Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

martes, 1 de noviembre de 2011

Prosa grisácea



Se me revuelven las tripas pensando en un ataque de sinceridad. Después lo pienso bien, de forma cuerda y objetiva, desisto. Y por último, más temprano que tarde digo: menos mal que no lo hice y canto hacia mis adentros: Thank you, thank you silence! 
Yo le iba a dar un abrazo para decirle te quiero, te extraño ¿o le debería preguntar primero por qué pasó esto? Imaginé el abrazo en una esquina mientras los obreros con ruido molían el cemento para reparar las cañerías. No sé si iba a poder emitir palabras porque mi plan fue siempre un abrazo, de esos sinceros, para despedirse, pero era evidente que no diría vocablo alguno del pavor, el miedo a todo, el terror inmenso a no conocer el futuro. Yo sé que le pasa lo mismo, que la misma sensación de incertidumbre le recorre el cuerpo frente a mi rostro grave, a mis pasos sin rumbo, se ve en cómo me mira tratando de hablar, se ve en cómo me esquiva, en el sonido colosal de los latidos de su corazón. No fueron más de diez veces las que traté de empezar con esfuerzo darle un saludo, darle un gesto de cariño, una gota de amor. Lo más probable es que no haya una décimo primera. Pero yo hice lo que pude, lo que estaba a mi alcance, lo que permitió este límite grueso entre los dos. Salió corriendo la última vez; sé que no soy un príncipe azul ni que Adonis se reencarnó en mí, tengo defectos repugnantes, pero la mayoría de la gente no sale espantada cuando le digo: Hola, ¿cómo te va? Yo no quisiera que leyera esta perorata cruel y desesperada, porque yo QUIERO que lea esta perorata desesperada y cruel. Sí, que la lea como siempre lee todo lo que le escribo para que se entere que me siento despechado y que de mis manos y corazón no proliferó un poema más como deseé, sino una prosa gris, patética y necesaria. En ocasiones (ahora muy frecuentes), me pregunto qué es lo que siento, pero no sé, no es una respuesta simple. Y mientras la busco y la formulo con método y lógica, no hay más que una intensa pasión, que una terca contrariedad de nunca acabar.

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