Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

jueves, 3 de noviembre de 2011

Si está trillado, es ocio

Iba caminando en paz, con toda esa paz que se lleva luego de la universidad, subsumido en las letras pegajosas del reproductor de mp3. Alto. No. Empezaré de una manera menos trillada (es que todos y todas han querido ser una especie de Carrie Bradshaw y no les resulta). Es que uno siempre camina, si es en paz o en estado de alteración es un dato irrelevante, siempre pasan micros ruidosas de Sol de Atacama o del Transantiago. Cada día termina y eso conlleva una gota de melancolía que se intensifica con la música del mp3. Sí, a esa hora de la vuelta a casa uno va escuchando algo triste; Coldplay, Radiohead, Dido, Silvio Rodríguez (Gustavo Cerati mi predilecto), qué se yo, algo de acuerdo con el ocaso. La música alegre dejémosla para la mañana, para empezar el día mientras el Metro nos lleva al trabajo o al estudio y la relajada para después de almuerzo en que cada día que pasa deseo más y más volver a fumar.
La mayoría de los párrafos que comienzan con: yo caminaba por las sucias calles de Santiago después del trabajo son falsos, inventados. Hoy quiero contar que me sentí mejor. La noche anterior creí haber dejado la alarma puesta para las siete de la mañana. Necesite despertar por casualidad, encender la radio para saber que eso no había pasado. Si pasó, fue en mi mente o en el universo paralelo. Me iba a levantar a hacer mi rutina diaria antes de partir a la universidad, o sea, ir al baño, pero oí claramente cómo uno de mis compañeros de hogar se duchaba (y su rutina de baño son de media hora). Tomé el desayuno de una forma que no es mi preferida, apurado, pero sin real apuro pues la prueba de Ciencia Política era a las 12 del día, el motivo fidedigno era que había estudiado nada y tres o cuatro horas en la mañana deberían hacer cundirme en la testera la materia de todo un semestre. Di la prueba, almorcé, hice vida social de mala calidad y me fui a encontrar con tres amigotes al Galpón Los Héroes donde se vende todo tipo de insumo a la gente elevada, hippie, vegetariana, pro-marihuana (y ahora abre rubro a las cartas Pokemon), etcétera. Se demoraron bastante. Estaban en Conchalí. De las diez veces que les llamé para cumplir mi función de GPS, siete eran para decirme que estaban esperando la micro y dos para decirme: todavía estamos en Independencia. La última para decirme: corta el teléfono, estamos en frente de ti. Redactaría lo que hablé con Ricardo Román, soy un desfachatado, pero no; es algo cuasi secreto entre él y yo. Acto seguido: fuimos a vender hamburguesas de soya a las afueras de la Facultad de Derecho de mis primos universitarios. Vendimos todo. Porque con alegría y una sonrisa en la cara siempre se puede vender todo, es además de una técnica comercial, la clave para dar a tus amigos una alegría sana, una felicidad momentánea pero bien gozada. Ya de noche las tripas empezaron a hacer lo suyo, todavía no como. Recién conversé con un insigne compañero de universidad (con el que siempre me irrito por sus palabras irritantes), se fue a dormir "un poco" según dice. Mientras que en Chile, Twitter dice que hay que hablar de Bernardo, 40 ó 20, una tal Dominique para estar al día, y no sé por qué hablan de Bahía Inglesa (debe ser porque hablar de Atacama siempre está de moda) . El ocio me domina, pero más me domina el hambre. 

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