Versos

"Yo no protesto pormigo porque soy muy poca cosa, reclamo porque a la fosa van las penas del mendigo. A Dios pongo por testigo de que no me deje mentir, no hace falta salir un metro fuera de la casa para ver lo que aquí nos pasa y el dolor que es el vivir." (Violeta Parra en Décimas, autobiografía en versos)

lunes, 6 de julio de 2009

Diego


Diego mira sus ojos en un espejo y sabe que ellos reflejan mucho de lo que hay en él, Diego quiere que no reflejen tanto, pero sabe que es inviable y que su mirada dice cosas que nadie debiera saber. A menudo Diego es muy desgraciado. Diego busca un trozo de inteligencia en el aire. A menudo sus ojos son lindos y están listos para un buen rato. Diego usa muchos sus ojos, pero todo intento de conquista es siempre inútil. Diego siempre repite esto: Diego no existe.

En veces como ésta...


En veces como esta, me dan ganas de querer enamorarme
De enamorarme de este Santiago, de sus noches frías y bohemias, de su lujuria y simplicidad, caer de repente a amar un libro.
Entrar en esta tómbola de elucubraciones semovientes. Vivir cada partícula de capital, llorarme unas buenas lágrimas de soledad. Pero vivirlas. Despertar desorientado, extrañando mi tierra ahora tan lejana. Perderme, perderme en la selva del metro, de sus transantiagos, de sus peruanos, de la delincuencia y de esta fiebre de chanchos aterrante. Qué mágico fue empezar a vivir con miedo. Qué majestuoso ser parte del smog, de las caras amargadas que transitan sin ganas. Qué oportuno fue llegar, qué bien me hizo esta maldad santiaguina, esta que ayuda a desarrollar pizcas de valentía. Qué bueno no haberme quedado y haber llegado para saber que estoy pocas veces arrepentido. Ver árboles, sentir abrazos, creer en Dios, decir te quiero porque es más probable que llegue muerto y no vivo. Que me descuarticen, me secuestren o que un borracho me vuele los sesos en un atropello.
En veces como esta me quisiera emborrachar con un kilómetro de tabaco, quisiera revolcarme impunemente con un amor prohibido, ser irresponsable y actuar pensando que mañana es el fin de todo. Ser un poco invencible y un poco irresponsable. Transformarme de una vez por todas en ese viejo que va dentro mío, el harapiento. El melancólico que pierde el tiempo en su tonta poesía. En su vida sin vida y desacelerada. Quiero ser crítica provocativa que traiga sus muros abiertos. Quiero que siempre esté esa esperanza de ti que me alienta tener ganas de no tener ganas de cesar los hálitos. Quiero de todos modos quemar esta cama y sus sábanas con olor a sueños y sólo sueños. Quiero a mis hijos en un par de segundos y comenzar a vivir sin culpas y públicamente.