realidad, es otra cosa parecida a la reprobación. Finalizado este espacio de mi peor defecto, el egocentrismo, nos preparamos para ir a conocer más del Valle del Huasco y partimos con don Raúl, la tía Charo e Ignacio a conocer el centro de Freirina para después adentrarnos en los parajes que embellece el fenómeno del Desierto Florido atacameño con sus añañucas y cactus inmensos. Una vez atravesado el Río Huasco llegamos a la casa de la señora Mila, que vivía de sus animales y seguramente del aporte de algunos de sus hijos, era una casa rosada a la que no habíamos atinado a bajar, pero la curiosidad fue más fuerte. La fuimos a saludar a ella y su hija, una mujer de casi cuarenta años. Lo que más me sorprendió fueron sus numerosas y enormes gallinas; cuando vimos a la señora Mila, ella estaba preparándoles la comida e incluso me confundió con Raúl, qué grande está me dijo. De pronto llegó a nuestro lado un gato y creo que es el más hermoso que he visto alguna vez, un pelaje gatopardo que daba la impresión de ser un fondo plateado y rayas negras. No recuerdo su nombre, pero a veces la gente no les da nombre a sus animales, ¿para qué? si basta con decirles cuchito chuchito o hacerles sonar la comida de pellets y llegan. Terminada la visita donde la señora Mila nos dirigimos a conocer el sector en que la empresa Agrosúper instaló las plantas de producción y alimento de chanchos.Por el camino no había olor y todo era muy rural y conmovedor para alguien que se acostumbra a vivir en el cemento: caballos, vacas, riachuelos, canales, burros, etc. Nos detuvimos y bajamos en el Río Huasco a tomar fotografías mientras don Raúl bajaba a la ribera para cortar algunos berros y comerlos en la ensalada. Cuando nos adentramos camino a las plantas comenzó a emanar el olor a cerdo, pestilente y penetrante y a medida que nos acercábamos por el camino público nos seguían de más cerca una camioneta con guardias y vigilantes en su interior pensando que éramos periodistas. Cuando hablamos con funcionarios de manera amable, ellos se dirigieron a contarnos de lo decepcionado que estaban de la empresa que había prometido empleo local pero cada día llegaba un santiaguino más al sector. En noticias de hoy, oí por Radio Bío Bío que Agrosúper será quién pague y encargue un estudio para evaluar los avances en materia medioambiental y si se ha disminuido el impacto negativo del traslado de los chanchos a la zona, ¿pero qué estudio puede ser serio y gozar de validez si se da la figura de juez y parte? Creo que ninguno. El ministro de salud Jaime Mañalich ordenó a la firma llevarse los cerdos de la zona en seis meses y los habitantes ya están perdiendo la paciencia. Al retirarnos del lugar nos fuimos al área de Hacienda Atacama a visitar al Paisano, hermano de la tía Charo porque tenían que dejarle unos medicamentos para el tratamiento de su pierna. En la pieza del Paisano había otro gato: el Lulo. El sector debe caracterizarse por tener gatos bellos. El Lulo tenía un pelaje que era claro en la punta de cola y se iba oscureciendo hasta llegar a ser café oscuro en la punta de la nariz, un espectáculo de felino que además no era lobo ni arisco. Pero lo entretenido de Lulo es la historia de su nombre porque cuando llegó donde el Paisano creyó que era hembra y la llamó Lulú hasta el día que se encontró con la sorpresa de estar travistiendo al animal inconscientemente. Nos despedimos del Paisano y llegamos a la casa de la señora Eva. Estábamos todos ya un poco cansados, pero adivinen: ella también tenía gatos bellos y decidí que ese era un presagio de día de suerte. Cuando entramos ella nos saludó y corrió a poner la tetera a hervir para que tomáramos té junto a su esposo, conocido por su afición a criar caballos. Pero nos debíamos ir rápido por alguna razón. Debió ser que el chofer Ignacio ya estaba cansado de tanta vuelta y además hacía frío. Nos marchamos con la sensación de tener hambre. De vuelta en casa, don Raúl y la tía Charo prepararon los huevos frescos que nos había dado la señora Mila y tomamos té felices y contentos. Al otro día debía volver a Copiapó y la noche se me fue cantando y conversando con mi amigo Ignacio, los pasajes eran para las once de la mañana y a las nueve ya debía estar en pie. Nos dormimos cerca de las dos de la mañana. Ya en Vallenar dimos un breve paseo en auto hasta llegar al terminal en donde nos abordaron unas gitanas, el bus demoró en llegar y por mientras Ignacio se puso a conversar con ellas cuando un chofer de buses la instó a lavarle la cara a su niño -que a decir verdad estaba en pésimas condiciones higiénicas- en los baños lo cual fue contestado con un 'nos cortaron el agua paisa'. Llegó el bus y con él se terminaba mi estadía en el Valle del Huasco, un bello paraje que merece respeto y cuidado. No quería despedirme de mi amigo, pero era hora de emprender un nuevo viaje.


Vista al mar desde el faro
Gallinas de la señora Mila
Postal del faro de Huasco
Municipio de Freirina

Traslado de cerdos
Río Huasco
Antiguo estanque



Burros a medio camino

Caballos y atardecer
Ignacio Rojas