Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

viernes, 18 de noviembre de 2011

Castigo divino


En el borde crítico de mi anquilosamiento
Temo que un poema no explique bien
Este fuego que me recorre dentro,
Esa fuerza inmensa que me traspasa la piel.

Si me estuvieras mirando te reirías tanto. Puse música, evoqué tu imagen, recordé el color de tus ojos en mi último sueño. Nada sirve para escribir un poema intenso. Etiquetarías esta condición mía como un castigo divino, como una venganza indirecta en que mi don natural de depositar en la poesía el amor, el odio, lo pletórico de mi agitado corazón se esfuma inexorablemente. Me dirías, si alguna vez quisieras decirme algo, que esto es el resultado de mi indiferencia, de mi tozudez de guardarme tantas ideas de cómo correr a abrazarte, a decirte te quiero mediante un beso. Y puede que tengas razón, que en unos días mi vida no sea más que un beber litros de alcohol y fumar hasta convencerme de que no tiene sentido.
Tal vez llegó el momento en que los poemas no son medios suficientes para expresar el lenguaje del alma, que el cuerpo y lo corpóreo también tienen algo que mostrar y decir. Eso debe ser, un proceso evolutivo, algo que le pasa a todo poeta entrecomillas en los finales de Noviembre.
Si supiera que piensa tu mente dispersa, si viera lo que miran tus ojos claros, si comprendiera lo que llora tu corazón aventurero, si me dijeras con un beso el sabor de tus labios, si contaras conmigo para hacer camino al andar, atravesar el puente bajo la densa mirada del mundo sería algo más fácil.
Quisiera esparcirme en una esencia verde, dorada a veces, quisiera bailar etéreo a tu alrededor tus canciones predilectas, como baila mi idea bajo tu nariz con la canción que me recuerda. Debieras venir esta noche y el resto de la vida a prenderme esa angustia del soñarte, esa ausencia que me despierta antes que el sol… ¡ay de las fantasías que habitan en mi modorra, ay!  
Puedo decir tanto desde la ignorancia, desde el mundo de mis quimeras. Puedo suponer el fin de la historia, el comienzo y fin de la nada. Mi imaginación puede tanto y la vergüenza lo imposibilita todo.
Finalmente, veo que este estrecho párrafo de necesidad es producto de una mezcolanza de sentimientos y colores. Se me combinó el amor a lo que fue (nostalgia que no quiere morir), la vergüenza que me da esta cobardía, productora monopólica de mi ignorancia y la culpa.
No sé bien hasta cuando durará esta súplica. ¿Hasta que se me vaya la culpa de haber maltraído la vida hasta aquí? Si dura hasta el fin de la historia, quiera Dios, que no duela tanto como me ha roído el pecho este duelo sin cesar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario