Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

sábado, 5 de noviembre de 2011

El abrazo

Una noche más, el ocio ayuda. Además de ayudar a acumular grasas y culpas, ayuda a encontrarse consigo mismo: si usé el trabajo o el estudio como forma de mantener mi mente en otras cosas, se acabó. Ahora a volver a mirarse, a explorarse, a experimentar el dolor que lleva al auto-conocimiento. Partiendo de la base en que nunca terminamos de experimentar ni de socializar, asumo, pues, que nunca dejamos de renovarnos. Por eso es que debo conocerme a diario y enfrentar el balance general que las nuevas experiencias esculpieron en mí. El espejo y yo es el primer paso, a la vista que estoy físicamente reprochable. Paso segundo, aspectos del fuero interno... ¡Cuánto cuesta exteriorizar! Al menos en silencio puedo evadirlo todo y extender hasta el infinito la explosión de la olla a presión. Aquí voy: un idiota, con mediano umbral de frustración, siento que mis sonrisas son falsas, sin embargo, aún puedo sonreír, peco de falsa modestia, melancólico, optimista, fuerte como para tolerarme por veintiún años, tolerante con los tolerantes, creyente de Dios, copiapino que no soporta vivir fuera de Copiapó, quejumbroso, vicioso y obsesivo. Basta, no quiero seguir como el joven Werther. 
Entre el paso uno y dos hay un espacio. Un espacio que la duda se tomó. Estaba el espejo y yo, pero yo no quiero ser el único ser vivo frente al espejo, ser inerte; faltaba otro ser humano que estuviese a mi lado con todas las dimensiones de mi existencia, buenas y malas. Necesito un abrazo.

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