Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

sábado, 30 de abril de 2011

Habría dado


Los ojos de mi amante tienen miedo.
Un pavor que no ha cedido a reflexión.
Tiene ojos que me evitan, que no ceden inflexión.
Los ojos de mi amante están ciegos,
Y no aman en esta noche sin pasión.

Los pasos de mi amante tambalean,
También sus palabras en su voz.
Mi amante tambalea en sus sueños
Y desconfía de mi corazón.

Mi amante, en sus miradas certero,
En otros ayeres derribó mi corazón.
Tanto que yo lo hacía mío,
Como quien se adueña de lo que sin dueño encontró.

Tanto lo habría hecho mío que le hubiera dado en mis versos canción.
Yo lo quise mío como quien hace a un hijo parte de su territorio;
Y todo habría dado de nos ser por ver en su conducta cavilación;
Por verlo siempre mío yo habría juntado la cordillera con el mar…
Yo renunciara a mis letras, a mi tierra  y a este extenso repertorio.

Yo daba la poesía, el pensamiento absurdo y le diera también respiración;
Y creyendo que mi oferta fuera rica y tentadora, lo tuviera en mi circunscripción.
Y pensando se nos fueron los años, y el tiempo no nos perdonó;
Como a todo en este mundo, por sobre, en vano, no pasó.

Yo le daba mi paciencia, con mi ciencia y religión
Le entregaba el mapa para hacer de mi cuerpo, devoción.
Le daba mis besos, mis manos, mi trabajo en esta ilusión;
Mis piernas para correr el kilómetro faltante
y mi aliento para ser su salud inacabable.

Le entregaba en cada día un año de amor
Y lo alabaría frente a la mismísima indefensión.
Yo estaba enamorado, de sus ojos, de su idea;
De su manera de hacerme la vida pasión
Y enredarme en el muro la hiedra.

Yo amaba que su cuerpo llegara a ser sólo mío,
Que su fuego y su palabra me remecieran hasta la noche eterna
Yo amaba una idea irreal, pero que no pasaba de ser una quimera.
Y no siento culpa de haber deseado su manera incierta.

Yo amaba incluso sufrir en su larga distancia;
Y gozaba creyendo que en las noches también me amaba.
Que también quería a Dios dar gracias.
¡Cómo lo extrañé en esas noches sin gloria pensando que lo amaba!

A las once

Son las once apenas y la noche sólo comienza
A llamar amor en gritos de oscura nostalgia
Varios versos se han ido para no volver.
Sin luna, sin sol, sólo un silencio de magia.

Siento una gula de ser en este viernes de existencia barata
Hay un puñal fuera de mis células, un espacio que descansa.
Y el mismo que no sabe qué hacer, extraña a su fiel daga.
Y aunque no corra sangre al borde de la herida, hay fuego que abrasa.

Siento una gula de ser en esta noche de escrituras baratas.
Siento una inconformidad de no empañar mis ojos con lágrimas.
Siento un verso que nace sin ganas, con las luces apagadas.
Siento un exceso de calma en la que fuera un alma de angustias
Siento un cuerpo rebelde que se acuesta con el alma mustia.

Y en su estilo sempiterno, de manera artificial,
la paz me adormece las entrañas, me mece en su noche sin horas.
Me desliza entre rumbos sin sentido, su manera existencial.

Como todos, finjo vivir sin miedo, sin trampas.
Me desvelo sin clemencia en materias mundanas.
Me río de estas frases inconexas,
pero más me río de su amor que no cuaja.

viernes, 22 de abril de 2011

Exigencias de un buen querer

Yo he venido en estos días a tocar la puerta de tu pensamiento
He vuelto con mis pasos, sin forma, mezclados a la poesía
A exigirte el cese de en ella, mil haberes de lamentos;
Quiero ya tus besos, tu olor a mundo, tus ojos y sonrisa.

Quiero un poco de esencia, de certeza y alegría;
Una proyección al presente sin sentir el tiempo,
Además de reclamarte entera la vida,
Quiero algo que no conozco y que se nos eternice el deseo.

¿Cómo será la dicha entera viéndote junto a mis padres?
Amándote en la música, en el juego, en el verso
¿Cómo me sentirán en este sigilo de amantes?
¿Qué pensarán los padres de tus ojos lascivos y de los míos intensos?

¿De qué color es tu felicidad y cuánta edad posee?
Ha sido azul y eterna como un mar sin fronteras
O es prematuro el goce como niño reciente.
El mío es intermitente, y se ha enraizado en tierras extranjeras;
Lleva lo que llevo en ellas andando,
titubeando de si debiera ser dicha o más bien penas.
No sé si será entrega o será crudo llanto.

Como siglos que no empiezan pero que tampoco terminan
Me paso los días recelando tu errante conducta,
Y rápido me apresa la locura, me roe la amargura,
Dudo de que fuesen ciertas mis palabras, mi amarte, mis premisas.

Y voy pagando culpas que no tienen sustento tangible
Pago por tu belleza, pero más por tus ojos tristes.
Por tanto, exijo intransigente un dulce beso,
¡Que te disfraces de canario y que yo sea alpiste!
Que se me caiga una pestaña y se cumpla el deseo.

Proporción


Como se va mi locura acrecentando
Se van haciendo anchas mis ideas
Se vuelven espesas mis insistencias
Y la esperanza me alivia de las quejas.

A medida que las hojas, enfermas de otoño, caen
Y las lunas son de plata pero nunca llenas,
Voy armando nuestra historia necia
Y sueño que mi existencia a tu amor atrae.

En las mismas proporciones que llega el río de la cordillera
Llega tu mensaje a la noche implacentera
Llega el río de tus aguas a bañar la planta
Que no crece pues tiene rota la maceta.

Se filtra el río, pero llega al mar,
Excelente recolector de insignes historias,
Se pierde nuestra nada entre las otras
Y Dios de rabia desata ardiente una ola.

Y la esperanza que mis penas alivia
Evapora nuestra historia haciéndola lluvia
Que riega de nuevo este invierno
Para dar la planta en primavera.

Planta que se llama Amarnos
Y desliza sus raíces en mis venas.

jueves, 7 de abril de 2011

De tus labios de vino tinto


De tus labios de vino tinto, ¿qué yo puedo decir?
De tu mirada perfecta, de tu piel sencilla
De tus manos hechas a mantequilla
Y tus pasos pesados como guerrilla.

De tus labios de vino tinto ¿qué podré decir?
Mañana cuando no haya estrato
Y el sol te toque la nariz
Te diré que no te hagas vino blanco
Que no se me deshaga en las manos
 tu esencia imperturbable de anís.

Del placer, del goce, del resplandor
De la zamacueca, de las noches del dolor
Dime ¿qué te voy a decir?
Con la voz atorada sin cielo ni sabor.
¿A qué palabras recurrir?

martes, 5 de abril de 2011

El ángel de la guarda


Todos tenemos un ángel de la guarda. Me imagino que a ellos no les gusta ver a sus protegidos tristes, confundidos, amargados.

No conozco al mío, pero sé que existe y que lo quiero.
A veces lo descubro velándome el sueño
Y a veces le siento una caricia leve en mi rostro triste.
Cuando cansado me dejo caer, siento cómo me asiste
Y cómo se esconde cuando por la rabia me dejo vencer.

Ángel de la guarda, dulce compañía desampárame cuando no merezca tu amparo, cuando tengas ganas de conquistar más ángeles o cuando no te guste el programa de radio que escucho. Si no te gusta mi ideología apolítica puedes no tolerarme y pedir cambiar de protegido porque a veces tampoco yo me soporto y creo que no es justo que un buen ser como tú tenga que entender a mi mal humor y figura de compungido. Tienes libertad. No soy tu jefe. Soy tu amigo y comprendo que a veces te aburras de mí. Dile a Dios que siempre te voy a necesitar porque vivo en la indefensión, pero que estoy grande y me he vuelto malagradecido, te llamo y te quiero cuando voy de noche en las calles arriesgando mi vida, cuando estoy en aprietos. Pero me olvido de darte las gracias cuando tengo logros y dicha. No merezco, definitivamente que no, que me protejas ni que seas tan bueno. Tengo una pieza desastrosa en la que duermo y jamás me he preocupado de tenerte un asiento decente para que mires las osadías que cometo en las noches, para que te sacrifiques oliendo mis sueños y esperando que llegue el sol. ¿Te vas cuando amanece? ¿Duermes, chato? ¿Cómo te llamas? Yo te daré un nombre porque los que salen el las revistas del esoterismo son difíciles de recordar. Samuel. ¿Por qué no se alzan en huelga? ¿Cómo les paga Dios?

Ángel de la guarda, dulce compañía
No me desampares ni de noche ni de día,
Ni en la hora de mi muerte. Amén.

Claramente que esa es la ofensa más oprobiosa que podríamos hacerle a ustedes. ¿Qué nos creemos? Pecamos de sol a sol, de punta a cabo, no lo reconocemos, hacemos daño y además pedimos protección divina por toda la vida sin dar nada a cambio. Samuel, ángel de la guarda y dulce compañía, gracias por tus cuidados, por tu comprensión y por luchar en las noches con los malos espíritus que me quieren dañar. Y más gracias porque a pesar de que te doy la posibilidad de irte, de hacer tu vida, me has demostrado lealtad de perro fiel. No te vas y sigo sintiendo en mi serenidad tu presencia en el gorjeo de las aves de la tarde. Sólo prométeme que si un día te marchas, me vas a buscar el día en que me muera y te me hagas visible para ser buenos amigos por el resto de la eternidad. ¿Cuál es tu edad? En ocasiones, cuando veo luces blancas y fugaces, digo que eres tú y quieres jugar. Creo haberte visto una vez en la playa y a propósito, disculpa por traerte a un lugar tan inhóspito y no habernos quedado en mi linda ciudad del norte. Ojalá que hayas hecho nuevas amistades como las he hecho yo y puedas jugar con los otros ángeles de la guarda de mis amigos, de mis compañeros de la universidad. Y en el amor, espero que tengas mejor suerte que la poca y nada que he tenido yo. Tal vez ya te he visto y te he mirado mucho, no te incomodes, así soy yo. Tengo debilidad ante los seres bellos. ¿Cómo lo haces en el Metro si hay literalmente no cabe ni un alma como para poner a todos los ángeles de la guarda de todos los pasajeros? Comprendo. Algunos son ángeles de la guarda, pero como no lo podemos saber, creemos que son seres humanos como nosotros. Eso es. ¿Estudias la misma carrera que yo? Porque debes entrar a todas las clases que tomo. Un ángel que estudia Administración Pública. Tengo profesores y amigos que no creen en ti, ni en sus ángeles guardianes, al menos yo sí creo y eso es una razón para que estés feliz. Dale mis palabras de aliento a los ángeles de los ateos… en algún momento se aferrarán a la vida y volverán del lado de Dios padre (pero Dios, sin iglesias ni pastores).
Ángel de la guarda que te llamas Samuel
Dulce compañía como el noble sabor de una nuez
Me has protegido desde antes de nacer
Me abrazaste cuando desconsolado yo lloré.
Sea noche o sea día, seas hombre o mujer
Eres amplia melodía, con tu arpa sabor a miel
Gracias por las dichas concedidas
Gracias por saberme comprender.