Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

miércoles, 26 de enero de 2011

¡Cómo eres!



¿Cómo eres, cómo eres?
Como tú lo quieres ser…
Cómo eres tú, mi amigo
Sinceridad hecha con miel

¿Cómo son ustedes?
Y cómo no se cansan de ser
Testigos de mi alegría, de la pena
Del presente y del ayer.

Uno ama la música y la hace con pasión
Va de número en número
Y sus rabias las muestra sin cavilación.

Otro me ha copiado el nombre
Me copia el signo y me copia el norte
Y yo le imito su costumbre 
de traer los brazos abiertos en su trote

Una es más mi amiga que mi prima favorita
Es una sandía, jugosa y de fuerza enrojecida
Morena y libre como un viento soplando al este
Yo te perdono seas como seas, Millaray querida.

Para la grande María José, quiero escribir más líneas
Y decirle, como le digo siempre, que la quiero como sea
Blanca, parlanchina, dual o curvilínea.

Mi sonrisa más natural para la bromista más espontánea
Es mi amiga, mi vecina, trabaja en el negocio de la esquina
Con ella hago pensamientos y locuras momentáneas
Salud por ti compañera, Elena Carolina

Giselle Sototo,
Mi hermana circunstancial
Hemos visto crecer los porotos
Y sin quererlo, más que amistad.

Para un perro quiltro como una paloma
Riego estas palabras, blancas amapolas.
Riego mi cariño a un amigo a balas
Como quien da a un mejor amigo sus palabras.

Cómo eres, cómo eres
Cómo no has dejado de ser
Cómo has sido con este amigo
Desde el primer ayer.

Millaray


La Milla es una fruta roja y extasiada
Que come sandías a la hora de almuerzo.
Que ríe, canta y juega
De mucho amor y de muchos sueños.

La Milla es una perrita que da alegría
En las tardes que se nublan,
La compañera, nunca enmudecida
Saca del baúl su chistosa melancolía.

Mi prima que se llama Millaray
Se convirtió en una buena amiga.
Reaccionaria anda la pobre
Luchando por sus resfríos y la fantasía.

Ella sufre y lo dice,
Pero no lo queremos saber.
Ella llora en las noches
En que recuerda un lejano ayer.

Está nerviosa esta negra
Nos alegra con su tragedia y alevosía
Se cortó la chasquilla mi perra
¡Es tan cómica esta niña!

Reflexiones de un vencido

Copiapó, 26 de Enero de 2011 en su madrugada.

Los días y las noches, los soles y las lunas han sido testigos con las estrellas, de que las  horas que han pasádome sobre el cuerpo no han  pisado las horas que protegen tu recuerdo. No sirven. Nada sirve mientras tenga mente y tenga vida. Ni el esfuerzo ni la distancia más extremas son suficientes para borrar tu esencia, tu juego cruel que transformó a este ser opaco en brillo seco y transparente. Entonces, ¿qué es necesario? Qué me faltó en la vida aparte de ti, que no creé un anticuerpo al amor, a la obsesión de llegar a no ser por querer tenerte sin buscarte. Qué etapa, lección, moraleja se hizo ausente para que yo pueda querer tener autoestima.

Parece que todo está claro. El rompecabezas tiene las piezas pero no el molde. No es exageración si digo que no hay rezo que baste ni esperanza que valga en este esfuerzo vano de olvidarte. Porque tú no has sido en mi paso por el mundo un asunto de memoria a corto plazo que se olvida luego sin pretenderlo. Has sido una ilusión en la mente de un tipo obstinado, una ruleta jugada por un viento ciego. Has venido a ser una apuesta a un ser ambicioso y amador. Es el juguete fiel a un dueño humano y distante. Pude haber sido jugado de mano en mano, mas desde que con la mirada me asiste, no hay cuerpo humano que valga para hacerme olvidarte. Ni la noche oscura ni el día reverberante. En esta altura, ni perder la memoria serviría. 

Cuántas horas van desde que yo soñé un mundo entero feliz, una sonrisa en mi rostro y tu lengua saludándose con mi aliento. Cuántas van desde que empecé a creer en que no tenía fealdad, cuán muchas se han hecho desde que con tu hipnosis duermo. Yo, que sueño no sé. Tú, que habitas en el mundo de la lógica  y de los despiertos ¿Me lo contarás? Si un día a tu vida entré di. Sobretodo di si tiene valor esta inversión o si tiene sentido mi inmersión. ¿En qué mides la intensidad de no ser contigo? Horas, lágrimas, sueños, versos, señales, hombres perdidos, alegrías, mentiras, ratos amargos, incomodidades, desilusiones, tragos de alcohol, cigarrillos acabados, canciones cantadas, clicks, masturbaciones.
Pérdida, pérdidas, has héchome pérdida desde mi ungüento lacrimal hasta mi fuero racional. Hasta a ser zurdo he jugado para olvidarte, para arrastrarme el cuerpo en la frontera de mi respeto y autocompasión.
Soy un ser triste, perdido, pero eso lo he sido siempre, aunque más los soy sin haberte conocido, conversado, sin poder enterarte de que a pesar de lo mucho que llevo escrito aún no puedo, como nada puedo, describir el trote indiscriminado de las imágenes de mi mente, a la dirección de mi vista y a la esperanzada interpretación que mi locura hace de la vida.

Pues bien, aquí estoy y aquí fui. Sin saber si este trozo de vida es broma o solamente es cruel. Aquí como animal resignado a morir, aquí con ganas de ser digno y persona , con deseo de dar vuelta la página y despertar.

8:21 horas.
¡Cómo me has hecho dolor el amor que ya ni dormir quiero! ¡Qué hice! ¡Qué te hice! Despierto con furia y no puedo más que evidenciar mi patética figura y mi patética situación. 

¡Qué un ángel en sus brazos te coja y batiendo sus alas se direccione hacia mí depositándote en mi flanco! Despertara y te besara. 

¡Qué vergonzoso verme vencido y derrotado! Desesperado. Y a pesar de que en otras veces fui flamante, victorioso, bello y amado. Hoy no puedo ser más que el que acarrea una carreta de pérdidas cargada.
¡Todo se me ha hecho pérdida! Pero no puedo odiarte... 

Cien palabras

       Sí, éramos tan felices. Solíamos andar con las uñas sucias, la cara embetunada en barro y las axilas hediondas a cebolla infantil. Siempre usábamos la misma ropa. Nuestra madre era una vieja amable y gorda, con cara de oso moreno, como del norte. Cada vez que el papi volvía de la feria se bajaba a jugar una pichanga con el Mano y yo, mientras mi mami le calentaba su comida. Hubo un día en que eso no pasó más: la mamá se había ganado la lotería y la nueva casa se nos llenó de mentirosos. Ya no fuimos más felices.